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OCHO JÓVENES ARTISTAS GRÁFICOS, OCHO APORTACIONES PERSONALES

©  Mª del Mar Díaz

No hace muchos años (1988) el Dr. Juan Carrete Parrondo, director de la Calcografía Nacional, expresaba, en el volumen 32 del Summa Artis dedicado al "Grabado en España", su percepción del arte gráfico en nuestro país:

"La historia del grabado en la época contemporánea se presenta como un proceso invertebrado, surgido con escasa o nula planificación, y a veces hasta a pesar de las instituciones oficiales; es una historia hecha a base de golpes de ingenio y esfuerzos aislados que la confieren un ritmo cíclico y en ocasiones hasta convulsivo. El mal se encuentra básicamente en una enseñanza deficiente y mal planteada, y en una sociedad mayoritariamente impermeable a las novedades, e intelectualmente perezosa".

El autor articula de este modo sus quejas entorno a dos sectores interrelacionados: la enseñanza y la sociedad, a los que se pueden sumar otros factores como la falta de coleccionistas, la ausencia de galerías especializadas, el poco estímulo de la crítica en tanto que mediadora y transmisora de mensajes estéticos, etc... En cualquier caso, la desalentadora situación del arte gráfico quedaba así evocada sin paliativos, ahora bien, han pasado doce años y en Asturias este medio se ha asentado sobre dos sólidos pilares. Tras unos tiempos difíciles, de sequía artística en cuanto a producción gráfica se refiere, que han obligado a muchos artistas a adquirir su formación fuera de la región en solitario y por su cuenta de forma descoordinada y, en muchas ocasiones, desorientada, el panorama del arte gráfico asturiano ha consolidado dos ámbitos de irradiación. Merece la pena destacar la labor formativa emprendida desde la Universidad Popular, que tuvo en Fernando Redruello un primer punto de referencia y, paralelamente, la tarea docente reglada llevada a cabo en la Escuela de Arte de Oviedo donde toda una nueva generación de profesores (encabezada en este caso por los grabadores María Álvarez y Ricardo Mojardín) ha convulsionado ese contexto creativo, pues éstos se perfilan como el mejor acicate para los nuevos estampadores. A la Escuela de Arte de Oviedo le cabe la ocasión de mostrar nuevamente una exposición que aglutina las obras de ocho jóvenes autores, las últimas promociones del Centro.

La primera iniciativa vio la luz en 1993 cuando el Museo de Bellas Artes de Asturias dedicó un espacio expositivo a la colectiva Prólogo que reunía en aquella ocasión las estampas de siete artistas, una circunstancia que se repitió en 1998 cuando intervinieron cinco jóvenes grabadores, ahora Prólogo III acoge las obras de ocho artistas gráficos. De esta manera y a través de estas muestras, la Escuela de Artes de Oviedo ha puesto sobre el plano de la realidad un grupo de veinte jóvenes grabadores cuyas aportaciones ponen de manifiesto, no sólo, un buen conocimiento de la técnica impartida por sus profesores sino, que éstos han asimilado muy bien el vocabulario que les permite afrontar el reto de la composición en solitario.

A quien le cabe la ocasión de presentar esta muestra colectiva está en condiciones de afirmar que estos jóvenes artistas no caminan "solos y ligeros de equipaje", muy al contrario en su cartera cuentan ya con diversas iniciativas, proyectos y exposiciones que avalan unas trayectorias llenas de recursos que se esbozarán a continuación. No obstante, en estos momentos también conviene destacar el talante creativo de las nuevas generaciones asturianas que asumen los medios con un mayor grado de desinhibición, pues hay que dar por finalizadas las tradicionales jerarquizaciones artísticas que colocaron la producción gráfica en una situación de subordinación y de servilismo artístico actualmente inaceptables. Pero, sigue siendo cierto el hecho de que todas las promociones, en mayor o en menor medida, padecen la ausencia de talleres y la falta de medios y que, una vez graduados, fuera ya de la tutela del centro docente, los artistas no disponen de infraestructuras suficientes para poder emprender una producción ambiciosa y competitiva. Sin embargo, gracias a un talento ingenioso que les ha incitado a buscar vías de estampación colaterales, de las que han sacado mucho partido igualmente, han podido superar estas negativas circunstancias de lo cual dan fe sus trabajos. De este modo, tanto ellos, como los demás grabadores, se hallan inmersos en un tiempo presente en el que se alternan los espacios de luz y algunas sombras fruto de un pasado que debemos tratar de superar.

No resulta exagerado afirmar que en estos momentos Asturias vive su mejor momento en cuanto a arte gráfico se refiere, toda vez que el caudal de estampadores, el número y la calidad de las exposiciones individuales, las muestras colectivas, los galardones, los intercambios y las idas y venidas al Frans Masereel Centrum ponen de relieve una actividad incesante, que aparece cuajada de aportaciones significativas. Es en este contexto, sobre el que se quiere proyectar una mirada esperanzadora, en el que estos ocho grabadores han de librar su particular discurso del que aportan, a modo de anticipo, el Prólogo III. Con el fin de facilitar el seguimiento de los comentarios se ha adoptado un criterio cronológico que cubre un abanico descendente, es decir de mayor a menor.

Aunque ha iniciado su recorrido expositivo desde 1990, merece la pena destacar que, en 1998, la obra de María Mallada (Oviedo, 1960) ha sido seleccionada por el Certamen de Arte Gráfico de la Calcografía Nacional, incluso, ese mismo año, fue auspiciada por el Museo Antón de Candás para estampar obra gráfica. La autora se mueve preferentemente dentro de la técnica de la serigrafía que traslada, habitualmente, a un soporte cerámico o, como este es el caso, sobre vidrio esmerilado. Un material industrial del que aprovecha muy bien los cambios de textura y tonalidad que le permite incorporar unos delicados gestos figurativos que tienen su antecedente en anteriores trabajos. Las ancestrales deidades de María Mallada se han trocado en flor o en texto que describe y que aglutina formalmente, toda vez que el elemento gestual representado evoca la serie "Femina" realizada para la muestra individual que se pudo ver en la sala de exposiciones de la Universidad de Oviedo. Generalmente, la autora adopta soportes poco convencionales que sacan sus creaciones del plano bidimiensional, una constante que se aprecia en otros jóvenes grabadores y que se puede poner en relación con el afán experimental de las últimas generaciones, tanto como por otorgar a sus obras-objeto mayor sentido de corporeidad.

Fernanda Álvarez Jímenez (México DF, 1962) se graduó en Grabado y en Técnicas de Estampación en 1996, posteriormente inició el módulo de Edición del que encabeza, junto con Sandra Fernández Sarasola, la primera promoción. La artista aporta a esta muestra dos estampas de sobria y depurada resolución, pero de honda y profunda reflexión, pues siguen la línea conceptual de los trabajos mostrados en la exposición del Museo Antón (febrero-marzo de 2000). Desde el punto de vista temático prevalece su personal introspección sobre el entorno familiar, toda vez que cada estampa ha sido dedicada a cada uno de sus padres. Destaca la concisión de medios utilizados, reprografía, collage, serigrafía y la puesta en valor del espacio plástico: el papel, algo que contribuye a poner de relieve aún con mayor énfasis el tono intimísta de su mensaje. El cosido de los botones que, simulando tipos sueltos, retienen cada una de las letras de la palabra mamá o la perforación que compone la palabra papá son algunos de los recursos que transmiten una percepción estética del entorno femenino que la autora asume con naturalidad y que explícita mediante procedimientos sumamente reveladores (estampaciones sobre telas, punteados, cosidos y pespunteados, utilización de objetos con valor metafórico, confección de libros simbólicos, etc...).

Sandra Fernández Sarasola(Gra do, 1971) ha sido merecedora del Premio Fin de Carrera otorgado por la Escuela de Artes de Oviedo y, tras su graduación, lo mismo que Fernanda Álvarez Jímenez ha cursado estudios de Edición. Una relación que ha facilitado el planteamiento de una serie de ediciones en común en las que, a modo de equipo creativo, las autoras intercambiaron las funciones, de tal manera que el libro rollo titulado La tercera muerte de Dios de Sandra ha sido editado por Fernanda cuya obra Vestiario ha sido estampado por Sandra. Esta amistad traspasa el fruto de una simple colaboración, toda vez que ambas autoras están realizando prácticas en el taller de Oscar Manesi en Madrid, una ciudad que ha dejado impronta real en la obra de Sandra Fernández, pues el callejero madrileño de denso parcelario impone su laberíntica idiosincrasia. La autora contrapone de este modo un mundo de vivencias personales en el que lo urbano y lo natural tratan de acompasarse. De esta forma, la artista quiere aprehender los recuerdos de su infancia y los de su tierra con la ayuda de pequeños elementos florales sobrepuestos o mediante la incorporación de elementos vegetales que muestran el deseo de materializar unas sensaciones que al paso del tiempo se tornan evanescentes.

En la convocatoria de este año Jorge Fernández Faes (Mieres, 1972) ha sido distinguido con una beca que la entidad financiera CajAstur le ha concedido para perfeccionar su formación en Londres, ciudad en la que reside en estos momentos. Igual que los otros artistas que componen esta colectiva, el grabador ha cursado estudios en la Escuela de Artes de Oviedo donde ha presentado, como proyecto de graduación, la serie de alusivo título: Las raíces voladoras. El trabajo reúne el resultado de anteriores indagaciones experimentales, ya que el autor había comenzado a interesarse por las planchas offset cuyo mínimo espesor le ofrecía varias ventajas: una delicada huella sobre el soporte tras un acertado proceso de entintado y de posterior estampación, y la posibilidad de recortar formas caprichosas y versátiles. Con estos mínimos recursos, a los que sumó la experiencia de un viaje a tierras escocesas, Jorge creó unas estampas en las que indefinidas formas, a medio camino entre el mundo vegetal y mineral, cobran su mayor protagonismo. Sólo el valor simbólico del verde acuoso y transparente vincula estas megalíticas siluetas a punto de volar con su poética personal que cabe expresar en palabras del autor "verdes igual que los lugares por donde pasé y en donde nací".

Una vez obtenida su graduación, y al igual que otros compañeros de formación, Marta Fermín (Oviedo, 1973) ha iniciado estudios de Edición. La autora aporta a esta colectiva dos estampas que pertenecen al ciclo "Viajes dos" y que están en la línea de la serie "Mes....es" concebida en 1999 como broche final a sus años de aprendizaje. Desde el punto de vista del contenido, su obra está impregnada de una intensa reflexión sobre el fluir temporal que expresa mediante dos medios muy significativos, un andamiaje gráfico de connotaciones anecdóticas y una tensión cromática generadora de emociones. La ejecución, a partir de planchas de zinc trabajadas mediante las técnicas del aguafuerte y del aguatinta, pone de relieve el dominio de la paleta, la base transparente, las resinas y la asimilación de las enseñanzas recibidas, recursos éstos que han incitado a la autora a emprender iniciativas más ambiciosas. No en vano, la grabadora ha desarrollado otro proyecto titulado "Las estaciones" que se ha podio contemplar primero en la Casa Municipal de la Cultura de Avilés y posteriormente en la Sala Borrón. A modo de progresión temporal, la estampadora ha querido abordar intervalos más largos cuya resolución formal se hizo por medio de la xilografía. De tal modo, la autora organizó una extensa serie de múltiples ensamblados, que registra los monótonos e imperceptibles latidos de los días. Este procedimiento técnico revela un buen aprovechamiento de las condiciones naturales de la matriz de castaño en la que sólo practicó leves hendiduras con las que quiso indicar las imperceptibles modulaciones del devanar temporal.

A pesar de su juventud y desde 1996, Daniel Fernández Jove (Villaviciosa, 1973) ha tenido la ocasión de exponer su obra en diversas ocasiones. Una de sus estampas ha sido seleccionada en el Certamen Nacional de Obra Gráfica organizado por la Calcografía Nacional. En 1998, también ha sido merecedor del primer premio Arte Joven 98 promovido por El Corte Inglés. Pero toda la producción de este grabador, comprometido con el ecosistema, aparece recorrida por un sentido humorístico en el que también late un tono irónico no exento de matices fuertemente críticos. Afirma inspirarse en la naturaleza, como así lo hicieron otros artistas, aunque en este caso el tema traspasa los límites de lo convencional. Los metafóricos peces quieren ser una llamada de atención hacia un medio en peligro, sin embargo, también se puede establecer un paralelismo con una sociedad de consumo cuya despiadada competencia se manifiesta mediante unas sentencias de inequívoco significado, "el pez grande se come al chico". A pesar de la ambivalencia del símbolo, toda vez que, desde el siglo II, la representación del pez estuvo revestida de connotaciones religiosas, es indudable que el autor inclina el plano del contenido de sus creaciones hacia la denuncia. Para la consecución de este discurso, Daniel se vale de una combinación de procedimientos tradicionales tales como el aguafuerte, el aguatinta, o el gofrado como así se puede apreciar en la serie que simula esquemas de la baraja española sobre una trama obtenida por medio del grabado en seco.

Jacobo de la Peña Miguélez, Israel(La Coruña, 1974) ha obtenido el premio fin de carrera tras su graduación en 1999, un reconocimiento que fue acompañado de una beca subvención para perfeccionar sus estudios en el Taller Mayor 28 de Madrid. Además, el artista ha realizado diversos trabajos de estampación entre los que se puede citar la edición del colofón para la carpeta de litografías "1998-1999, Una experiencia litográfica". Cabe mencionar que este año ha sido galardonado con el Premio "Galería El Catalejo" en la convocatoria de los Premios Nacionales de Grabado del Museo del Grabado Español Contemporáneo de Marbella. En esta ocasión, el grabador aporta dos estampas que distinguen dos trayectorias cuyo enorme rigor estético está avalado por la solidez de sus conocimientos técnicos. De una parte, estamos ante la presencia de una aportación expresiva de filiación pictórica que el autor resuelve por medio de lineales y desbordantes gestos, los incisivos recorridos que genera una punta seca utilizada con dinámica destreza. Tanto el agudo contraste como el despojamiento cromático también son constantes que se pueden apreciar en la serie de estampas crepusculares que enlazan con los campos magnéticos que Beatriz Gutiérrez denominó "Cosmogonía Personal". Por medi

o de la calcografía, y con la ayuda de aguadas litográficas con las que hace reservas, el autor dispuso un enrejado discontinuo de pequeñas nubes azules de lírica resonancia que han sido cercadas por un aterciopelado campo negro de perfecta resolución. Unas obras que no pueden dejar de recordarnos las nítidas composiciones de Francisco Fresno, aunque, en este caso con un procedimiento técnico opuesto, pues Israel trabaja a partir de dos estampaciones y con una matriz elaborada en negativo. El resultado final es un paso hacia el gigantismo y lo sublime que tiene su trasunto en Juan Martínez Moro, un artista muy próximo a la Escuela de Artes de Oviedo donde impartió grabado no hace muchos años.

La Instalación "2.580 segundos" de Mentxu Álvarez Rodríguez (Avilés, 1976) cierra este arco cronológico con la proyección de una personal mirada. Como si de una síntesis de las aportaciones anteriores se tratara, la obra de esta joven creadora pretende interrelacionar materiales e imágenes que reproduce sobre distintos soportes por medio de la serigrafía. Esta concepción traspasa los límites del soporte plano para inundar el espacio ambiental en el que el espectador puede integrarse físicamente. Una intervención a través de los sentidos que proporciona un mayor grado de verosimilitud emocional, pues nos enfrentamos a la misma de una manera más directa y participativa. Igual que otros integrantes de la colectiva, la autora concibe una obra-catarsis, toda vez que, en palabras de la artista, el proceso de formación ha generado una intensa relación con el centro, que traspasa el límite del aprendizaje. Su creación quiere ser un punto final con ese entorno y con una etapa de su vida, pero también es un sistema de reconocimiento de ella misma. Aunque, plasmado de otra manera y con otros recursos, aflora nuevamente el concepto del paso del tiempo expresado en segundos los que arbitra el disco de Manu Chao: "Clandestino". Aparecen esbozados asimismo el mundo familiar, el entorno social y el enfrentamiento ante el proceso creativo, un viaje iniciático que va pautando un recorrido de vivencias personales enriquecedoras. La autora aborda una introspección personal muy profunda que proyecta por medio de esta creación que acompaña de una memoria explicativa de la génesis y realización de un proyecto cuya directriz centrifuga desemboca en "los implorantes ignorados" en tanto que metáfora visual de los desheredados. El mundo del yo se extiende de este modo al de los otros y ensancha nuestros puntos de mira.

 

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