AJIMEZ ARTE

Documentos

EL SENTIDO DE LOS NOMBRES Y DE LAS COSAS. SEMÁNTICA DE UNA EXPOSICIÓN MUY SINGULAR

© Mª del Mar Díaz  

Siguiendo las precisas indicaciones que Jaime Rodríguez, coordinador de esta muestra, me proporcionó en su momento, esta contribución pretende inscribirse dentro del mismo contexto que las aportaciones artísticas de la exposición, siendo así el catálogo una pieza más del ensamblaje expositivo, por cuanto que su cuidadoso diseño también ha sido concebido y diseñado por él. Según el artífice del evento expositivo, este texto, lo mismo que las respectivas colaboraciones de Natalia Tielve y Jaime Luis Martín, debería alinearse en el mismo nivel de significación que las obras, es decir en el sustrato creativo cuidadosamente pautado y pensado por Jaime Rodríguez, si se tiene en cuenta la idiosincrasia de esta colectiva. Lo dicho requiere sin duda una explicación sincera, que se formulará a continuación con el fin de evitar un engreimiento, desde todo punto, involuntario por mi parte.
Como resulta ya habitual en su trayectoria, además de implicarse sin ambages en todas las iniciativas que emprende personalmente, el artista también logra involucrar a los demás, inoculándoles de paso su pizpireta energía y transmitiéndoles asimismo su enorme deseo de adentrarse en proyectos irresistibles, cada día más ambiciosos en lo que al número de participantes y a la magnitud de las iniciativas concierne, sin obviar tampoco su dificultad, su complejidad conceptual como este es sin duda el caso.
Dotado de una capacidad retórica sorprendente, Jaime se orienta desde un tiempo a esta parte por las lindes del discurso verbal, que enfatiza algunas de sus composiciones plásticas más recientes. Esto contribuye a justificar, a buen seguro, el título que modula esta muestra y que gira en torno a la semántica iconográfica y a los códigos lingüísticos que las imágenes artísticas deparan en numerosas ocasiones.
Desde la aportación plástica, la muestra profundiza la noción del sentido de las cosas visibles e invisibles. Esta significación emana de un discurso plástico formulado a partir de la imagen mental del artista que la transfiere al soporte pictórico por medio de códigos gráficos y, en ocasiones, al mismo tiempo lingüístico. En determinadas aportaciones, se advierten puras fantasías, verdaderas fantasmagorías que no existen en el mundo real, pero que generan un abanico de significados conceptuales al margen del referente denotativo del término convencionalmente asignado a la representación de las cosas. Desde esa perspectiva, los artistas se adentran con facilidad en el campo de las emociones para suscitar nuestra reacción afectiva inmediata o para disparar un estado de inquietud primero, y de reflexión sosegada más adelante.
Las cosas visibles, la teoría de la semejanza ha desempeñado un papel constructivo en la cultura occidental. En gran parte, fue la trama de la similitud la que desencadenó el juego de los símbolos y de los significados, de la semántica en una palabra. La semejanza se fundamentaba primero sobre las cosas perceptibles y contribuyó a dirigir el arte de la representación mimética del natural. Ahora muy al contrario, dentro de un proceso creativo mucho más complejo, la semántica deriva también de las cosas invisibles, de las percepciones, de las pulsiones afectivas y emocionales, que el artista trata de desencadenar por medio de sus aportaciones pictóricas. Si la pintura imitaba el espacio, y la representación se daba como repetición, como teatro de la vida o como espejo del mundo, actualmente el arte, la plástica en general indaga asimismo en otras latitudes y el lenguaje, en su manera de anunciarse y de formular el discurso plástico, tampoco resulta ya ajeno a la pintura y a la gráfica. Se podría añadir incluso que la lingüística deviene otro recurso más y contribuye a enriquecer el diapasón de registros artísticos empleados por los creadores contemporáneos.
Interesado desde siempre en disolver barreras, en traspasar límites técnicos, en transgredir directrices artísticas, el organizador de esta exposición extiende su radio de acción a los insondables efectos de la palabra, a la versatilidad del verbo, a la irreducible plasticidad de los significados y, en definitiva, a los nombres y a las cosas, como aquí mismo se indicó ya más arriba.
De una parte las obras, dos aportaciones por artista, de otra parte las frases, hilvanadas con esmero, con paciencia y con sobrado tino por Natalia Tielve al hilo de cada uno de los trabajos, y finalmente los discursos más extensos, aglutinadores ambos de una personal e introspectiva visión del macroproyecto engarzado por Jaime Rodríguez, redactados a libre albedrío, escritos a vuelapluma, como así lo pretendió su organizador. En su pluralidad, al integrar veintisiete artistas en total, la muestra conforma en sí misma una unidad singular y difícil de obtener, si no fuera porque comentar esta exposición es hablar igualmente de Jaime, que la piensa, la dirige y la exprime con ávida fruición.
Por lo general, el artista se manifiesta en estas cosas como un vendaval, como un aire huracanado, que arrastra a todos al unísono al lugar concreto y preciso en que debe discurrir la acción, lo demás ya es libertad de cada cual, pura inspiración, como se advierte en la prolija evocación de las creaciones, múltiples, diversas, poliédricas, polifacéticas y tan íntimas y personales como cada uno de los participantes que ahora se concitan.
A pesar de la limitación de espacio que me ha sido concedido en la presente ocasión, no quiero dejar de mencionar por ello a los participantes que, con sus bellas obras, contribuyen a expandir este singular discurso. Arancha Álvarez, Fernanda Álvarez, Javier Álvarez, Nel Amaro, Ana Bellido, Jim Box, Ana María Briede, José Luis Campal, Alfredo Colunga, Jean François Courtilat, Alfonso Crujera, Fiumfoto (Nacho y Cristina), Véronique Hubert, Elena Lobo, Jesús Marín, Begoña Muñoz, Otty Pérez Laspra, Marga Pinto, Gema Ramos, Jorge Iván Restrepo, César Ripoll, Adriana Rodríguez, Jaime Rodríguez & María Mieres, Aine Scannell, Mathilde Seguin, Christophe Viart, Rocío Pinín y Susana Villanueva, son los nombres que conforman la nómina de colaboradores del proyecto Semántica.
Este elenco de artistas regionales, conocidos ya en su mayor parte del público asturiano, y de artistas internacionales, que tendrán la oportunidad de mostrar sus trabajos por primera vez aquí, conforma un diálogo lleno de matices. Nos hallamos pues ante un discurso complejo en lo que a la polisemia concierne, que pretende estimular al visitante e incitarle a establecer coordenadas, a descifrar enigmas, enraizados a veces en el inconsciente colectivo y, por ello, en principio desapercibidos. Se trata de una propuesta plástica repleta de susurros, de monólogos interiores, de soliloquios, de declamaciones nostálgicas y de toda suerte de oraciones plenas de luz, frases en esencia sencillas, de esencial estructura y de una pureza diamantina. No existen límites, ni barreras, el castellano, el inglés, el francés o el portugués se hacen verbo plástico entendible a quien, por supuesto, esté dispuesto a recibir ese legado y a participar en esta suerte de multiculturalidad esperanzadora.
Por medio de complejos códigos personales, cada uno de los participantes ha inventado una nueva vía de relaciones retóricas que trasladan la savia de su infinita paciencia y el fruto de una mirada atenta y escrutadora sobre el entorno propio, social o geográfico en el que viven, para trasladar, al fin y al cabo, sus emocionadas pulsaciones artísticas. No cabe duda de que esta exposición tan diversa y, al mismo tiempo, tan sincera en sus evocaciones iconográficas colmará a los visitantes.
Vale la pena destacar por último, a modo de conclusión, el enorme tesón creativo de todos ellos, sin menoscabo tampoco del esfuerzo económico, pues han debido sufragar personalmente todos los gastos de producción y de transporte de las obras para llevar a buen término el proyecto. La diligencia del Área de Cultura del Ayuntamiento de Mieres resulta por ello mucho más elogiable, toda vez que no dudó en conceder, en su día, a Jaime Rodríguez el estupendo espacio del Centro de arte Casa Duró, donde esta colectiva comprometida con la creación contemporáneo brillará con luz propia. Es más, el consistorio mierense tampoco dudó en asumir el coste del magnífico catálogo que recoge las obras de todos los artistas citados. Esta publicación quedará como referente material del unísono trabajo que concita ahora a creadores y críticos bajo una significativa noción: el arte, en tanto que código semántico plural, diverso, prolijo y, en definitiva, universal.

 

 

Volver

Envía esta referencia

Publicidad