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ASTURIAS. LA NUEVA CERÁMICA

© Ramón Rodríguez

Texto extraido del catálogo Asturias.La Nueva Cerámica .Ed. Consejería de Cultura del Pricipado de Asturias,1991

 

EL AYER

Si bien los inicios de la alfarería en España son fijados en el siglo V A.C., los datos referidos a Asturias son ciertamente vagos e inconcretos. Restos cerámicos en algunos concheros asturienses datables entre los siglos VII y IV A.C., cerámica con decoraciones y formas similares al campaniforme son los primeros indicios anteriores a la introducción del torno por los romanos.

Esperanza Ibáñez de Aldecoa establece cuatro grandes grupos para la clasificación de la cerámica asturiana no documentada: prerromana (en los castros de Coaña y Caravia, con decoraciones impresas, incisas y bruñidos); romana (de paredes finas o de "terra sigilata" en diversos lugares de la geografía asturiana); la de tradición indígena (muy emparentada en su decoración a peine con otra posterior de Faro) y la medieval, con escasísimos hallazgos.

Será a partir del siglo XVIII cuando los historiadores nos dejen constancia escrita; Joveflanos, el Marqués de la Ensenada y otros muchos viajarán a los lugares alfareros o cerámicos. El siglo XVIII fue el de mayor esplendor y actividad; ya entonces se habla de Llamas del Mouro, Faro y Miranda de Avilés como los centros de mayor productividad y concentración de alfares, pero también se cita a Vega de Poja, Ceceda u Onís, mientras que las primeras fábricas de loza, consecuencia de la revolución industrial, van a surgir en Miranda de Avilés en 1781, en el Natahoyo gijonés en 1876, la de San Claudio, cerca de Oviedo, en 1902, mientras la de porcelana de Guisasola se implantará en Cayés, en las proximidades de Oviedo pero en el concejo de Llanera.

De todos los lugares citados, tan solo Llamas del Mouro y Faro, en cuanto a la alfarería tradicional, y la Fábrica de San Claudio en lo industrial han continuado su labor sin interrupciones aunque con muchas penurias. E tercer centro alfarero, Miranda, fue recuperado a comienzos de la década de los setenta y su influencia se ha dejado sentir tanto en la pervivencia de las piezas tradicionales de dicho alfar, como en la nueva cerámica asturiana a través de una institución que le surge como apéndice y que después adquiere vida propia: la Escuela Municipal de Cerámica de Avilés.

LA ETAPA INTERMEDIA

¿Qué ocurrió con la cerámica creativa en Asturias después de la revolución industrial? Como en todas partes, debemos partir del hecho diferenciador entre cerámica utilitaria y cerámica artística -¡como si aquella no lo fuese!- y aún así, lo que en otros lugares es fácil establecer, en Asturias fue tal la demora de la introducción de la cerámica "estatuaria" que podemos estar hablando de una historia de no mucho más de diez años. Y ello a pesar de que la tradición -que siempre pesa y mucho- ya hemos visto que había quedado reducida a dos alfareros y sus hijos en una zona que parece haber contado con cientos.

Ni siquiera se ha podido contar, como por ejemplo en Cataluña, con grandes artistas que hayan concedido a la cerámica una gran importancia en determinados pasajes de su discurrir creativo. Baste recordar los nombres de Picasso -asociado a la fábrica Madoura y los Ramié-, de Miró y su colaboración con Llorens Artigas y el caso más reciente de Antoni Tapies que con la sola utilización de la técnica van a prestigiaría de tal modo que van a atraer la atención de personas poco sensibilizadas o conocedoras del mundo de las arcillas, los óxidos y el fuego.

En Asturias, unicamente podrían recordarse fugaces incursiones circunstanciales y muy poco definidas del grabador Adolfo Folgueras, del pintor Jaime Herrero que va a acudir a algunas convocatorias del Seminario de Sargadelos en la década de los setenta, unos murales de Bernardo Sanjurjo para el Hospital General de Asturias y muy pocas cosas más. Si acaso, mosaicos de Antonio Suárez para distintos edificios y de los que solo realiza los cartones preparatorios, así como unos proyectos decorativos de Francisco Fresno en el mismo sentido. Ni siquiera los escultores se han servido del barro como material definitivo, sino como estadio preparatorio para otros materiales considerados más ortodoxos; entre ellos Mauro Alvarez sería el único caso remarcable.

Es preciso llegar a la década de los ochenta para comenzar a notar la irrupción de la cerámica en el ambiente artístico asturiano. Y ello, a pesar de que Manuel Cimadevilla comienza estudios específicos de la técnica en 1973, finalizándolos en 1979; pero no ofrecerá su primera muestra individual hasta 1987, siendo destacable el hecho de ser la primera exposición de un ceramista asturiano que se exhibe en el Museo de Bellas Artes de Asturias, unicamente precedida por otra importante exposición de Angel Garraza. Aquella fecha, pues, podría considerarse como la reválida y consolidación de la técnica cerámica como de arte mayor.

Antes, en 1982, el pintor y ceramista Francisco Arenas, radicado en Avilés, presenta una obra cerámica a la III Bienal de Arte "Ciudad de Oviedo" que le es rechazada, entre otras consideraciones, por lo poco escultórico del material en que estaba realizada. Curiosamente, se le admite otra pieza, también cerámica, a Daniel Gutiérrez; este artista, en el transcurso del tiempo, pese a su pronto abandono de la especialidad va a ejercer gran influencia en el ambiente cerámico asturiano. Por su taller, radicado en Oviedo, van a pasar alumnos que, provenientes de otros campos artísticos o de la tradición alfarera, encontrarán otros métodos de trabajo y, lo que es más importante, unos conceptos renovadores y aguerridamente defensores de la prevalencia del arte sobre la artesanía. Esta tesis la mantendrá durante corto espacio de tiempo en la Escuela de Artes Aplicadas de Oviedo hasta su traslado definitivo a Santander.

En otro orden de cosas, el Ayuntamiento de Avilés, de la mano de la Escuela de Cerámica de Miranda y la Casa Municipal de Cultura va a celebrar en 1980 la primera Muestra de Cerámica de Avilés, entonces dedicada de forma exclusiva a la cerámica tradicional para, con posterioridad, abrirla a creadores ceramistas de toda España, siendo el embrión de otras que surgirán en Oviedo, Gijón o Pola de Siero.

Del mismo modo, el Museo/Escuela Municipal de Cerámica de Avilés sufrirá un proceso parecido: inicios dedicados a las formas tradicionales asturianas -con algún pequeflo conflicto relativo a la propiedad intelectual de algunas piezas- para, progresivamente, ir abriéndose a una doble vertiente de respeto de la tradición y obligada evolución hacia la cerámica contemporánea. De suma importancia en ese sentido va a ser el cursillo dictado por la prestigiosa ceramista catalana Rosa Amorós que enseñará a ceramistas asturianos, algunos de los cuales son hoy la avanzadilla de los nuevos planteamientos, caminos bien distintos a los transitados hasta entonces por ellos. Su influencia aún hoy es perceptible, tanto en formas como en calidades de esmaltes e incluso en el concepto, pese a que en el momento de llevarse a cabo (1984) sufrió críticas que el paso del tiempo y la obra realizada con posterioridad se ha encargado de contradecir.

El triángulo Oviedo - Avilés - Gijón, de notable influencia en el desarrollo de las artes plásticas contemporáneas, quedará cerrado con la inauguración en la última de las ciudades citadas del Taller Textura en el año 1985. De él va a formar parte el escultor Jesús Castañón que hasta entonces se había dedicado con preferencia a la alfarería; a él y a sus socios deben apuntarse los mayores logros en cuanto a las relaciones internacionales y al intercambio de experiencias entre creadores asturianos y extranjeros.

Con posterioridad irán surgiendo otros talleres en toda la geografía asturiana; unas veces debidos a iniciativas de instituciones oficiales como los talleres de la Universidad Popular de Gijón, la especialidad en la Escuela de Artes Aplicadas de Oviedo, la Escuela de Cerámica de Pola de Siero o el Taller 3, dedicado preferentemente a los niños, en la órbita del Ayuntamiento de Oviedo. Recientemente se han creado Casas de Oficios auspiciadas por el INEM que se han orientado hacia la preservación del oficio alfarero en Avilés y Gijón, así como diversos cursillos del Plan FIP del mismo Instituto que imparten, con diversa fortuna y logros, distintos Centros Colaboradores. También la Consejería de Cultura, en su plan "Oferta Cultural" posibilita la iniciación a la cerámica a través de cursillos impartidos por especialistas, jugando así un doble papel de difusión y ayuda a los creadores. En otros casos son iniciativas privadas como el taller "Toreno 17", interdisciplinar de las artes, con atención a la cerámica, como el "Taller Olivares" en el que participaron Cuco Suárez y Severino García, o como el "Alfar Fuentegorda" en Quintes, donde Charo Cimas e Inma Suárez proyectan sus contactos extranjeros y donde han enseñado ceramistas de renombre internacional como Sándor Kecskeméti o la alemana Margarete Seifert. El efecto multiplicador se ha ido notando, con una mayor incidencia en Avilés y Gijón que en Oviedo, y en la actualidad, iniciada ya la década de los noventa son ya varios los talleres colectivos o los ceramistas individuales que atienden e inician en la actividad a cientos de alumnos.

Otros hechos de relativa importancia, si bien es cierto que ya en momentos más cercanos, van a ser la institución dentro de la Muestra de Cerámica de Avilés del "PremioVilla de Avilés" de Cerámica, con dotación de la Caja de Ahorros de Asturias, que va ya por su quinta edición y que ha sido obtenido, entre otros, por dos de las ceramistas asturianas más activas como lo son Charo Cimas Inma Suárez que ganan las convocatorias de 1988 y 1989, respectivamente.

A la vez, las Consejerías de Cultura y de la Juventud del Principado de Asturias van a conceder a la cerámica un, podría decirse, estatuto de "mayoría de edad" y las actividades de los ceramistas comienzan a ser tenidas en cuenta a la hora de programar exposiciones y convocar concursos de artes plásticas. Así, comienzan a concederse "Ayudas a la Primera Exposición Individual" a Charo Cimas, Anabel Barrio, Severino García y Angel Domínguez-Gil, entre otros; "Ayudas a la Creación Plástica" a Benjamín Menéndez, Carmen Castrillo, Cuco Suárez y la misma Charo Cimas. También los Ayuntamientos de Gijón y Avilés han concedido, en algún momento, becas a artistas, habiéndolas conseguido la omnipresente Charo Cimas en Gijón y Marián Blanco en Avilés. A través de participación en los Certámenes o Muestras Regionales de Artes Plásticas, también son varios los ceramistas que han obtenido premios en la sección de escultura y conseguido su pase a fases nacionales y su inclusión en itinerancias por Francia, Gales, Escocia o Portugal.

EL HOY (¿ARTE O ARTESANIA?)

Parece pues, a la vista de todos los datos que anteceden que la cerámica contemporánea asturiana ha ganado carta de naturaleza dentro del campo de las consideradas "artes mayores" y que se ha visto desprovista, en buena hora, de una cierta discriminación. Discriminación, no obstante, que incluso parece estar fomentada por los propios creadores que se apuntan, incomprensiblemente para quien está fuera de los círculos especializados, al debate entre arte y artesanía; entre la adscripción clara y tajante al mundo del arte o continuar con la tradición ''artesanista" y "utilitaria" auspiciada, además, desde instancias de la propia administración. En este sentido podría recordarse que en la nómina de asociados de la extinguida "Asociación Asturiana de Pintores y Escultores", un centenar y medio en su fase más esplendorosa, no figuró en ningún momento un sólo ceramista.

Debo estar de acuerdo, en esta referida disyuntiva, con Alberto González-Alegre, prologuista de la exposición "Tendencias. Cerámica Galega Actual", celebrada en Santiago de Compostela en 1987, en el sentido de que no hay nada más paradógico que comenzar a hablar de ARTE (así, con mayúsculas) a partir de las cerámicas prehistóricas para, a continuación, ir perdiéndose sistemática y lentamente en la noche de los tiempos hasta llegar a la perpetuación del término ''arte menor'' olvidando, incluso, obras singularísimas como las de los pintores de copas griegos, los vidriados egipcios, persas o mesopotámicos, la cerámica china, las realizaciones de los árabes, las obras de Luca della Robbia o Agostino del Duccio por citar algún nombre propio, lOS centros de Faenza, Delft, Sévres, Capodimonte o Buen Retiro. Todo lo citado ha sido, permitaseme la utilización del término, vanguardia en su tiempo; y no olvidemos propuestas globalizadoras más recientes como las propugnadas por el movimiento "Art Déco" o la escuela de la "Bauhaus".

Con todo, el pragmatismo ha de aflorar en toda cuestión por más que se trate de una temática artística; nos resta el principal problema, origen de tantas frustraciones y de tantas prostituciones: el de la subsistencia. Por él, muchos ceramistas han de dedicarse a actividades menores. Pero léase bien, actividades, que no artes menores. Son los asistentes a Ferias de distinta índole, los que han de complacer gustos más o menos dudosos, los que han de dedicar una parte sustancial de su tiempo creativo a la producción seriada y de la que pueden escaparse muy pocos.

Esta exposición, en la que toman parte dieciséis ceramistas, del mismo modo que podrían haber participado siete o veintitrés, no pretende ser otra cosa que un acercamiento panorámico al campo de la cerámica asturiana contemporánea con la reunión de una serie de nombres -no hace falta recurrir al tópico- que podría ser ampliado o reducido a voluntad. Pero sí es un reflejo de lo que ha ocurrido en esta apenas iniciada historia de la que forman parte, además de los dieciséis elegidos, otros que han ido aportando algo a su correlación de hechos. Podrían citarse, en distintos campos y modos de entender el hecho artístico, nombres como los de Alonso Díaz, Antonino Cabo, Julieta Rubiera, Carmen Castrillo, Francisco Arenas, Ismael Alonso, Miguel Vázquez, María José Melgarejo, Minerva García, Julio García, María Angel Galarraga, Benjamín Menéndez, Jonne Rousse, Javier Tablón, José Manuel Fuentes, Federtco Mieres e Ingrid Mair, Ernesto Kno'rr y Carmen Castillo, Estanislao Suárez Lanza y otros muchos que han abandonado la práctica de la actividad o aquellos otros que están recorriendo los primeros andares de su carrera profesional. En la exposición, pues, figuran desde obras realizadas al torno y esmaltadas en la más pura ortodoxia cerámica, hasta otras a mitad de camino entre la creación más o menos funcional y aquella otra que se vale de la cerámica como soporte artístico de lo que, en términos generales, se llamaría escultura; incluso se llega al campo de la instalación.

Lo que queda claro, aún para una mirada no excesivamente indagadora ni informada, es la preponderancia de la intención "estatuaria" sobre la utilitaria o meramente decorativa, así como la fuerte apuesta que a través del material cerámico, ~ que se han ido añadiendo otros hasta alcanzar la misma heterodoxia por la que hace años eran rechazados, la fuerte apuesta, decíamos, a la que han jugado y aún lo están haciendo un grupo de artistas cuya media de edad supera por muy poco la treintena y de los que, consecuentemente, deben aguardarse grandes logros en el terreno artístico. Más aún si, como es el caso, a la técnica cerámica, la más antigua de todas las técnicas plásticas, aún le restan muchas más innovaciones y descubrimientos que a sus "mayores", entiéndanse pintura y escultura.

SUMA y SIGUE... LA EXPOSICION

Pese a que la técnica se presta como pocas a la versatilidad creativa, razón por la que muchos -por no decir todos- de los artistas representados serían facilmente intercambiables en sus maneras expresivas, se podrían dividir en tres grandes grupos de acuerdo con las obras que figuran en la muestra: los tradicionales, los que continúan con el uso del torno alfarero o sus variantes, o bien emplean sencillas técnicas cerámicas en cuanto a lo formal, por más que puedan complicar la posterior pigmentación en los casos en que se aplicase. Son ellos Manuel Cimadevilla, Ricardo Fernández, Carmen López y Taller Textura. Otros son los que se orientan al terreno escultórico cerámico puro como pueden ser los casos de Anabel Barrio, Marián Blanco, Angel Domínguez-Gil, Angel Luis García "Gelu", Severino García, Soledad García, José Ramón Lobato y Marta Trabanco, además de un Jesús Castanón que, en la presente ocasión, podría ser considerado como más cercano a la bidimensionalidad pictórica. Finalmente, el tercer grupo es aquel en el que se encuadrarían Charo Cimas, Cuco Suárez e Inma Suárez, defensores de la más pura heterogeneidad y rompedores de todo dogma hasta concluir sus obras, que comienzan siendo cerámicas, con la inclusión de cualquier otro material artístico que les convenga para sus fines estéticos.

En el primer grupo figuran ceramistas que, pese a tener una sólida formación en distintos campos de la especialidad, encuentran en el torno y sus variantes un medio expresivo que les permite la realización de sus ideales estéticos sin excesivas complicaciones formales.

No quiere ello decir que carezcan de afán investigador; antes bien, que han preferido figurar en la exposición con unas piezas en las que las formas torneadas o logradas por técnicas poco complejas como las de planchas o churros, alcanzan altos valores expresivos y estéticos en su aparente sencillez.

Sus obras han perdido la funcionalidad tradicional, por lo que también en ese sentido su adscripción al grupo de los continuadores de formas ha de contemplarse desde una perspectiva absolutamente objetual.

El segundo grupo, el más amplio, aglutina a los que desde muy distintas técnicas ven la cerámica como un soporte, un material que les conviene a sus ansias de dominio de la tridimensionalidad y de ocupación ordenada del espacio circundante. Sus medios para lograrlo son, queda dicho, muy diversos.

De rango minimalista unos, extremadamente barrocos otros, todos saben arrancar al barro o al gres unas vibraciones distintas a las de la mera utilidad funcional o decorativa hasta hace bien poco imperante. Es un desafío a todos los problemas, sabidos y archiconocidos-volumen, peso, disponibilidad de espacio- por los que es rechazada la escultura por muchos coleccionistas de arte y por los que se organizan pocas exposiciones. Si a ello unimos la fragilidad del material, deduciremos dificultades innumerables para quienes han escogido este medio expresivo, dificultades que asumen cada vez más y más ceramistas.

El tercero de los grupos de encasillamiento conceptual sería el formado por aquellos que aún habiendo recibido una estricta formación ceramística -con titulaciones específicas en algún caso- están empeñados en hacer de su obra algo más que un simple -dicho con todos los respetos- cacharro o un ejercicio de modelado.

Sus intenciones quedan bien de manifiesto por la inclusión de cualquier otro tipo de material, haya entrado o no al horno en conjunción con las arcillas, pero que les valga para reforzar sus eclécticas propuestas. No dudan, pues, ante la posibilidad de utilización de materiales reciclados, de materiales cerámicos industriales o de elementos fungibles o efímeros. Son los rompedores de toda norma.

 

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