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ASTURIAS: ESCULTORES DE CINCO DÉCADAS

© Ramón Rodríguez

Apuntes para una cronología de la escultura de la modernidad en Asturias.

A mi padre, abril de 1995

 

Texto editado en el Catalogo "Asturias:Escultores de Cinco Décadas" ,editado por la Consejería de Cultura del Principado de Asturias,1995

Resulta obvio : la escultura siempre ha sido entendida como el arte de lo volumétrico. Y así es en efecto, pero cada vez resulta menos cierto en sentido lato. Como cada vez lo es más que las artes están acercándose entre sí y produciendo rozamientos, unas veces deseados y en otras ocasiones sin que los artistas los busquen expresamente pero que se originan. El resultado final es un número incontable de interferencias entre las distintas especialidades artísticas y un cada vez mayor porcentaje de artistas a los que sería difícil encuadrar en las coordenadas aceptadas tradicionalmente como las ortodoxas. Así vemos que en nuestros días la pintura se hace tridimensional; la escultura se aproxima cada vez más a la pared y la arquitectura, aunque nos parezca un tanto inverosímil, se hace escultura - habitable, por su propia naturaleza - y con frecuencia, se hace el intercambio en sentido contrario por el carácter marcadamente arquitectónico, aunque solo sea a dimensión de maqueta, de muchas de las llamadas esculturas en nuestro momento creativo.

El concepto tradicional de lo que deberíamos entender como escultura apenas nos vale como punto de partida. El material, antes calificado como noble o definitivo - arcilla, madera, piedra o metal - tampoco, ya que con el paso de los tiempos se ha ido produciendo una aproximación a componentes escultóricos que nada tienen que ver con aquella nobleza material primigenia y hasta, en ocasiones, los propios escultores se valen de medios efímeros o difícilmente considerables como definitivos por su propia naturaleza de fragilidad, consistencia y duración.

Lo mismo ha ido sucediendo a propósito del oficio. Aunque parezca paradójico ya no va a ser necesario ni imprescindible, saber tallar, modelar o fundir, ni siquiera esculpir para ser considerado escultor. Así, mediando la imprescindible sensibilidad y un mínimo de dominio de la espacialidad, un escultor de hoy en día parece aproximarse más a otro tipo de condicionantes técnicos. Un escultor, o mejor y para ir fijando posiciones, un artista que se exprese mediante volúmenes y se preocupe de las relaciones espaciales se basará en otros oficios artesanos o, lo que es más probable, en ninguno de ellos ya que hasta es posible que se valga de elementos industriales a los que ni siquiera manipulará y se limitará a ensamblar.

Así las cosas, los escultores, los antiguos ocupadores del espacio mediante volúmenes, han sufrido una serie de transformaciones desde los comienzos del siglo XX que no se limitan a meros conceptos estéticos; por el contrario y como hemos podido apreciar esa ocupación espacial ha derivado hasta las instalaciones que han prescindido de la pieza escultórica individualizada, fuese creada con fines ornamentales o no, y se han acercado a planteamientos en los que prima el concepto global sobre aquellos que propugnaban el valor incontestable de la pieza única.

¿ Como plantearse , entonces, quién es pintor, quién escultor e incluso quién es arquitecto ?. ¿ Quién artista, quién artesano ?. La respuesta parecen estar dándola, a través de sus obras los propios creadores y se nos ofrece como algo flexible de concepto y enormemente variado en su expresión técnica. El epígrafe bajo el que se acoge la exposición parece claro: es una muestra muy reducida, pero significativa, de la escultura que se ha hecho en Asturias bajo las premisas evolutivas que hemos ido desgranando en las líneas precedentes. Ya se ha expresado ese talante un tanto equívoco de los actuales escultores; aún en una región tan pequeña como Asturias - otra de las dependencias es esa ubicación geográfica o genealógica - se ha producido el fenómeno explicado. Ni siquiera en los artistas representados de más edad se da esa exclusividad técnica, ya que Camín dio sus primeros pasos artísticos en el campo de la pintura para evolucionar con posterioridad a la escultura en única dedicación y más tarde volver a retomar la pintura; Vaquero Turcios , arquitecto, ha compatibilizado siempre las tres especialidades; Pedrosa se inició como pintor y es muy reciente su irrupción en el campo tridimensional. Mientras tanto los más jóvenes, a quienes la revolución del concepto escultórico les ha cogido de lleno, tampoco se han podido liberar de esa bifuncionalidad y una somera mirada a su obra nos pone en situación de aseverar ese acercamiento a posturas tridimensionales - o bidimensionales al considerar algunas de sus obras como relieves- tal como ocurre en los casos de Manzano, María Jesús Rodríguez y Maojo, volviendo a encontrarnos en el caso de Benjamín Menéndez con un artista polifacético que hace pintura, escultura y cerámica. Así parece que los únicos escultores en sentido estricto serían Amador, Montaña y Alba, aunque es bastante difícil mantener tal aseveración sobre todo si nos atenemos a algunas de sus últimas muestras llevadas a cabo en algunas salas de exposiciones de nuestra región.

De todo este largo preámbulo surge un modelo de exposición en el que se recogen propuestas de concepto, materiales y tecnológicas en el que van a tener cabida los nombres que la configuran y que antes quedaron expresados; esa selección, lógicamente, es muy limitada, pero a ella aportan obra tanto los creadores históricos vivos como los más recientes innovadores; los que piensan su obra en tres dimensiones y los que siguiendo otras vías expresivas, aunque también volumétricas, están alejados de aquellos en el proceso creativo; están quienes sacan al bronce de su materialidad y le confieren sentimiento, pero también están aquellos artistas que se valen del objeto encontrado o previamente manufacturado y quienes encuentran, en una simple cuerda, en una burda madera aglomerada o en un cartón, cualidades equiparables al más fino y rebuscado de los mármoles. Con todo se ha conformado una muestra que ubica cronológicamente a nuestros escultores - entendido ya el término en el más amplio de los sentidos- agrupándolos en cinco décadas según sus fechas de nacimiento, siguiendo el modelo de otra exposición anterior titulada "Asturias: pintores de cinco décadas" que tenía en común con ésta tanto el ámbito cronológico como las particularidades de que algunos de los seleccionados podrían cerrar el ciclo maestro/discípulo, entendiendo la relación en un amplísimo sentido, como lo sería la de Camín y Maojo o la de Alba con María Jesús Rodríguez, Adolfo Manzano y Benjamín Menéndez. Es de destacar el caso de Montaña que al ejercer la docencia en Madrid no parece haber tenido influencia en el transcurrir de las más recientes generaciones de la escultura asturiana.

 

LOS PRECEDENTES

Entre los escultores asturianos que trabajan en el siglo XX destacan una serie de nombres que, lógicamente, llevarán a cabo su trabajo dentro de las más estrictas directrices "académicas" o, por mejor entendernos, ortodoxas. Los materiales considerados desde siempre como los escultóricos y el proceso creativo tradicional serán las herramientas de artistas como Sebastián Miranda ( Oviedo 1885- Madrid 1974), autor de una obra no excesivamente innovadora, reducida casi siempre a pequeñas figuras en las que, sin embargo, destacan sus dotes retratistas pese a los rasgos un tanto caricaturescos con los que los resuelve. Su interés por el mundo de los gitanos hace que le sirvan de modelo constante y finalmente su afán populista le lleva a la realización de su obra más conocida, "El retablo del mar", destruida casi por completo durante la guerra civil, rehecha con posterioridad y conservada en el Museo Casa Natal Jovellanos de Gijón.

Otro artista de similares características técnicas aunque mejor dotado es Víctor Hevia (Oviedo 1885- 1957), autor de retratos realistas, pero también vigorosos por la manera de construir en grandes planos, de muchos personajes asturianos de su época, de varios importantes monumentos esparcidos por toda la geografía astur y que dejó huella de sus maneras de hacer a través de la docencia en la Escuela de Artes Aplicadas de Oviedo a la que llega después de haber estudiado en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid y haberse perfeccionado en viajes de estudios en Italia y Francia. Algunos ejemplos de su obra pueden contemplarse en el Museo de Bellas Artes de Asturias, en el Campo de San Francisco y en el Jardín de los Reyes Caudillos, todo ello en Oviedo. Discípula suya fue Covadonga Romero (Boo 1917) de muy corta trayectoria escultórica.

Manuel Alvarez-Laviada (Trubia 1894- Madrid 1958) ingresa muy joven en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, pero su verdadera formación la completará con la estancia de cuatro años en Roma, ciudad en la que disfruta de una Pensión del Estado desde 1922 a 1926 y que le marcará su estilo. Apartado de las corrientes realistas imperantes en su época, mirará hacia la escultura clásica griega y romana y le acercará, según Villa Pastur, a las maneras de un Aristide Maillol. Su obra en lugares públicos de Asturias se concentra principalmente en los Parques de San Francisco en Oviedo y en el de Isabel la Católica de Gijón.

Hijo del importante pintor José Ramón Zaragoza y un tanto influida en sus maneras por ello, la obra de Gerardo Zaragoza ( Cangas de Onís 1902- Madrid 1985 ) no es excesivamente abundante, pero si lo es el haber dedicado gran parte de su vida a la enseñanza del dibujo, de la que pudieron aprovecharse no pocos profesionales de las artes plásticas y de la arquitectura. Su obra más conocida es el relieve relativo a la batalla de Covadonga en el jardín de los Reyes Caudillos en Oviedo.

De la obra escultórica de un artista tan polifacético- pintor, escultor, ilustrador- como Faustino Goico-Aguirre ( Oviedo 1906 - 1987) cabe destacar los relieves murales de la sede del Instituto de Previsión en Oviedo, resueltos con una clara visión de las nuevas vías que iba a tomar la escultura y considerado por todos los expertos como uno de los más claros ejemplos entre aquellos que propugnan una simplificación de medios en pos de una más directa comunicación.

De todos los escultores que hemos venido considerando como los precursores en el siglo XX, antes de llegar a la primera eclosión de artistas que orientan sus creaciones hacia coordenadas estéticas más avanzadas, posiblemente sea un malogrado escultor, Antonio Rodríguez "Antón" ( Candás 1911- Murias 1937),el que podría haber servido de puente entre generaciones. Fallecido en plena juventud durante la guerra civil, su obra se trunca y tan sólo nos queda preguntarnos hacia donde desembocarían las inmensas posibilidades apuntadas en los pocos años de ejercicio artístico y ante la contemplación de las obras que de él se conservan en el Museo Antón de su Candás natal, tanto en escultura como en pintura, nos resta la gran incógnita de su evolución posterior que sin duda sería, por su talante creativo apenas esbozado, hacia posturas más avanzadas.

Quizá no podamos asegurar con rotundidad que los escultores asturianos que van a suceder cronológicamente a éstos hayan bebido directamente en sus fuentes, salvo el caso de Montaña en la obra de Laviada, pero de lo que no cabe duda es que, al menos, muchos de ellos han podido ver, siquiera en paseos por calles y parques de las ciudades citadas, algunas de sus obras y sentirse atraídos por el procedimiento. Los años siguientes- y nos ha venido bien concluir el apartado con un hecho relacionado con la guerra civil española- ya no serán iguales para nadie. Las nuevas corrientes estéticas acabarán por imponerse, los artistas saldrán cada vez con mayor frecuencia de sus reductos regionales, primero a Madrid y posteriormente a otras capitales europeas, con preferencia a París y a Roma y allí se encontrarán incluidos en movimientos artísticos que les harán variar profundamente los planteamientos anteriores. En unos casos siguiendo estudios oficiales como es el de Montaña, mientras que otros se formarán de manera autodidacta en estrecha vivencia con los ambientes más progresistas de las artes plásticas durante los últimos años de la década de los cincuenta y los primeros de la de los sesenta como les sucedió a Amador y a Camín. La moderna escultura asturiana nacerá en esos momentos.

 

NACIDOS EN LOS AÑOS 20

Tres de los cinco artistas nacidos en esta década figuran en la exposición y a ellos se deben los primeros pasos de la escultura asturiana por sendas de modernidad, siendo los tres escultores representados los más tempraneros en enfrentarse a problemas de concepto inexistentes en nuestra región hasta su aparición, por más que ninguno de ellos se haya iniciado en la práctica de la escultura dentro de nuestros límites geográficos. Amador, Montaña y Camín pueden considerarse como los pioneros de la práctica escultórica moderna en Asturias, mientras que Mieres se incorporará a la escultura en momentos más recientes y Christa Beissel, originaria de Alemania, no expondrá en Asturias hasta la presente década.

Christa Gräfin Beissel (Alemania 1924) se forma en la talla en madera en varias escuelas de su país de origen orientándose hacia la imaginería religiosa; sin dejar de pensar en volumen, desde su afincamiento en Gijón trabaja en la pintura y en épocas recientes vuelve la vista hacia la escultura de corte más avanzado utilizando hierro y pizarras coloreadas como materiales preferentes.

Amador Rodríguez, "Amador" ( Ceuta 1926) es, pese a su lugar de nacimiento originario de Cangas del Narcea y, como él mismo asevera, asturiano porque quiere serlo. Iniciado en el mundo del arte como pintor autodidacta durante los últimos años cincuenta, pronto va a encontrar en la escultura un medio expresivo que le permitirá evolucionar hasta zonas de experimentación y sentimiento más próximas a sus afanes intelectuales. Sus primeras esculturas, de fuerte carga expresionista, responderán a la problemática social de aquellos años para progresivamente ir acercándose a motivos esenciales. En aquel primer momento expresionista parece mirarse en el espejo de un Pablo Serrano en pleno furor creativo y de admiración pública, con la fundación del influyente grupo "El Paso" muy reciente; posteriormente encontraría en las formas de Ángel Ferrant una nueva posibilidad de experimentar en el hierro, para desembocar finalmente, y antes de encontrar un lenguaje propio, en influencias de Jorge Oteiza. Son ya los primeros años de la década de los sesenta, en los que realizará su primera exposición individual - 1961 - en la Sala Amadís de Madrid, cuando Amador encontrará ese camino personal que le hace inconfundible. Primero con lo que él mismo denomina escultura redonda, con la esfera como protagonista formal de toda su obra y, más tarde, hallando en el cubo y en sus relaciones con otros cuerpos geométricos regulares una cantera inagotable de posibilidades de las que no están ausentes ni la lógica, ni el azar. Si buscásemos un par de rasgos claros y definitorios de lo que es la escultura de Amador, estos serían la sencillez expresiva y la elementalidad geométrica, aún sabiendo que todas sus obras están basadas en fórmulas geométricas como los triángulos egipcios, el tetraktys pitagórico o los números Fibonacci. El soporte material definitivo de sus piezas es ortodoxamente escultórico, sea piedra o bronce, en ocasiones hierro, pero antes habrá pasado la fase de evolución creativa desde el dibujo sobre papel, la maqueta en cartón o madera, no debiendo dejar de lado esta faceta del proceso a la vista de lo ilustrativa y aclaratoria, a la vez que interesante, resultó la exposición "Taller de investigaciones" realizada en el Centro de Escultura "Museo Antón" de Candás. Amador alcanzó renombre internacional durante los años setenta a través de sus participaciones en las Bienales de Venecia de 1970 y 1972 así como en diversas ediciones de las de Sao Paulo, París, Alejandría, Florencia y Carrara. No está excesivamente representado en lugares públicos en Asturias en cuanto a escultura monumental: una pieza de mediano tamaño en el aeropuerto y otra, ésta de considerables dimensiones, en el jardín del Museo Antón de Candás.

Alejandro Mieres (Astudillo, Palencia 1927) figuró como pintor en la exposición paralela a esta y dedicada a la pintura. Es una figura de gran influjo en las generaciones siguientes de artistas jóvenes, no tanto porque hayan seguido sus maneras de hacer, sino por la autoridad de su magisterio. No escapa a nadie que siga su trayectoria la gran preocupación volumétrica que desde siempre parece estar presente en sus pinturas en las que ha sido frecuente la inclusión de objetos e introducido relieves planimétricos, aunque no es hasta fecha relativamente reciente que la pintura ha derivado, sin perder su propia naturaleza, en objetos exentos que casi siempre han adoptado formas de columnas o tótems. que frecuentemente aparecen rematadas por superficies de corte pintadas dentro de su estilo habitual.

Cesar Montaña ( Vegadeo 1928) estudia en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, carrera que termina en 1953. En 1955 obtiene el "Gran Premio de Roma" que le posibilita una estancia en dicha ciudad hasta 1960, lo que va a constituir una de las bases de su trabajo al estar en contacto con la escultura clásica, viajando con posterioridad por diversos países de Europa. Es la suya, una obra de hondas raíces tradicionales y académicas, como ya queda dicho; nada del trabajo artesano se le escapa, sea en la madera o el bronce y, ocasionalmente, en la piedra cuando se trata de grandes monumentos. Sus primeras piezas tienen las lógicas influencias de toda obra joven y se amoldan a los gustos clásicos vigentes en aquel tiempo, recordando en cierta manera las de Alvarez-Laviada - de quien Montaña habla con verdadera devoción y vehemencia- pero resueltas con la fuerza de la juventud. Poco a poco, al paso del tiempo, las intenciones se irán decantando, el estudio de los procedimientos artesanos perfeccionando y así llegará a un estadío de síntesis entre la modernidad que se va imponiendo en toda Europa y el substrato tradicional que le da su gran conocimiento del oficio y de la escultura clásica. Su obra, de siempre se va agrupando en temas, siendo los primeros en aflorar los de las maternidades, los oficios, las venus y los circenses, más tarde los músicos y siempre los caballos, temas que van apareciendo y desapareciendo, debido en gran parte a la organización del trabajo de manera simultánea en varias piezas a la vez. A mediados de los sesenta descubre Montaña la estructura interna de las conchas de los moluscos, cuestión que le lleva a traducirlo en formas escultóricas que, con el paso del tiempo, parecen estar presentes en un buen número de sus trabajos; es el helicoide que el artista aplica en la madera y los bronces y le posibilita reunir en una pieza las tres grandes preocupaciones de todo escultor: el espacio ocupado, la luz y el aire. Estos tres elementos estarán siempre presentes en toda su obra, jugando siempre con los vacíos y los llenos, estableciendo un diálogo entre las partes ocupadas y las desocupadas y hasta en las piezas de mayor rotundidad y aparente tosquedad se intuye ese respeto y esa precaución de no ahogar el espacio circundante. Su gran etapa parece ser la década de los setenta, momento en que recibe gran cantidad de encargos, alguno de ellos de la grandiosidad del monumento a los Reyes Pirenáicos en Huesca, obra de más de seis metros de altura; de la misma época data la Llama olímpica, bronce ubicado en las inmediaciones del Palacio de los Deportes de Oviedo y bastante anterior es el relieve en bronce titulado Diálogo actualmente en el jardín del Archivo de Indianos en Colombres. Entre 1970 y 1993 fue profesor de modelado en la Escuela de Artes Aplicadas de Madrid habiendo pasado por su aula bastantes de los escultores jóvenes más prestigiados en la actualidad.

Joaquín Rubio Camín "Camín" ( Gijón 1929) se inicia, al igual que otros muchos escultores, como pintor, llegando a lograr en 1955 el Premio Nacional de Pintura.

Después de dar los primeros pasos artísticos en su ciudad natal, en compañía del pintor Antonio Suárez, se desplaza a Madrid y allí se afincará y celebrará sus primeras exposiciones. Además de haberse dedicado a la fotografía artística formando el grupo " La palangana" con fotógrafos del prestigio de Cualladó, Miserachs y Masats entre otros, a inicios de la década de los sesenta se orienta hacia la escultura. Aunque evoluciona dentro del oficio a la manera tradicional, no desdeñando la talla en madera, pronto mirará hacia las posibilidades expresivas del hierro y dentro de este material hacia las formas industriales, preferentemente los angulares con los que realiza composiciones geométricas abstractas de gran rigor constructivo. Pronto alcanzará la consagración como escultor y así en 1962 recibirá el Gran Premio Nacional de Escultura por uno de sus hierros. Los años sesenta y setenta serán los de la expansión de su obra escultórica por todo el mundo a través de su participación en las Bienales de Venecia y Sao Paulo, así como en otros certámenes por muy diversas ciudades. Seguirá explorando la geometría del hierro, hasta que en 1975 regresa a Asturias, a Valdediós, y allí se topa con la naturaleza y con la madera en estado natural que le impresiona hasta tal punto que dedicará, sin abandonar el hierro, todo su esfuerzo en conseguir arrancarle el mismo vigor estético que antes había logrado extraer del material metálico. Con otros planteamientos menos puristas pero con igual carga geometrista, tratará con apasionada fuerza y con un talante expresionista, cualquier tipo de madera a la que también dejará expresarse a través de sus nudos, de los estallidos de desecación de la savia y las coloraciones subsiguientes, trabajándola con motosierra y despreocupándole cualquier perfeccionismo en el acabado que casi siempre da impresión de rudimentariedad. Alternará, no obstante, el tratamiento de la madera con otro tipo de materiales, regresando al metal, ahora en planchas, con lo que depurará formas que van evolucionando a una gran sencillez formal, llegando incluso a la eliminación de las superficies hasta alcanzar con sus últimas obras, expuestas en el Museo Barjola en 1994, un lenguaje muy cercano a planteamientos minimalistas al quedar reducidos los volúmenes, únicamente, a las aristas realizadas en acero calibrado. No ha querido Camín, nunca, dejar de expresarse con la más variadas técnicas y estilos y aún cuando es más conocida su faceta de escultor abstracto - valga la expresión- ha ido dejando obras de talante realista dentro de la imaginería religiosa, del mismo modo que ha utilizado también el hormigón, preferentemente en obras monumentales en el exterior, siendo uno de los escultores con más representación pública en diversos lugares de Asturias, como el Paseo de Begoña en Gijón, Parque de la Concordia en Arriondas, Parque de Ferrera en Avilés y Polideportivo de los Canapés en esta misma ciudad, así como un par de obras en el jardín del Museo Antón de Candás.

 

NACIDOS EN LOS AÑOS 30

Llama la atención el hecho de que los escultores más representativos de los nacidos en esta década no lo hayan hecho en Asturias, aunque todos ellos tengan una vinculación muy directa con la región. Así el artista seleccionado para la exposición- Joaquín Vaquero Turcios- es hijo de uno de los pintores asturianos de más fama internacional-Joaquín Vaquero Palacios- y en esta década nace también el escultor José María Navascués cuya temprana muerte nos dejó sin completar todas las inmensas posibilidades que apuntaba.

Félix Alonso Arena (Piloña 1931), continúa la exploración académica y su trayectoria pública es bien escasa, habiendo dedicado toda su atención a la enseñanza en la Escuela de Artes Aplicadas de Oviedo, a la que llega después de haber estudiado en la Escuela de San Fernando en Madrid y al cumplimiento de encargos de retratos cumplidos con perfección.

Joaquín Vaquero Turcios ( Madrid 1933) hijo del gran pintor Vaquero Palacios, pasa toda su infancia en Oviedo en un ambiente familiar de gran raigambre artística, al estar también relacionado con la saga de los Casariego. Pronto pasa a residir en Roma, ciudad a la que se había trasladado su padre y en la que estudiará arquitectura a la vez que se inicia en la pintura primero, en la pintura mural con posterioridad , hasta desembocar, alternando todas las especialidades, en el terreno de la escultura. Ha vivido, además, en Estados Unidos, México y Centroamérica, lo que le ha valido para que su obra respire simultáneamente del clasicismo italiano, del cosmopolitismo norteamericano y de las raíces populares indígenas. Su primera exposición individual la realizó en 1953 en la ciudad suiza de Lugano y bien pronto, en 1955, regresa a Asturias dejando su huella artística en la central eléctrica de Grandas de Salime, colaborando con su padre, hecho que se volverá a producir, años más tarde, en la central de Tanes. Desde siempre ha buscado la integración en la arquitectura de su obra pictórica o escultórica, habiendo escrito textos justificativos de tal actitud; sus murales de hormigón , atravesados por perforaciones y fusionados en las estructuras, las dimensiones colosales de muchas de sus creaciones más conocidas, lo convierten en un creador ambiguo, situado en un punto equidistante entre la arquitectura, la escultura y la pintura. Porque, curiosamente, en sus obras de tamaño reducido se va a producir el efecto contrario, de manera especial en sus muros que vienen a ser como trozos de arquitectura arrancados y presentados como vestigios incluso por las referencias titulares que siempre nos conducen a lugares concretos, piezas en las que el artista tampoco olvida la inclusión pictórica a través de la introducción de zonas coloreadas; el material más utilizado en aquellos momentos fue la piedra, pero sin olvidar el aluminio o la madera que recorta y distribuye como si se tratara de gruesas pinceladas en capas sucesivas .A estos muros de los años ochenta van a suceder otras piezas de más clara vocación escultórica autónoma, pero también deudoras de la técnica pictórica, tanto por la coloración superficial como por los efectos cinéticos y de muaré que logra con la utilización de chapas de hierro perforadas , ordenadas casi siempre en formas geométricas como el círculo y el rectángulo y que parecen estar reclamando una mayor dimensión. Porque es bien cierto que gran parte de la obra más conocida de Vaquero es aquella en la que las medidas llegan a alcanzar cotas con las que muy pocas veces pueden expresarse los escultores; baste para ello enumerar la escultura ubicada en Serín, en el cruce de la autopista Y asturiana fechada en 1976; el gran conjunto monumental del Descubrimiento en la plaza de Colón de Madrid en 1977; el mural de rasgos geometristas de la calle Valenzuela en la misma capital y su última aportación a la estatuaria asturiana: Nordeste, recientemente implantada en la subida al Cerro de Santa Catalina del barrio de Cimadevilla en Gijón.

Manuel Calvo (Oviedo 1934) es uno de los artistas asturianos menos conocidos en su propia tierra y no porque carezca de importancia su obra, sino por sus escasas apariciones públicas y por su desmedida autocrítica. Creador muy versátil, practica todas las técnicas y atraviesa etapas muy prolíficas en las que no está ausente la escultura. Realiza unas piezas de intención modular basadas en la pintura "La alegoría de la fertilidad" de Jordaens a la que dedicó una serie muy amplia de obras bajo el título "La fertilidad de la alegoría", con una lejana referencia a la obra de Jean Arp.

José María Navascués (Madrid 1934 - Oviedo 1979) formado en academias preparatorias para el ingreso en las Escuelas de Arquitectura e Ingeniería, precisamente en la del escultor Gerardo Zaragoza, abandona esas intenciones y se dedica en principio a la decoración y con posterioridad a la pintura, para alternar también la práctica de la escultura en unas piezas de claras resonancias expresionistas, sin que en ellas se adivine nada del posterior Navascués que no sea el material - madera - en que están realizadas y que ya nunca abandonará, salvo algunos experimentos con materiales sintéticos y bronce. La verdadera eclosión de Navascués se producirá en los años que van desde 1969 a 1979, una década impresionante en su trayectoria creativa y también por su aportación teórica a los jóvenes artistas asturianos, en aquellos momentos huérfanos de una figura de verdadera transcendencia e imbricación, desde lo que se da en llamar provincias, en el conjunto de las artes plásticas en España. Su obra volumétrica se puede clasificar en cuatro grandes grupos: las llamadas esculturas negras de concepción orgánica y de muy acusada adscripción al oficio de esculpir aún dentro de su particular creación de los bloques; la serie cajas de resonancia con maneras más constructivas; otra serie de esculturas negras que vienen a ser una síntesis conceptual de las dos anteriores con temas figurativos esquematizados; finalmente el grupo madera + color , iniciada en 1976 y de muy escaso desarrollo temporal pese a ser numerosas las obras realizadas, al fallecer el artista en 1979, en plena ebullición productiva, reclamado por las galerías más prestigiosas y enviado a representar a España en bienales de reconocida solvencia. Su prematura muerte trunca, además de ese papel de conductor que sin duda estaba llamado a ocupar en relación con las generaciones más jóvenes, la carrera de uno de los escultores españoles con más personalidad y originalidad. El Museo de Bellas Artes de Asturias en Oviedo y el Museo Jovellanos de Gijón tienen sendas salas dedicadas en exclusiva a su obra.

María Antonia Salomé (Pola de Lena 1934), perteneció al grupo Astur 71 y su paso por la escultura fue bastante fugaz. De entonces datan piezas investigadoras de nuevos materiales como los nudos de tuberías plásticas que expuso en la galería Tassili de Oviedo.

Segundo González Posada "Hyto Posada" ( Mieres 1935- 1992 ) fue un artista de variada e innovadora técnica, introduciendo con frecuencia el objeto manufacturado en sus composiciones, casi siempre cargadas de intenciones irónicas.

Mariano García "Ciagar" ( León 1936) dedicado básicamente a la enseñanza en Gijón, es pintor de no muy abundantes exposiciones, habiendo figurado en el Grupo Astur 71 como escultor, dedicando especial interés en la investigación de materiales no muy puros, escultóricamente hablando, como la goma espuma.

Vicente Menéndez Prendes " Santarúa" ( Candás 1936) también volcado en la enseñanza, es pintor de ecos costumbristas y un buen retratista en sus esculturas, frecuentemente de personalidades. Ha realizado el busto en bronce de Philippe Cousteau, de grandes dimensiones, ubicado en la península de la Peñona en Salinas dentro del conjunto que constituye el llamado Museo de Anclas.

Adolfo Bartholomé ( Gijón 1937) fundamentalmente pintor y grabador, también ha dedicado atención a la escultura a través de unas piezas de reminiscencias figurativas muy esquematizadas y un tanto primitivistas, pero sin olvidar que en muchas de sus pinturas de los años ochenta ha introducido siluetas recortadas y que también ha realizado unas misteriosas cajas de las que emergen manos de maniquí, en una línea un tanto cercana al surrealismo que también se respira en el resto de su obra.

Vicente Vázquez Canónico (Gijón 1937) no es artista de demasiadas apariciones en su región. Su obra es depurada en lo formal, casi siempre de formas redondeadas y en acabados brillantes del bronce que es el material de su preferencia.

Eduardo Úrculo ( Santurce 1938) pintor de reconocido prestigio en las coordenadas del arte pop español, pasa su infancia y juventud en Sama de Langreo por traslado laboral de su padre y realiza sus primeras exposiciones en Asturias. A mediados de los ochenta comienza su trabajo escultórico que compagina con la pintura de la que extrae, frecuentemente, los temas para sus piezas en volumen. Sombreros, sillas, chaquetas y maletas son tratados en bronce con un estricto talante realista y conformarán su repertorio formal que completará con apariciones de la figura humana como en el monumento El regreso de Williams Arrenberg ubicado en la Plaza del Conde de Toreno, en Oviedo.

 

NACIDOS EN LOS AÑOS 40

Ya comienzan a abundar los nombres con los nacidos en la posguerra y con el desarrollo de las posibilidades tanto expositivas como académicas que, poco a poco, van a ir dándose en nuestra región, así como con el asentamiento de las bases puestas por todos los escultores citados en las líneas precedentes y que van a ir mostrando el camino a las nuevas generaciones, aún cuando la mayor parte de ellos no residan en Asturias.

Manuel Castañón ( Llananzanes, 1941) es de un afán viajero que le ha impedido ser conocido en Asturias. Después de formarse en las Escuelas de Artes Aplicadas de Salamanca y de Bellas Artes de Sevilla, ha realizado esculturas de carácter expresionista.

Armando Pedrosa (Oviedo 1941) de inicios profesionales en el campo de la pintura, estudia en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid y viaja con posterioridad a Londres. De regreso a España, hacia la mitad de la década de los setenta, dedica un primer estadío de atención a la escultura, si bien a través de la construcción de una formas geométricas muy sencillas, con acabados en relieves que ya anticipan, por su elementalidad, las que va a realizar en la década de los noventa. Ahora, sus piezas siguen basándose en formas geométricas que extrae, casi directamente, de planchas de hierro manufacturado y que va construyendo a través de bocetos y maquetas en las que experimenta las reacciones estéticas de las sucesivas modificaciones introducidas. Algunas de estas esculturas están compuestas por piezas macizas - la chapa en estado casi puro, aportando sus óxidos naturales, mientras que otras tienen un planteamiento un tanto distinto al ser realizadas mediante varillas o finas chapas con las que Pedrosa consigue efectos de transparencia y de vacío, a la vez que por su sencillez elemental nos acerca a planteamientos minimalistas, siendo uno de los pocos escultores en nuestra región que se aproxima a tal tendencia. La vocación pictórica de Pedrosa, no obstante, seguirá presente en muchas de sus piezas escultóricas mediante la introducción del color, casi siempre de los considerados primarios, que va a otorgar una nueva dimensión a los volúmenes resultantes a la vez que prolongan su habitual manera de componer mediante recortes cromáticos que confieren a sus piezas un cierto regusto de arquitectura pintada en la que tampoco están ausentes las tensiones de equilibrio y el dinamismo de los elementos compositivos que, en ocasiones, parecen escaparse del núcleo central de la pieza. Su obra volumétrica, en claro contraste a la pintura que sigue realizando, parece mucho más meditada - no sin dejar de reseñar el rigor sintético que siempre está presente en toda su producción- y la esencialidad de sus composiciones nos deja en situación de pensar que aún ha de evolucionar y que ese ascetismo que domina gran parte de las esculturas que hasta el momento hemos podido contemplar ha de desembocar en piezas menos constreñidas a las dimensiones que hasta el momento ha venido utilizando, para situarnos ante otras que parecen permanecer agazapadas y a la espera de grandes espacios abiertos en los que desarrollarse plenas de potencia y expresividad.

Angela García Cuetos "Angela" ( San Martín del Rey Aurelio 1942) se forma en la Escuela de Bellas Artes de Londres y su primera influencia lógica será de la obra de Henry Moore. Además de piedra y bronce, trabaja también en cerámica, siendo una de las primeras escultoras asturianas en reivindicar la importancia de este material.

Juan Gomila ( Barcelona 1942) pasó su infancia y juventud en Gijón donde conoció y frecuentó el estudio de Navascués. Su obra más conocida es la pictórica, pero en la década de los setenta lleva a cabo lo que llamó cajas-ambiente , volúmenes de concepción pop, muy coloristas y con el tráfico de la ciudad como motivo central, pudiendo considerarse como precursor de las instalaciones en Asturias.

María Victoria Blanco del Dago (Cangas de Onís 1943) fue discípula de Cesar Montaña y sus primeras obras denotaban su influjo. Trabajó en la Academia de Roma y sus apariciones expositivas no han sido muy frecuentes al estar dedicada casi en exclusiva a la enseñanza en la Escuela de Artes Aplicadas de Madrid.

José Manuel Legazpi ( Bres 1943) es otro típico ejemplo del pintor que deriva hacia la escultura. A mediados de los ochenta comienza su dedicación realizando unos objetos basados en la herramienta y la maquinaria populares, trabajándolos de manera muy directa y expresiva, para ir depurando el lenguaje que culminaría con la serie llamada Carracas y matracas expuesta en 1989 en el Museo de Bellas Artes de Asturias, continuando su lenta evolución hasta lograr un personalísimo lenguaje plástico con las piezas expuestas en la VI Bienal de Arte Ciudad de Oviedo, perfecta síntesis aunadora de la tradición y de la innovación escultóricas, debido en parte a la perfección artesanal que siempre ha sido una de sus grandes preocupaciones y por otro lado por la personal aportación formal. Sus materiales, maderas, cueros, hierro y piedras, nos remiten directamente al entorno rural en el que vive y a las profesiones artesanales que él admira, pero su planteamiento estético y los resultados conseguidos podrían equipararse a cualquiera de los alcanzados por los grandes escultores españoles de la modernidad.

José Luis Fernández ( Oviedo 1943) es uno de los artistas asturianos a quien podríamos calificar, inequívocamente, como escultor, especialidad que ha venido cultivando desde su juventud, primero en Asturias y posteriormente en Madrid, ciudad en la que montó un taller de fundición al que acuden no pocos profesionales. A la vez, es también uno de los más dotados artesanalmente y no ha dejado de tocar todo material escultórico, desde los tradicionales hasta aquellos otros considerados innovadores. Así, ha trabajado la madera, las piedras, el bronce, el aluminio, el hierro, el hormigón y los plásticos, tanto para piezas únicas de considerable tamaño, como para otras seriadas en formatos reducidos, así como en medallas y trofeos. Su obra personal puede agruparse en tres grandes temas: osamentas, floraciones y germinaciones, todas ellas con un parecido esquema constructivo en columna y capitel, siempre muy cuidadas en su acabado.

José Ramón Muñiz (Trubia 1943) ha transitado por diversas especialidades artísticas siendo hacia los primeros años de los ochenta cuando se enfrenta al volumen, casi siempre utilizando la pirámide por su valor simbólico y referencial, a la vez que le dotaba de significados conceptuales por la introducción de espejos que reflejaban el paisaje. Ubicadas en lugares de México, cerca de ruinas arqueológicas con la misma forma piramidal, enfrentaban la realidad y la virtualidad en un planteamiento conceptual que repitió más tarde en otras piezas.

Guillermo Basagoiti ( Madrid 1944) aunque de vínculos y residencia asturianas, es un escultor de gran vigor, formado en forja a la manera tradicional, destaca sobre manera en aquellas realizaciones en hierro para las que se vale de grandes chapas de desguace naval con las que consigue piezas un tanto pictóricas por el juego de oxidaciones de las superficies y de un afortunado barroquismo. Retirado de la creación, sigue vinculado a la escultura desde su puesto gestor del Centro de Escultura Museo Antón de Candás.

Fernando Alba ( La Folguerosa 1944) es un inequívoco vocacional de la escultura, técnica que nunca ha abandonado para intentar ese viaje de ida y vuelta a otros distintos procedimientos, experiencia tan del gusto de numerosos artistas que han querido investigar en otras formas expresivas. En sus comienzos - su primera exposición individual la lleva a cabo en 1966 - trabaja con el barro y realiza unas piezas de configuraciones redondeadas con incuestionables referencias a la figura humana, en la línea organicista que, a la sazón, era la estética dominante. Su trabajo va a ir ordenándose y el siguiente paso ya será hacia la utilización de otros materiales más consistentes, dirigiendo su atención hacia las chapas de hierro a las que, mediante pliegues y cortes consigue dotar de una carga geometrista que le va a separar de su etapa anterior y que le aproximará, ya en 1971, a las obras y a los artistas que con él expondrán, encuadrados en el grupo "Astur 71" y con la referencia al lenguaje abstracto absolutamente consolidada. Aquellas piezas mínimas - nada que ver con minimalistas - van a convertirse, apenas sin notarlo, en el embrión de otras mucho más complicadas de formas, muy compactas en su naturaleza pero también muy etéreas en cuanto a su intención, que desembocarán en la pieza premiada en el Concurso de Autopistas del Mediterráneo, obra de más de seis metros de altura y de una clara direccionalidad ascendente, a la manera de cualquier árbol que, en esencia, es lo que son las siguientes obras de Alba. Y abundando en el tema, más que árbol pueden ser consideradas como una especie de "tótems", tanto en las ocasiones en que están agrupados, como en aquellas otras en las que se yerguen, esa parece ser la palabra, aislados. Durante esa etapa trabajó preferentemente en aluminio y, en las obras de gran tamaño, en hormigón. Posteriormente, aparecerán los árboles que ya en 1979 ocuparán el espacio expositivo de la Galería Tassili en Oviedo, acompañados de ramas, en una aproximación a las instalaciones consideradas como propuesta conceptual. Desde entonces, su obra va a girar en torno al mundo del árbol en particular y de la naturaleza en general, con claras referencias a momentos vividos, unas veces en la infancia, otras veces en relación a conceptos ideológicos que hacen que la aparente objetualidad del tronco, que parece ser un algo encontrado, sufra transformaciones que en ocasiones son mínimas y en otras, en cambio, introduce elementos de concepto que originan un choque entre la carga simbólica y la apariencia formal. Siempre avanzando y depurando el objeto que muy pocas veces admitiría el calificativo de encontrado y las más de las ocasiones si que aceptaría el de buscado. Eso parece que va a ocurrir con las marañas de troncos - como gigantescos nidos - que ya aparecieron, en un estado muy primitivo, en sus primeras realizaciones y que ahora están esperando el toque preciso para aflorar al exterior, ya con categoría de obra de arte. Alba es escultor de bastantes monumentos; el ya citado de la Autopista del Mediterráneo, el monumento a Clarín en El Entrego, el de la fosa común del Cementerio de Oviedo, el del puente de Cangas del Narcea, el del barrio de Ventanielles y uno en fase de proyecto para la plaza del Humedal en Gijón.

Mauro Alvarez ( Oviedo 1945) es un escultor de índole realista y con una gran formación artesanal. No ha participado en exposiciones con demasiada frecuencia, habiéndose limitado a cumplir encargos de temática muy diversa y a la seriación de piezas de pequeño formato en bronce.

Soledad García ( Gijón 1945) es una ceramista de muy buena base alfarera que recientemente ha realizado esculturas cerámicas de rango naturalista muy esencial, así como formas helicoidales de muy complicada factura.

Herminio Alvarez ( La Caridad 1945) ha llegado a la escultura en momentos muy recientes, habiendo evolucionado muy positivamente en un escaso lapso temporal. Comenzó con pequeñas maquetas de cartón que han ido ganando en tamaño y en fuerza expresiva al tiempo que se iban liberando de una excesiva carga artesanal hasta alcanzar un lenguaje lo suficientemente personal como para esperar, en un futuro no muy lejano, nuevas y brillantes cotas expresivas.

Pedro Santamarta ( Santas Martas, León 1945) ha venido realizando una obra de claras referencias organicistas, en bastantes ocasiones muy cercanas en cuanto a temática a las formaciones geológicas - su profesión es la de geólogo- siendo, posiblemente, quien más haya seguido directamente a Navascués y sus postulados.

Miguel Ángel Lombardía ( Sama de Langreo 1945) pintor de muy buen oficio y creatividad ha introducido en sus pinturas concrecciones volumétricas que reforzaban un cierto talante informalista a la vez que las acercaban al terreno de los relieves murales. Como escultor llegó a realizar una exposición en la Galería Tassili de Oviedo en 1978 dentro de unos parámetros expresionistas y con la madera como material exclusivo. Desde entonces no ha vuelto a exponer obra en volumen.

José de la Riera ( Gijón 1946) como tantos, ha alternado distintas técnicas, desde la pintura, hasta la realización de happenings e instalaciones. Como escultor ha realizado una muestra, expuesta en diversas galerías, centrada principalmente en la temática de las estelas en unas obras, a mitad de camino entre escultura propiamente dicha y pintura, de gran y escueta belleza formal.

Francisco Arenas ( La Roda, Albacete 1947) pintor y ceramista, vinculado a Asturias como enseñante en un instituto de Avilés, realiza cerámicas de referencias naturalistas y más recientemente otras de talante experimentalmente pictórico.

Juan Zaratiegui ( Oviedo 1948) aunque dedicado a la enseñanza del dibujo como dedicación preferente, ha transitado por vías escultóricas, frecuentemente en el campo de la medallística.

José Paredes ( Oviedo 1949) tiene como principal dedicación la pintura pero en ocasiones ha realizado obras en bulto redondo sin desvirtuar un estilo creativo que le es muy característico y personal, inscrito en coordenadas surrealistas.

Justo José García ( Avilés 1949) formado en la escuela de Bellas Artes de Santa Isabel en Sevilla se inicia como pintor. Como escultor ha realizado varias exposiciones, siendo su más importante y novedosa aportación la utilización de materiales como el fibrocemento y la uralita, con los que logra estimables composiciones geometristas.

Enrique Rodríguez "Kiker" ( Cabañaquinta 1949) es pintor de un lenguaje personal aunque también ha realizado esculturas, medallas y, en alguna ocasión, artefactos que ironizaban acerca del entramado comercial del arte y las relaciones entre el arte y su crítica.

Luis Cecchini ( Oviedo 1949) se inició en el campo de la escultura, primeramente a la manera tradicional y luego con planteamientos más actuales por su contacto con Fernando Alba. Su obra posterior puede considerarse exclusivamente pictórica.

Manuel Arenas ( Oviedo 1949) por sus años de residencia en Alemania es un escultor poco conocido en Asturias, habiendo celebrado alguna exposición en la que destacaba su afán estructuralista y el esmero con el que trabajaba la materia definitiva. Participó en el grupo Astur 71 y es autor del Monumento a la Paz, escultura modular de composición cúbica y practicable ubicada en el Parque del Lauredal en Gijón,

 

NACIDOS EN LOS AÑOS 50

Los artistas que nacen en esta década van a encontrarse el camino un tanto despejado- en relación a sus afanes de modernidad - con la referencia de quienes les antecedieron, pero no obstante con las mismas dificultades inherentes a todo aquel que trata de realizar un arte sin concesiones. De ella surgen muchos que alternarán pintura y escultura o que llegarán a ésta después de alcanzar cierta notoriedad en aquélla. Por otra parte, es la de los que lucharán para obtener de la cerámica un sentido menos decorativo y comercial, rescatando el papel del barro como soporte material de la escultura y la de los que no se conformarán con la individualidad de la pieza, sino que tratan de ponerla en consonancia con otras y con el espacio que las rodea a través de las instalaciones.

Fernando Redruello (Luarca 1950) tiene uno de los más brillantes currículos como pintor y grabador entre los de su generación: Primer Premio de Pintura en el concurso de la Dirección General de Bellas Artes en 1975, pensión oficial en la Academia de Bellas Artes de Roma y Premio Internacional de Dibujo Joan Miró. Todo ello no le impide irse acercando paulatinamente al objeto que nunca pareció estar ausente de sus planteamientos pictóricos y que ha ido ganando en protagonismo desde que en 1988 expusiese por primera vez una recopilación de objetos realizados desde 1977. Siempre con una intención poética y simbólica, a ambos planteamientos les está comiendo terreno la ironía que es la idea central que parece presidir todas las obras de los últimos años - o dada la parsimonia con que las realiza- las que va dando por terminadas en estos primeros años de los noventa. La culminación momentánea de su faceta escultórica, una de las más interesantes propuestas de las que pueden verse en Asturias, lo constituye la muestra Oscuro deseo del objeto en el Centro de Escultura Museo Antón de Candás , cuyo título general ya nos aproxima a ese lenguaje ambiguo tan del gusto del artista, que subyace en cada obra singular, ensamblada a partir de objetos hallados o rectificados hasta la consecución del significado - casi mejor de los significados - que encierran y que nos posibilitan, desde la lectura del título, un sugestivo viaje interpretativo.

Manuel Rey Fueyo (La Felguera 1950) es fundamentalmente pintor, pero ha hecho alguna incursión en el campo de la escultura, con preferencia en un lenguaje próximo al de la instalación, casi siempre con referencias al desmantelamiento de la zona industrial en la que nació y a su relación con el paisaje autóctono.

Francisco Fernández ( La Arena 1950) es artista de lenguaje muy polivalente que con bastante asiduidad ha recurrido al objeto encontrado como punto de arranque, al que ha coloreado y dotado de una dimensión distinta, en su planteamiento, al cuadro, habiendo realizado también pequeñas piezas volumétricas como soporte de ejercicios pictóricos.

José Antonio Nava ( Oviedo 1951) formado en las escuelas de Artes Aplicadas de Oviedo y en las de Bellas Artes de Bilbao y Madrid, ha trabajado con preferencia en mármol, dejándose guiar por impulsos a medida de ir obteniendo los volúmenes que remata, con perfectos acabados, en formas que recuerdan vagamente a elementos naturalistas. Después de la realización durante los años ochenta de monumentos públicos en los jardines del Campillín -dedicado a Pérez de Ayala- y de los Juzgados en Oviedo- en homenaje a los hacendistas asturianos - permanece casi inactivo.

Javier del Río (Gijón 1952) después de estudiar en Madrid e Italia, toca todas las técnicas expresivas, habiendo dedicado atención al volumen como complemento de algunas de sus obras pictóricas utilizando la cerámica y, principalmente, la madera y en los años noventa el hierro, en un enfrentamiento directo al material que trata de manera tan versátil como en el resto de su obra de la que hace transcripciones volumétricas.

Jesús Moreta ( Salamanca 1952), reside en Gijón desde 1975, trabaja en cerámica para posteriormente enfrentarse a la escultura de gran tamaño, preferentemente con el hormigón como material, siendo muy escasas sus apariciones públicas.

Carmen Cantón ( Oviedo 1953) llegada recientemente al mundo del arte, apenas iniciada la década de los noventa comienza dentro del campo del informalismo para derivar rapidamente a una pintura objetual y con posterioridad a una actividad polivalente en la que se entremezclan distintas tendencias.

Angel Nava (Oviedo 1953) no se considera en puridad como un escultor, pero la utilización constante de objetos, unas veces encontrados o buscados, otras veces manipulados, lo aproxima bastante a la definición. Aún más, en sus piezas consideradas individualmente, fuera de las instalaciones de las que suelen formar parte, reside la misma intención simbólica casi siempre referente a momentos pasados y a civilizaciones extinguidas. Sus obras tienen la peculiaridad de irse acumulando en las siguientes y escribiendo nuevas páginas en contacto con ellas, independientemente de los espacios sobre los que se asientan, casi siempre referenciados y relacionados entre sí por medio de coordenadas geográficas.

Alejandro Corominas ( Gijón 1954) inicia sus pasos escultóricos con claras referencias al arte minimal a través de chapas de hierro plegadas con las que propone la creación de ámbitos espaciales que él titulaba Estructuras primarias, para, casi contemporáneamente a tales propuestas, irse aproximando al terreno del land art y toda suerte de experiencias con el vídeo como principal elemento en sus creaciones.

Ignacio Bernardo ( Avilés 1954) llegado a la escultura tradicional en los últimos años setenta, se forma artesanalmente en el taller de José Luis Fernández y realiza piezas en piedra y bronce que, paulatinamente, van a ir simplificándose tanto en la forma como en la resolución técnica hasta llegar a la negación de toda estilización. Participa en la VIII Bienal de Escultura Ibérica Contemporánea Ciudad de Zamora con una obra en hierro y palos que marcará el arranque de su posterior evolución. En ese momento, paradójicamente y ya como profesor de Artes Aplicadas, dirigirá su atención a un microcosmos de objetos encontrados, casi siempre en playas, con los que se expresa en un lenguaje muy directo, ensamblándolos entre sí, coloreándolos y manipulándolos, en una perfecta simbiosis con la sencillez que preside desde entonces su propio estilo de vida.

Francisco Fresno ( Villaviciosa 1954) atravesó una etapa de afianzamiento en el campo del arte a través de la utilización del collage que parecía conducirle ya a mediados de los años ochenta a lo escultórico, si bien en aquellos momentos aún prevalecía lo pictórico. A principios de los noventa, y en su serie de columnas, lo volumétrico iba ganando protagonismo aunque se conservaba un cierto regusto por el color que emergía luminoso de mínimas ranuras talladas en las superficies, casi siempre negras, de sus piezas o aparecía, apenas perceptible, en los cantos de diminutos volúmenes. Riguroso en sus planteamientos y en sus construcciones, deja muy poco margen a la improvisación o al azar, siendo uno de los más sutiles artistas asturianos de este fin de siglo. Recientemente ha sido galardonado con el Premio convocado por el Colegio de Aparejadores de Asturias por unas preciosistas piezas en hierro pintado que dejan adivinar el futuro de un gran escultor.

Jorge González (Mieres 1955) se ha formado en talleres de Carrara, en Arteleku de San Sebastián y en los estudios de escultura de Glasgow. Realizó primero una serie de esculturas minimalistas, más tarde otras de ambición sonora y cinética que ya adelantaban su afán por la integración de las artes. Se interesa por la estética de los materiales industriales y se adentra en el campo de las instalaciones que organiza desde la repetición de objetos y el gusto por el color.

Daniel Gutiérrez ( Santander 1955) estuvo vinculado como enseñante a Asturias y durante su estancia dejó cierta influencia en el campo cerámico primero y en el escultórico con posterioridad, siendo mentor directo de las primeras obras de Adolfo Manzano. Su obra en chapa de hierro tiene rasgos expresionistas en principio para ir evolucionando a geometrías idealizadas.

Joaquín Jove ( La Felguera 1955) licenciado en Bellas Artes por Bilbao, fundamentalmente pintor, ha sabido en etapas recientes efectuar una simbiosis entre pintura y escultura mediante la realización de pequeñas maquetas constructivistas en la forma, con la madera como soporte y de vocación pictórica por la coloración de alguna de sus superficies.

Melquiades Alvarez ( Gijón 1956) hasta 1995 no se le conocía la faceta escultórica que expone por primera vez en el Museo Barjola de Gijón. Planteada como transposición de muchos de sus habituales temas pictóricos es variada en procedimientos y materiales resultando de una gran carga poética.

Javier Díaz Roiz ( Gijón 1956) más conocido como pintor, ha realizado en ocasiones, de manera especial durante los años ochenta, algunas cajas- objeto con la misma temática de la mitología particular que es habitual en su obra pictórica.

Vicente Pastor ( Luarca 1956) artista que también ha sido partidario y defensor de la estética del objeto encontrado al que, sin dejar de ser pintura y al acompañarlo de elementos coloreados ha sabido dotar, con bastante frecuencia, de consideraciones escultóricas.

Juan Méjica ( Navia 1956) de vocación tardíamente desarrollada surge con fuerza como artista polivalente, desarrollando un lenguaje chocante para la región por sus innegables connotaciones mediterráneas; muy dotado para la polémica, el marketing y la publicidad, del mismo modo que para un trabajo sin descanso, su obra parece haberse ahogado en las constantes referencias a la de Miró, Dubuffet y Tinguely.

Adolfo Manzano (Bárzana de Quirós 1958) discípulo directo de Daniel Gutiérrez durante los primeros años de su dedicación a la escultura y en los pocos años que ejerció su magisterio en Asturias, fue evolucionando desde aquellas primeras esculturas elaboradas con sencillos listones y tacos de madera con los que componía unas piezas de claras referencias esquemáticas humanas y una cierta ordenación constructivista marcada por las líneas rectas de los listones. Con una pieza de esta época participó en la VIII Bienal Ibérica de Escultura Contemporánea Ciudad de Zamora en 1986, lo que supuso su primera confrontación con otros escultores más conocidos. Con una onda estilística similar, pero sin atenerse a esquemas figurativos, participó en la V Bienal de Arte Ciudad de Oviedo, dedicada a la escultura de los ochenta, en lo que constituyó el apartado dedicado a los jóvenes escultores asturianos en la Plaza de la Catedral, ésta vez con una pieza en hierro y de grandes dimensiones. Su posterior etapa ya toma como material primordial el aglomerado de madera al que sacará fruto, unas veces como único soporte material, otras veces al combinarlo con varillas de hierro en un ejercicio a mitad de camino entre el expresionismo y un cierto geometrismo, entre un rudimentarismo buscado y la representación de máquinas o aparatos de las más diversas tecnologías, sean televisores, micrófonos o carretillas inútiles en las que no está ausente una cierta dosis de ironía o de crítica a la sociedad de los mass-media . Casi podría decirse que su última pieza en aglomerado fue la escultura efímera instalada en un lugar del Monsacro, destinada a ser destruida por la acción de los elementos y que constituía como un altar votivo en el que inmolaba el material del que había estado sacado tanto juego estético. No por ello lo ha abandonado del todo, ya que en forma de chapas ha vuelto a surgir en bastantes obras, ahora ya en consonancia con otros materiales que podrían considerarse como más nobles, tal como los perfiles de hierro y el cristal, con los que compone piezas de hondo sentido espacialista y hasta partícipes de aquella primigenia intención escultórica de respeto y valoración por los llenos y los vacíos, con lo que se situaría en pura ortodoxia. Pero su espíritu creativo no le permite tal adscripción y apenas mediados los noventa, los más diversos materiales entrarán a formar parte de sus piezas, desde la cera al plomo, desde la cuerda al plástico, hasta llegar a la luz que también deviene, pese a su intangibilidad, en material escultórico.

María Jesús Rodríguez ( Oviedo 1959) se forma académicamente en la Escuela de Artes Aplicadas de Oviedo y se inicia en el campo expositivo dentro de la técnica pictórica a través de sucesivas participaciones en el Certamen de Pintura de Luarca, hasta que en 1983 consigue el Primer Premio, siempre en camino hacia lo que con posterioridad va a constituir su inconfundible estilo de tan conseguida sobriedad colorística. No obstante, el volumen siempre aparece soterrado bajo las capas de pintura, mejor de papel negro o coloreado de negro, cromatismo que tampoco la va a abandonar durante una decena larga de años y que únicamente en etapas muy recientes ha dejado paso a otra coloración. Miembro activo del Grupo Abra - verdadero revulsivo del arte contemporáneo en Asturias durante el tiempo en que estuvo vigente- mostrará lo que podrían considerarse sus primeras esculturas en 1983, en sendas exposiciones individuales en Gijón y Oviedo y en las que ya apuntaba, claramente, cual iba a ser la temática de su obra durante una docena de años y que la convertía en una de las más singulares artistas jóvenes de cuantas estaban trabajando en nuestra región y aún en el resto de España. Tanto por la concepción de sus piezas en tres dimensiones, como por el material que ha venido empleando desde aquellos comienzos - el cartón - tal singularidad no es discutible y le ha posibilitado uno de los más brillantes currículos de exhibiciones en el extranjero - y en lugares de prestigio - de los artistas asturianos actuales. Con el compromiso añadido de hacer patria a través de la recreación de paisajes o elementos del paisaje del occidente astur de las piezas que ella misma tituló como tsousas - losas - pizarrosas que era el recuerdo inmediato ante su contemplación. A la concepción paisajística - apenas sin serlo - suceden otras etapas en las que en las obras apenas restan elementos figurativos y se convierten en puras abstracciones, a la vez que ganan en consideración tridimensional y entran en clara relación, tal como mandan los cánones, con el espacio circundante .Una última etapa, apenas iniciada, la constituye su exposición de 1995 en el Museo Barjola que sin duda marcará una pauta a seguir durante bastante tiempo, conociendo como conocemos a María Jesús Rodríguez y a lo elaborado y meditado de sus creaciones. No sólo es que haya desaparecido la omnipresente pigmentación negra; también ha acontecido que las piezas han ganado en riqueza compositiva, entrando en juego distintas formas geométricas, combinándose distintas alturas y espesores de los cartones recortados y logrando la valoración cromática por la incidencia de la luz sobre las superficies que se cruzan en distintos ángulos de corte, a la vez que introduciendo texturas nuevas que no aparecían en anteriores composiciones. Una obra suya figura en el Edificio de Servicios Múltiples del Principado de Asturias.

José Andrés Gutiérrez ( Luanco 1959- Oviedo 1994) más conocido como pintor pese a sus escasas apariciones públicas, también realizó pequeñas esculturas a manera de cajas coloreadas con densos empastes que expuso en 1992 en una colectiva en la Escuela de Artes Aplicadas de Oviedo.

Mención aparte - por haberse dedicado ya una exposición anterior a la nueva cerámica asturiana - merecen los ceramistas que, además de realizar su trabajo de índole artesanal, han sabido ir buscando un lenguaje que, sin perder la naturaleza propia de su material de trabajo, les ha posibilitado la adscripción de la especialidad en el terreno de las artes "mayores". Quizá con planteamientos un tanto elementales en la mayor parte de los casos - como parece, por otra parte, corresponder a la naturaleza del material - , pero encontrándonos también con algunas propuestas de sumo interés, como los enormes y divertidos objetos de raíz pop de Maru García Megido ( Palencia 1953 ); las constructivistas fuentes de Inma Suárez Llana ( Gijón 1954); las piezas esféricas de referencias planetarias de Ángel Luis Rodríguez "Gelu"(Gijón 1955); los torsos realizados en rakú por Manuel Cimadevilla ( Oviedo 1956); las escultopinturas de Jesús Castañón ( Gijón 1956) que se inició como escultor en hierro; los esenciales contenedores de naturaleza modular de Ángel Domínguez-Gil ( Gijón 1956); las obras de naturaleza totémica y en otras de intención arquitectónica de Marián Blanco ( Noreña 1957); las piezas rememoradoras de antiguas culturas de Severino García ( Pereda 1957); las propuestas unificadoras del hierro y cerámica del grupo formado por Ernesto Knörr (Vitoria 1957) y Carmen Castillo (Zaragoza 1959); las expresionistas figuraciones de Marta Trabanco ( Barros 1959) y, finalmente, en algunas de las pequeñas maquetas para trofeos de Ricardo Fernández ( Navia 1959). El fruto conseguido por esos ceramistas, además de otros nacidos en la década de los sesenta y a los que nos referiremos más adelante, proviene, sin duda , de la implantación de escuelas y talleres en distintas localidades entre las que destacan la Escuela Municipal de Cerámica de Avilés y el Taller Textura de Gijón a las que muchos de ellos están vinculados, así como por la no discriminación en concursos y certámenes de artes plásticas, destacando en este aspecto la inclusión de una sección, dedicada a la cerámica, en la VI Bienal Nacional de Arte Ciudad de Oviedo que constituyó una sorpresa por la calidad y el rigor de la obra presentada.

 

NACIDOS EN LOS AÑOS 60

Es esta la generación del asentamiento de las nuevas tendencias escultóricas, las de aquellas que ya no pueden ser referenciadas según los cánones tradicionales y la de los planteamientos radicales, tanto en la elección y utilización de materiales como en los conceptos manejados. No obstante, conviven posturas de un cierto respeto a la técnica heredada con otras que en nada recuerdan a procedimientos académicos. La relación es más escueta que la de los nacidos en los años 50 ya que carecemos de la suficiente perspectiva temporal y aún están sin asentar algunos de los artistas que han realizado exposiciones dentro del campo escultórico. De igual manera, dada la naturaleza del proyecto expositivo, no se relacionan algunos artistas que se mueven más en el ámbito de las instalaciones que en el del objeto individual.

Germán Madroñero ( Oviedo 1961 - 1994 ) se dedicó al diseño en sus múltiples facetas, habiendo prestado alguna atención al volumen, utilizando objetos encontrados o manipulados a los que enriquecía con telas.

Pablo Maojo ( San Pedro de Ambás 1961) es un artista polivalente que cultiva desde la pintura a la escultura, pasando por el dibujo y el grabado, no estando ausente en su planteamiento de globalidad del arte la realización de instalaciones y llevándolo todo a cabo con un rigor y una seriedad que puede parecer contradictoria con su juventud. Su formación puede considerarse autodidacta y conseguida a través del contacto con numerosos artistas, tanto de más edad - como podría ser el caso de Camín, casi vecino suyo - como de muchos de sus compañeros de generación. Su primer aviso de lo que podría dar de sí en un futuro no muy lejano lo dio en el Certamen de Pintura de Luarca en 1985 ganando el premio especial de la Juventud que aquel año se otorgaba; pero lo que verdaderamente le dio a conocer fue la implantación de la barrera oceánica en la playa de Rodiles, en 1988, en colaboración con Felipe Solares y ayudados por numerosos artistas, que supuso la continuación y ampliación de otra acción anterior a partir de dos grandes árboles talados y que fueron decorados a manera de tótems y plantados en la misma playa. La naturaleza, su fuerza, los elementos, constituirán desde entonces elementos significativos en su obra. La barrera, formada por traviesas de vía de ferrocarril, vencida por el mar fue trasladada con posterioridad a un monte cercano y dispuesta en forma cupular quedando la constancia fotográfica del proceso de creación/destrucción. A partir de ese momento Maojo pensará en todas direcciones, verdadera fuerza creativa él mismo, y con la madera como principal soporte creará unas muy directas - a la vez que elaboradas mentalmente - obras. La madera será, en efecto, principal protagonista, pero también lo serán los esgrafiados de su superficie, la pigmentación agresiva y elemental que recubrirá algunas de las caras talladas salvajemente o el primor de la talla que, en ocasiones, incide en la corteza. Muchas veces sus piezas son puro esquema; en otras, las formas se complican en arriesgados entrelazos que amenazan el equilibrio natural de la pieza que, no obstante, permanecerá en su lugar, incólume y majestuosa. Creará cajas, como juegos de arquitectura infantil, en apariencia sencillos y directos, pero bajo esa simulación subyacerán toda clase de propuestas invitadoras a la participación del espectador, obligándole a manipular el espacio, apenas cuatro lados configuradores de la caja, que el artista había configurado. Caben todo tipo de interpretaciones: la crítica, como en el caso de Rompecabezas o Asturias, presentada a la VI Bienal de Arte Ciudad de Oviedo en 1992 así lo demuestra. Maojo ha realizado grandes esculturas para espacios públicos: además de las instaladas en el Jardín del Museo Antón de Candás, destacan el gran tronco de eucalipto de los Jardines de Museo Valle en Gijón y la monumental estela en las inmediaciones del Palacio de los Deportes de la misma ciudad.

Cuco Suárez ( Pola de Laviana 1961) estudia la especialidad de cerámica en la Escuela de Artes Aplicadas de Salamanca y aumenta sus conocimientos en La Bisbal y Barcelona. Su primera muestra individual la lleva a cabo en la Escuela de Artes Aplicadas de Oviedo, únicamente con objetos cerámicos, pero de un concepto nada tradicional. Aquella exposición, titulada Nadie habla, todos comen, reproducía el ambiente de una carnicería y ya constituía, en 1988, el preludio de la dirección posterior que tomaría su obra. Sin abandonar la cerámica, se enfrentará dos años más tarde a la creación de enormes pasteles a partir de objetos industriales y de desecho a los que colorea y dota de la apariencia externa de los productos de confitería. Los mismos planteamientos los adopta en relación a la cerámica que cada vez es menos elaborada por él, al valerse de piezas de tejera como ladrillos y forjados con los que organiza piezas que cada vez se van aproximando más al terreno de la instalación. Su siguiente paso serán las vacas- armazones en forma de tal animal recubierto de papel o cartón que, en ocasiones, es el propio del tetrabrik que contiene la leche - con un planteamiento conceptual que las convierten en soporte de ideas y de propuestas que giran, casi siempre, alrededor del origen de la vida. Del mismo sentido son sus últimas obras realizadas con vísceras animales encerradas en contenedores transparentes de diversas formas que hacen de cuco Suárez uno de los más arriesgados artistas asturianos. Un gran mural serigráfico en cerámica, con el tema de la vaca y la mina como motivo principal figura en el Edificio de Servicios Múltiples del Principado en Oviedo.

Elvira Barrio ( Avilés 1963) estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos en Valencia donde se licenció en la especialidad de escultura. Ha realizado exposiciones organizadas en temas monográficos - El peine y Alicia en el país de las maravillas- valiéndose de materiales tan variados como el hierro, la madera, la piedra, el metacrilato y la cerámica con los que diversifica estilísticamente cada una de las piezas.

Benjamín Menéndez Navarro ( Avilés 1963) como la mayor parte de los componentes de su generación no se va a conformar con la práctica de una especialidad artística en exclusiva. Estudiará durante gran parte de los años ochenta en la Escuela de Artes Aplicadas en Oviedo y allí, pese a seguir los cursos de dibujo publicitario, dedicará especial atención a la técnica cerámica desde el conocimiento de Daniel Gutiérrez y de sus planteamientos sobre la especialidad. Su primera exposición la llevó a cabo en el Museo/Escuela Municipal de Cerámica de Avilés, institución de la que fue Profesor de manera ocasional durante dos cursos separados en el tiempo. Su espíritu inquieto y su afán de conocer y experimentar en lugares de distinta idiosincrasia a la que le era habitual le llevará a las Islas Baleares y a Marruecos, donde se embeberá de sol, de luz, de color y conocerá gentes, pasando todo ello a ser motivo central de su obra posterior. No ha sido un artista demasiado afortunado y siempre se ha quedado en puertas de hacer su irrupción en las convocatorias de más transcendencia como las Bienales de Oviedo, la exposición Asturias: la nueva cerámica o algunas de las dirigidas expresamente para artistas jóvenes, pero su trayectoria le permite figurar en esta ocasión al lado de lo que él, estoy por asegurar, considera sus maestros. Y no sólo por esa circunstancia, sino por ser uno de los ceramistas asturianos que más empeño ponen en conseguir que la ancestral técnica sea considerada también como artística y se olvide un tanto lo artesanal, valiéndose para ello de todo tipo de recursos como ya lo demostró en aquella primera muestra ya citada, donde primaba el concepto instalación, por la inclusión de hierros como soportes de las piezas. El paso del tiempo, estábamos hablando de 1986, ha dejado huella en Benjamín Menéndez y así lo demostró en la exposición De lo nuevo 94 con una serie de piezas que si bien realizadas en arcilla refractaria se complementaban con cables de acero, agua, hierro de fundición y que habían sido creadas con un inequívoco planteamiento modular, tal como ocurre en esta su última etapa creativa. Ahora, ya no va a necesitar la manufactura de sus piezas; para crearlas se valdrá de elementos de cerámica industrial a las que combinará por repetición en distintas disposiciones, pudiendo extenderse hasta el infinito, tanto en la relación espacial entre las piezas individuales como en las dimensiones logradas. Reivindica la cerámica sí, pero su intención es tan actual como la de los que se surten del objeto encontrado y tan válida como la de aquellos otros que usan materiales tradicionales.

Ana Fuente ( Trasona 1963) es Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca y pintora que ha dirigido su mirada hacia el volumen a través de sus transposiciones cerámicas de algunas de sus composiciones pictóricas.

Aurora Suárez Moreno ( León 1964) afincada desde la infancia en Avilés, se ha licenciado en Bellas Artes en Bilbao y es acérrima partidaria del objeto encontrado como materia artística y al que pretende dotar, desde lo inservible que es, de una cierta revitalización que lo transforme en obra de arte. Utiliza con frecuencia telas estampadas que valoran cromáticamente sus creaciones.

Charo Cimas ( Avilés 1964) básicamente es ceramista, pero sus planteamientos ante el arte con mayúsculas le hacen diferenciarse de sus compañeros de técnica sin, por ello, dejar de serlo . Su obra pone en relación la cerámica con el objeto encontrado, al que carga de significados, y además su intención va más allá del objeto individualizado ya que, con frecuencia, los seria y convierte en assemblages que, a su vez, derivan en instalación. Muy parca en el uso del color, se vale también de estructuras obtenidas mecánicamente con lo que consigue una perfecta economía de formas y un fácil seguimiento de su evolución.

Carlos Coronas ( Avilés 1964) aunque considerado como pintor, este avilesino licenciado en Bellas Artes por Salamanca, se aproxima a lo escultórico desde sus pinturas a través de las cajas que los enmarcan y que al ponerse en relación ordenan el espacio desde sus propios volúmenes, cada vez con más vuelo desde la pared en la que están colgados y más ricos en su forma.

Alfonso Gómez Gordillo ( Avilés 1964 - Oviedo 1991) su prematuro fallecimiento cortó una trayectoria en la que, a través de sus cajas de pescado coloreadas, se intuía una llegada a lo objetual que se adivinaba plena de fuerza.

Javier Tablón (Oviedo 1964) se vale de la cerámica, además de otro tipo de materiales manufacturados, para lograr unas bien elaboradas piezas con representación de figuras humanas, muy detallistas y de complicada elaboración técnica.

Dionisio González ( Gijón 1965) artista que ha tocado desde la pintura al grabado, pasando por la instalación y la escultura. Afincado en Sevilla, donde es profesor en la Escuela de Bellas Artes, ha regresado como expositor a Asturias únicamente en 1994, por lo que su obra no es muy conocida. Actualmente presta especial atención al campo de la instalación y anteriormente había realizado esculturas a partir de objetos seriados como muebles de los que toma o elimina elementos en un proceso de creación-destrucción.

Santiago Mayo ( Avilés 1965) pintor, licenciado en Bellas Artes por Salamanca, también ha experimentado en el campo del objeto, en este caso no encontrado, sino construido, dotándolo de color.

Paco Cao ( Tudela Veguín 1965) iniciado como pintor, atravesó una rápida etapa de realización de objetos volumétricos en un material tan singular como el esparto que pronto abandonó para volcarse hacia las vídeo-instalaciones y a las acciones con su propio cuerpo como material artístico.

Ana Isabel Barrio ( Avilés 1965) ceramista formada en la Escuela de Manises que no ha expuesto con demasiada frecuencia y con una obra de referencias formales y técnicas muy próximas a la cultura mediterránea.

Isabel G. Cuadrado ( Oviedo 1965) licenciada en Bellas Artes por Madrid, investiga nuevos materiales en escultura y recuerda ciertos planteamientos de Joseph Beuys por la carga simbólica de sus creaciones.

Susana Villanueva (Oviedo 1966) se dio a conocer a finales de los ochenta con sus propuestas de esculturas "blandas", casi siempre vehículos, realizadas con telas vivamente coloreadas montadas sobre un armazón. Con posterioridad, sin abandonar la técnica, evolucionará hacia otro tipo de objetos - fichas de ajedrez - que van perdiendo violencia cromática y ganando consistencia en la elaboración, sin por ello dejar de ser una de las propuestas escultóricas más frescas de cuantas se hacen en Asturias.

Pedro Suárez Flórez (Oviedo 1966), se inicia con una sencilla propuesta de maderas más color; proclive a la denominación de sus piezas como instalaciones se aproxima ahora conceptualmente a los objetos poéticos de un Joan Brossa si bien dotándoles de una gran carga crítica.

Gonzalo García ( Gijón 1966) ofrece un proyecto escultórico marcadamente original en cuanto a la utilización de algunos materiales que podrían considerarse escatológicos, pero que devienen en puro símbolo, en conjunción con las formas de columna salomónica vaciada que los alberga y que están realizadas en madera apenas texturada en su parte externa.

François Winberg ( Bilbao 1967) formado en la Facultad de Bellas Artes de Salamanca ha realizado, desde casi siempre, instalaciones, aún siendo de tamaño reducido y que podrían considerarse más como escultura al igual que sucede con Gema Ramos con la que suele colaborar.

Francisco Jesús Redondo ( Cangas del Narcea 1968) ha expuesto una escultura de muy sencilla realización, siempre jugando con la intencionalidad de los espacios interiores y exteriores y transformando la base en parte integrante de la escultura.

Pelayo Varela (Oviedo 1969) comenzó como pintor para después introducirse en el campo tridimensional con sus recreaciones de paellas. A medida que fue pasando el tiempo se aproximó a posturas conceptuales, perdiendo individualidad los objetos que seguía manejando y llegando a instalaciones de un irónico lenguaje a mitad de camino entre la sátira y la crítica.

Gema Ramos (Oviedo 1969) licenciada en Bellas Artes por Salamanca su orientación va más hacia lo conceptual y las instalaciones - muchas veces en compañía de FranÇois Wimberg - pero lo objetual de algunas de sus piezas tratadas individualmente la aproximan a lo escultórico.

Rubén González ( ) es autor de piezas de cierto aire constructivista en las que concede gran importancia a la base que pasa a formar parte de la escultura o que élla misma lo es.

Fermín Santos (Oviedo 1969) realiza una obra con dos vertientes diferenciadas: una en madera de claras referencias constructivistas, cada vez más complicadas en sus entrelazos y otra de investigación en el material - papel prensado - al que dota de color.

 

Y DESPUÉS...

Parece haber quedado claro que la escultura sigue siendo, obviamente, el arte de lo tridimensional, pero está sufriendo grandes cataclismos internos que hacen tambalearse la postura que ante los materiales y ante el propio concepto de escultura han adoptado o van a adoptar quienes deseen ser considerados como escultores. Hemos visto como se ha pasado de la utilización exclusiva de materiales considerados nobles a todo tipo de ellos que no serían valorados, no hace demasiado tiempo, sino como basura o, en el mejor de los casos, chatarra reciclable. El futuro está por ver y aquí, en nuestra región ya hay nombres, nacidos en la década de los setenta - y por tanto fuera de la ubicación temporal que nos hemos impuesto-que están formulando nuevas vías como Ana Gemma Iglesias, Miguel Fano o Iván Rodríguez Ramos que ya han conocido lo que es enfrentarse en públicas comparecencias con una actitud renovadora. Ellos, otros muchos aún desconocidos y que estarán formándose; la continuidad de las concesiones de las Becas Antón por parte del Centro de Escultura de Candás para que puedan crear y la impagable labor divulgadora de la escultura española más actual por parte del Museo Juan Barjola de Gijón son las piedras angulares en ese mañana de la escultura asturiana que a todos nos apetecería ver cumplido con brillantez. La misma que se ha ido generando en estas cinco décadas analizadas.

 

BIBLIOGRAFÍA

Alvarez Martínez , Mª. Soledad : " El presente de la escultura asturiana". I Semana del Patrimonio Artístico Asturiano. Oviedo 1978.

Barón, Javier : "Diccionario de pintores y escultores". Enciclopedia Temática de Asturias, tomo 5. 1985

Barón, Javier : "La escultura de vanguardia en Asturias". Catálogo V Bienal Nacional de arte "Ciudad de Oviedo". Oviedo 1986.

Barón, Javier : Textos sobre pintura, escultura e instalaciones. Catálogo VI Bienal Nacional de Arte "Ciudad de Oviedo". Oviedo 1992.

Guisasola, Félix : "Fragmentos. Actualidad del arte en Asturias". Catálogo Sección Española para la Exposición Universal de Sevilla. Asturias, 1992.

Rodríguez, Ramón : " A modo de carta de navegación. Apuntes para una aproximación a la escultura asturiana". Catálogo VIII Bienal de Escultura Ibérica "Ciudad de Zamora". Zamora. 1986.

Rodríguez, Ramón : Textos sobre cerámica. Catálogo VI Bienal Nacional de Arte "Ciudad de Oviedo". Oviedo. 1992.

Rodríguez, Ramón : "Asturias : la nueva cerámica". Oviedo. 1991.

Villa Pastur, Jesús : "Historia de las artes plásticas asturianas". Salinas. 1977.

Villa Pastur, Jesús : "Panorama 81 del Arte Asturiano". Oviedo. 1981

Además se han manejado catálogos de exposiciones temporales en el Museo Barjola de Gijón, Sala Nicanor Piñole de Gijón, Casa Municipal de Cultura de Avilés, Casa de Cultura de Castrillón, Museo Antón de Candás, Museo Evaristo Valle de Gijón, Galería Tantra de Gijón, Certamen de Pintura de Luarca, Muestra Regional de Artes Plásticas de la Dirección Regional de Juventud y Caja de Asturias , así como críticas en diversos diarios y semanarios regionales con textos, entre otros, de José Aller Albuerne, María Soledad Alvarez Martínez, Javier Barón, Julia Barroso, José Antonio Castañón, Francisco Crabiffosse, Juan Cueto, Antonio G. Areces, Luis García, Jaime Luis Martín, Alejandro Mieres, José María Navascués, Ramón Rodríguez, Milagros Rodero, Rubén Suárez, Joaquín Vaquero Turcios, Jesús Villa Pastur y Francisco Zapico.

 

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