FRANCISCO VELASCO, EL PINTOR QUE TAMBIÉN QUIERE SER LITÓGRAFO
© Mª del Mar Díaz
Durante el mes de septiembre de 1989, Francisco Velasco presentó por primera vez una serie de litografías en una muestra que tuvo lugar en la Casa Municipal de Cultura de Llanes. La citada exposición recogía el fruto de sus últimas investigaciones pictóricas y puso de manifiesto unos soberbios trabajos sobre papel en los que se podía apreciar el acusado sentido del color y del gesto del artista. Éste había prescindido del tradicional soporte (lienzo-bastidor) en aras de otros materiales en los que poder aplicar nuevas y sugerentes indagaciones. La utilización del papel como soporte de sus pinturas, no resultaba, evidentemente, un material innovador, pero sus aplicaciones ofrecieron interesantes perspectivas. El pintor extendió el acrílico bien cargado de materia sobre una frágil y encolada superficie siempre a punto de rasgar. Con estas quebradizas obras, de textura tan densa y espesa al mismo tiempo, Velasco quería emular el arte de la tapicería que proporciona siempre una mayor y más directa interrelación con el espectador. Aquí articuló unos desgarrados nocturnos entre los que emergían las fantasmagóricas siluetas de los totémicos y antropomórficos árboles. Unos trabajos teñidos de zozobra, pero llenos de atormentado expresionismo. Atrás quedaba ya aquella preocupación por el orden y la contención geométrica, entreverada de trigales campos de luz. Esta ha sido la última muestra pictórica de carácter individual del artista que desde entonces concentró todas sus fuerzas en la litografía. Una entrega física denodada que le ha permitido utilizar la técnica para pintar, pues, a modo de paradoja, Velasco pinta litográficamente con este medio de estampación. Si bien es cierto que este es el momento en que el público llanisco pudo ver sus primeras estampas, el iniciático viaje de litógrafo ya había comenzado un año antes cuando acudió al Centre Internacional de Recerca Gráfica de Calella (Barcelona) para recibir clases de Walter Dohmen. El Seminario de Litografía promovido por la Escuela de Artes de Oviedo e impartido por Alfredo Piquer y un nuevo curso en Betanzos (La Coruña) han sido otros dos talleres en los que el artista pudo ejercitar nuevamente su inventiva que discurría pareja a su aprendizaje. Unos ejercicios personales llenos de sugerente poética que yo misma titulé en aquella época Almas Negras, porque aquellos pequeños retazos de vida litográfica se movían dentro de las austeras gamas de los negros/blancos/grises. Esta sorprendente reducción cromática sólo se puede explicar desde la vertiente del afianzamiento de los procedimientos litográficos, pues Velasco siempre había explotado muy bien la emocional y evocadora sugerencia del color. Para compensar esa carencia, el artista utilizó ahora el automático rasgueo del lápiz litográfico y sobre todo la plástica referencia de la aguada litográfica que extendía sobre una única matriz. Desde el inicio, Velasco apuró al máximo el efecto de los materiales y de los procedimientos. Como así se indicó en aquel momento, la intuición guió sus primeros pasos en los que una gota de agua bien desparramada dejó un sutil cerco y el aguarrás convirtió el espacio en mil grutas por las que nuestros espíritus se trasladan en imaginarios viajes. El advenimiento del color no se hizo esperar y las exposiciones de 1992 (Galerie d´Art L´Angle Aigu, Bruselas) y 1993 (Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo) son ya un buen exponente. El artista exhibe en esta última ocasión un conjunto de catorce trabajos que recoge bajo el epígrafe Estampas de la luz, acompañados de seis obras a una tinta que se mueven dentro de escuetas coordenadas monocromas. El color presupone más trabajo, más esfuerzo y mayor dominio de la piedra, pues es ésta la matriz predilecta de Velasco quien desechó muy pronto los constreñidos limites del zinc. Se ha de tener en cuenta que para cada nueva tinta se precisa una piedra y hay que dominar asimismo el sistema de registros para evitar un inestético o inoportuno corrimiento de la imagen. Estas circunstancias dificultan bastante la praxis de la litografía cuyo dominio implica destreza y experiencia. Pero en Asturias no existen talleres litográficos al alcance de los artistas por lo que, desde 1991 e ininterrumpidamente hasta el verano del 2000, Velasco solicitó una estival estancia de trabajo en el prestigioso centro de arte gráfico Frans Masereel Centrum de Kásterlee (Bélgica). Una iniciativa que le permitió entrar en contacto con artistas gráficos internacionales con los que intercambió impresiones y diversas indicaciones. Aquí editó una primera carpeta de cuatro estampas a cuatro tintas sobre papel Zerkall para litografía de fabricación alemana. Se trata de un cuarteto de exuberante colorido y ampuloso gestualismo en el que se vislumbran los ecos de un inconcreto y evanescente paisaje del que son deudores la mayor parte de los abstractos regionales. Además hay que apuntar otro acontecimiento casi milagroso, por lo conmovedor e importante que resultó al cabo de los años: Litografía Viña, el único taller vigente por entonces en Asturias. Robustiano Viña Mori el gerente y heredero de la industria impresora familiar fundada por su progenitor en 1920 le concedió permiso para trabajar en la imprenta que aún conservaba en una esquina de la nave los vestigios de esa periclitada industria litográfica tan arraigada en Gijón. Será aquí donde Velasco logra construirse como litógrafo y será también aquí donde empieza a intuir el impacto que la traslación de los procedimientos industriales puede generar en el actual arte gráfico. Si en un primer momento las obras resultantes sólo imponen color y signo de raigambre japonesista, el artista comienza a indagar las tintas metálicas: oros y platas de uso industrial que tanta prestancia habían dejado en los etiquetados litográficos antiguos y recientes, pues los hermanos Viña aun seguían produciendo, ahora en offset, al viejo modo litográfico. El conjunto de esta suma de experimentaciones se pudo percibir en la exposición así titulada Francisco Velasco, Litografías y que, patrocinada por la Caja de Asturias, aún discurrió en la emblemática e histórica galería de la Escandalera en 1994. Color, gesto, signo, ampuloso trazo, tintas opacas, oros y platas y tintas metálicas viradas serán los términos que retomen su anterior y nostálgico discurso de pintor. Resulta evidente que su actuación ante la piedra sigue los mismos estímulos, una entrega directa y espontánea que se verifica en composiciones de potente construcción. Sin embargo, estas obras desvelan dos corrientes reflexivas, una de las cuales se mueve entorno al vigoroso gestualismo y la otra, aunque no prescindiendo de este recurso, indica mayor interés normativo. En estos momentos ya aparece el germen de los Clónicos en forma de seriaciones circulares dispuestas entorno a uno o dos ejes que conforman una especie de ábaco como la estampación que abre el conjunto de la muestra que se puede apreciar en la cubierta del libro editado para la ocasión. La preponderancia de las tintas metálicas casi deviene característica principal en las composiciones litográficas elaboradas durante los tres siguientes años. Si las tiradas siguen siendo igual de cortas, no más de seis u ocho ejemplares, en cambio el número de matrices se incrementa,toda vez que la resolución de los ricos y densos fondos sobre los que arquitrabó el elemento definitivo de la estampa, cada vez más normativo y geométrico, incrementaba el número de matices y de tintas. Merece la pena citar al respecto la obra seleccionada para la primera Trienal de Arte Gráfico en 1995 (Gijón) y los trabajos que conformaron la exposición de sus Últimos trabajos en la Sala de Exposiciones de la Casa Municipal de Cultura de Castrillón con la que Velasco quiso anticipar la conmemoración del Bicentenario del descubrimiento de la litografía en octubre de 1996. Buena parte de estas obras y nuevas estampas pudieron contemplarse en la muestra de 1997 titulada “Imagen y Densidad que se celebró en el gijónes Centro de Cultura “Antiguo Instituto y en la que enfatizaba todos los recursos mencionados. El acusado protagonismo de los círculos entreverados de filamentosos y deshilvanados trazos invoca al obsesivo y machacón mundo de imágenes de consumo diario, similares y repetitivas pero no iguales sino parecidas. El artista quiere expresar de este modo el sustrato de una sociedad alienada e indiferente que se envuelve de ficticios oropeles. Este es el mismo sustrato que invade los trabajos reunidos en el Museo Antón de Candás también durante el verano de 1997.Para la ocasión el artista confecciona personalmente el cartel de la exposición. Una edición de veinticinco ejemplares no venales que se distribuyeron para promocionar el acto y cuyo diseño sintetizaba su andadura de litógrafo en solitario y un emocionado homenaje a Senefelder. Ahora bien, aunque la plata se adueña finalmente de la estampa, tras los orificios circulares que pautaban la cadencia de la composición late la inquebrantable fuerza del expresivo gesto e incluso los tonos y ricos matices revelan a veces el aletargado sueño del paisaje como así sucede en la obra galardonada por el Museo del Grabado Español Contemporáneo. En 1998, y al hilo del neologismo Clónico también surge la serie de parejo significado para lo que Velasco asume un nuevo reto cuando decide fragmentar las estampas mediante troquelado. De esa manera propone una respuesta irónica a las nuevas tecnologías y a la producción industrial que incita a la seriación y a la unificación del entorno social. El artista quiere construir un argumento teórico para dotar de coherencia la arriesgada operación mutiladora que infiere desde entonces a una buena parte de su producción. Los cortantes industriales proporcionaron ahora el inequívoco silueteado de otras y más contundentes seriaciones en las que las formas ovoides se recortan nítidas sobre el fondo del soporte. Dentro de esos recercados el espacio plástico se puebla como antaño de sugestivas resonancias, lo que, una vez más, pone de manifiesto esa pugna entre el talante analítico y el afán intuitivo que queda apresado ahora entre los límites que imponen estos perfiles. Una trayectoria nueva, pero difícil de asimilar, no sólo desde el punto de vista estético sino también desde el punto de vista intelectual y que se verifica en obras como las aportadas a la colectiva Obra Gráfica en Asturias, 1998 que se presentó ese mismo año en el Frans Masereel Centrum de Kasterlee (Bélgica) y que itineró posteriormente por toda España. Además, casi en paralelo a su propia producción personal, Velasco impulsa otra iniciativa que surge con el propósito de sensibilizar a los organismos, medios de comunicación y sociedad en general de rescatar todos los materiales de Litografía Viña que estaba a punto de cerrar sus puertas definitivamente. 1998-1999 Una experiencia litográfica se concibió en forma de encuentros entre artistas para crear las estampas que integran una carpeta litográfica adquirida por diversas instituciones y por algunos particulares. El litógrafo siempre había acometido sus propias estampaciones, pero ahora no solamente asume esta tarea para los integrantes de este equipo, sino que se encarga además de la iniciación de los demás en estas prácticas. El proyecto tuvo una duración de un año durante el que Velasco se consagró por entero a la litografía. Las obras de María Álvarez, Melquíades Álvarez, Francisco Fresno, Miguel Galano, Ricardo Mojardín, Pelayo Ortega, José Luis Posada, Fernando Redruello, Bernardo Sanjurjo, Antonio Suárez, el propio Francisco Velasco y el seguimiento fotográfico de José Ferrero han sido acogidas en el Museo Jovellanos de Gijón, El Museo de Bellas Artes de Asturias y la Calcografía Nacional de Madrid, en este caso promocionada por Cajastur quien también exhibió la muestra en sus propias galerías y que tiene previsto igualmente un programa de itinerancia por España. Además del interés artístico que suscita la iniciativa en sí misma, el evento evitó la pérdida de un patrimonio que ha sido acogido por el Ayuntamiento de Gijón en colaboración con la Consejería de Cultura del Principado de Asturias y que será el embrión de un futuro centro de artes gráficas con el que se pretende salvaguardar y potenciar la técnica litográfica sobre piedra, prácticamente desaparecida hasta el momento. En diciembre de 2000 y como colofón al siglo y al milenio, el artista presentó una nueva exposición en la Galería Vértice de Oviedo que reunía una síntesis de sus últimas aportaciones en forma de litografías y de lito-objetos. La muestra puso de manifiesto nuevas e interesantes aportaciones, las estampaciones propiamente dichas, unos trabajos sobre papel de pulcra resolución, y la obra experimental con la que el artista describe un nexo de unión entre la práctica litográfica actual y los antiguos usos industriales. Estos enlatados de porciones litográficas estarían reconociendo de forma metafórica la secular tradición de aquella producción sistemática de etiquetados para las conserveras. Se trata sin ninguna duda de un reconocimiento a unas desaparecidas prácticas que quedaron asumidas por el arte litográfico. Por otra parte, la serie Clónicos posee otra peculiaridad, la de indagar sobre el valor esencial de la obra seriada cuya multiplicación no produce necesariamente la igualdad de las mismas, toda vez que los sistemas de estampación tradicionales, grabado, xilografía, entalladura y litografía, sólo pueden conseguir semejanzas entre las obras. Esta cualidad confiere a los trabajos un valor único y les dota de una incuestionable personalidad. A pesar de la aparente divergencia de medios, existe una indudable interrelación entre las dos partes de la exposición cuyos lito-objetos son la resultante de la consecuencia evolutiva de un anterior proceso de reflexión sobre el medio que se afirma mediante la utilización de los cortantes industriales con los que el artista acotaba determinados silueteados de vocación referencial. Los presupuestos conceptuales de la muestra cobran de esta manera una dimensión integradora lo que permite al artista acompasar la litografía industrial con el quehacer artístico cuyo ilimitado campo de acción vislumbra nuevas y prometedoras perspectivas. De esta manera creemos haber trazado la trayectoria de un pintor que deviene litógrafo y que quiere volver a ser pintor sin dejar de ser
litógrafo. Doce años de recorrido, algunas exposiciones y cientos de estampas realizadas son el elenco que ha dejado hasta ahora el paso de Velasco por la litografía.