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SEMÁNTICA: EL VIGOR DE LA ENUNCIACIÓN

© Jaime Luis Martín

Tenemos la sensación de asistir a lo que Roland Barthes denominó déjà-lu -ya leído-, a un continuo despliegue de imágenes que resultan de procesos de reproducción y apropiación, a un canibalismo artístico que aviva la creencia de que el arte ha finalizado devorado por su propia historia, errante por las bienales como un flujo repetitivo y demencial, o sedentario, fetichizado y mudo entre las paredes de los museos. “Cualquier cosa que resulta aceptada se vuelve equivalente a todo lo demás, todas las distinciones se disuelven; estilos, imágenes y materiales proliferan en un torrente de componentes supuestamente poéticos que se apartan del mero criticismo”(1) . La pintura naufraga en las procelosas aguas del decorativismo y el amaneramiento; las instalaciones se han convertido en un bazar de objetos, un espacio teatralizado falto de argumento; los activismos se enfrentan al desplazamiento de sus tácticas, asimilados y convertidos en una parodia de si mismos; y los radicalismos políticos terminan vendiéndose, a precio de saldo, en los grandes almacenes, como mercancía ética. “El panorama entonces es éste: hay alguna clase de esencia transhistórica en el arte, en todas parte y siempre la misma, pero únicamente se revela a sí misma a través de la historia”(2) .

En este sentido Semántica disemina unas propuestas que, sin unidad formal ni temática, trata de penetrar en los mascaras de la representación actual con una serie de interpretaciones, estéticas y discursos especulativos y críticos, que conviven sin conflictos. Agotado el modelo de los manifiestos, se proclama el triunfo de la diversidad, uno puede ser expresionista abstracto por la mañana y por la tarde artista pop o realista, como soñaba Warhol. No se precisa renunciar a nada y la pluralidad se configura como un rasgo distintivo. Pero, también, el desasosiego recorre muchos de estos proyectos, producido por un vacío ideológico y cultural “por la quiebra de nuestras esperanzas y proyectos históricos, sino también de la uniformización del consumo estético”(3) . En Semántica asistimos a un territorio de intimidades, a una acentuación de la identidad, a la construcción de itinerarios, a la producción de flujos culturales, de códigos interconectados. Forman parte de estas miradas la nostalgia de lo obsceno, la fascinación por la provocación situacionista, el juego estético y la resistencia política, que desembocan en prácticas fotográficas, videográficas, poéticas, pictóricas, dibujísticas, sonoras y performativas.

En la actualidad la cultura de los DJs se impone, el artista se ha vuelto un remezclador, sirviéndose de las formas y los temas heredados de las vanguardias, fusionando materiales, defendiendo la apropiación y el reciclaje. Los artistas han tomado conciencia de que todo vale y todo se integra, todo esta permitido con tal de que alimente la máquina del consumo, incluso los fragmentos trágicos de la historia, los cascotes visuales de las revoluciones son asimilados, servidos como un mix a ritmo de los movimientos del mercado. La creación definida en términos de montaje, de mixtura, de postproducción(4) como señala Nicolas Bourriaud, define este tiempo de mudanzas. “El desvío, es decir, la reutilización en una nueva unidad de elementos artísticos preexistentes, es una tendencia permanente de la vanguardia actual, tanto antes como después de la constitución de la I.S. Las dos leyes fundamentales del desvío son la pérdida de importancia -llegando hasta la pérdida de su sentido original- de cada elemento autónomo desviado, y la organización al mismo tiempo de otro conjunto significativo que confiere a cada elemento su nuevo sentido”(5) .

Semántica es un periplo por diferentes paisajes, un viaje en el que no se pretende tanto producir imágenes cuanto dejar impresas las huellas de la fabulación, los rastros del deambular. Este territorio que reúne diversos ritmos visuales, incide en la necesidad de peregrinación nostálgica por las vanguardias, pero con un significativo desplazamiento: consagra la deriva como un fin en si mismo. Asistimos a un nomadismo escenográfico que recorre distintas relaciones estéticas sin conflictos. El itinerario discurre sobre una topografía de resistencia, negándose a aceptar la mediocridad, proponiendo mínimas revueltas, escaramuzas cotidianas, traficando con “lo sensible heterogéneo”(6) .

Todo se ha transfigurado y acelerado, los adoquines de las revueltas estudiantiles han sido sustituidos por los SMS y nos movemos a velocidades de megas, mientras aumenta la sensación de agotamiento, de que hemos vivido todas las fiestas y el futuro es un permanente holocausto. Frente a esta realidad las imágenes integradas en los circuitos de información, convertidas en propaganda, consumidas con voracidad, en constante circulación, como mercancía perecedera, se vuelven portadoras del espectáculo, trampantojos para ocultar el desierto de lo real. Y “allí donde el mundo real se transforma en meras imágenes las meras imágenes se convierten en seres reales, y en eficaces motivaciones de un comportamiento hipnótico”(7) .

En general, Semántica, exposición comisariada por Jaime Rodríguez, se concibe como un collage de artistas, un remolino de nombres y propuestas, una suma de heterogeneidades. Y pese a esta pluralidad se percibe un espacio de cohabitación, un lugar abierto que revuelve en los contenidos pero no obvia las preguntas estéticas; una trama con decorado, compromisos políticos y poéticos que demanda a la obra de arte una toma conciencia que “no es académica, no obedece a ningún diseño preconcebido y sólo expresa veneración extrema de la receptividad” . Los artistas semánticos componen un escenario alternativo, un ecosistema visual, donde todavía es posible la representación, las nuevas experiencias, los juegos del lenguaje y los recursos experimentales. Posiblemente con la certidumbre del agotamiento, pero, también, con el vigor y la sinceridad de la enunciación.

(1) Thomas Lawson, Última salida: la pintura en Arte después de la modernidad , E.Akal, Madrid, 2001, pág. 157
(2) Arthur C.Danto, Después del fin del arte , Ed. Paidos, Barcelona, 1999, pág.50
(3) José Jiménez, Presente y futuro del arte en A qué llamamos arte. El criterio estético , Ediciones Universidad de Salamanca, Salamanca, 2001, pág. 47
(4) “Si la producción caótica de la producción conducía a los artistas conceptuales a la desmaterialización de la obra de arte, en los artistas de la post producción suscita estrategia de mixtura y de combinación de producto” (Nicolas Bourriaud, Post Producción , Adriana Hidalgo editora, Argentina, 2004, pág 52)
(5) IS, El desvío como negación y como preludio, aparecido en 1959 en Internationale Situationniste , # 3. Traducción extraída de Internacional situacionista, vol. I: La realización del arte, Madrid, Literatura Gris, 1999, en http://www.sindominio.net/ash/is0303.htm
(6) “Lo sensible heterogéneo que alimentaba el arte de la época estética puede ahora encontrarse en cualquier parte y en primer lugar en el terreno mismo del que los puristas querrían desterrarlo” ( Jacques Ranciere, Sobre políticas estéticas , Ed. Servei de Publicacions de la Universitat Autònoma de Barcelona, Barcelona, 2005, pág. 42)
(7) Guy Debord, La sociedad del espectáculo , Ed. Pre-Textos, Valencia 2003.

 

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