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EL ARTE CONTEMPORANEO EN ASTURIAS

© Javier Barón.

Texto extraido del Catalógo de la VI Bienal Nacional de Arte "Ciudad de Oviedo",editado por el Ayuntamiento de Oviedo,1992

 

Al dedicar la VI Bienal Ciudad de Oviedo al arte contemporáneo en Asturias se desea dar cumplimiento a varios objetivos. El más importante es el de ofrecer un estado de la cuestión de la producción artística que se realiza en este lugar, a través de la obra de sus más destacados creadores. Para ello se han incluido no sólo las disciplinas tradicionalmente representadas en estas exposiciones, como han sido la pintura y la escultura, sino también otras que han conocido aquí un auge más reciente: las instalaciones, la cerámica y la fotografía, así como el grabado, a través este último de la edición de una carpeta de aguafuertes y xilografías. Se tendría así, por vez primera en la historia del arte asturiano, un panorama completo de su manifestación contemporánea, dado que las obras presentes en la Bienal han sido realizadas en los últimos años por artistas vivos en el momento de haber sido invitados a la exposición.

En Asturias no se ha llevado a cabo, hasta ahora, una iniciativa parecida. Unicamente en las dos últimas Bienales, convocadas por invitación y dedicadas a la pintura (la IV) y la escultura (la V), la sección asturiana, representada con mucha mayor amplitud que la de otros centros españoles, daba cuenta de la evolución del arte en la región en aquellas disciplinas. El empeño de reflejar la evolución del arte de un determinado momento es propio de las instituciones dedicadas al arte contemporáneo; puesto que las existentes en Asturias no lo han hecho hasta el momento, ha parecido oportuno dedicar a este propósito la actual edición de la Bienal, que se celebra como las anteriores, en el Museo de Bellas Artes de Asturias.

En ello han influido también otros factores. La aparición de una nueva y muy nutrida generación de artistas en los seis años transcurridos desde la celebración de la última edición de la Bienal, el momento de crisis social y económica muy aguda que vive la región y que comienza a encontrar exponente en ciertas actitudes artísticas, así como la prolíferación de muestras en España con motivo de las celebraciones de 1992, han aconsejado renunciar a una exposición más de artistas españoles y plantear un estado de la cuestión del arte en Asturias. Con ello se liberará también a ediciones posteriores de la Bienal del desajuste que suponía la descompensada participación asturiana con respecto a las demás regiones, no existiendo entonces motivo para no reducir esa participación a sus proporciones adecuadas.

Dejando aparte las bienales, los antecedentes, todos ellos necesariamente parciales, para esta exposición, pueden cítarse ahora. Algunas de estas muestras se celebraron en Madrid, en busca de una mayor difusión. Fue el caso de Panorama 81 del arte astur¡ano (Círculo de Bellas Artes, 1981), de improvisado montaje y ecléctica participación. Arte asturiano de hoy (Museo Municipal, 1983), reunió a veinte escultores y pintores. Se enmarcaba en un conjunto de exposiciones dedicadas al arte en las diferentes regiones españolas. Se confrontaban en esta exposición dos generaciones, la de los años sesenta y setenta y la de los ochenta. Nuevos paisajes de Asturias (Casa del Monte de Piedad, 1986; luego itinerante) juntó, en torno al motivo de la naturaleza asturiana, libremente interpretado, que fue uno de los mayores protagonistas temáticos del arte realizado en la región durante el pasado decenio, la aportación de dieciséis pintores y fotógrafos.

También en Asturias se ha hecho alguna exposición colectiva, desde las de libre participación en torno a una finalidad o propósito extraartístico, claramente definido, como las exposiciones de Artistas asturianos por la paz, hasta otras, con una intención más precisa, como la muestra que, bajo el título Geometrías, agrupó en el Museo Jovellanos en 1991 la obra de cuatro artistas que realizaban pinturas o esculturas relacionadas con el geometrismo. En ese mismo lugar hay que citar la colectiva celebrada en 1982 bajo el título Muestras. Pintores y escultores asturianos. En los últimos años, la Muestra Regional de Arte Joven es un buen panorama de las aportaciones de la última generación de artistas.

Pero además de estas exposiciones colectivas, el seguimiento del arte en Asturias ha podido hacerse también a través de las muestras que los artistas han realizado, a veces muy esporádicamente, en las escasas galerías y salas que hay en la región y, a veces, en otras situadas en Madrid y Barcelona. Entre las galerías privadas hoy en activo, aparte de las más antiguas (Altamira y Benedet), con más de un cuarto de siglo de vida y que mantienen una actividad intermitente, hay que citar los intentos de otras salas que abrieron a lo largo de los años setenta y ochenta y que han ido cerrando paulatinamente. La más importante fue Tassili, que desde 1970 hasta 1980 expuso tanto a artistas españoles destacados como a los artistas asturianos que en aquellos momentos comenzaban a darse a conocer. En esta misma trayectoria hay que anotar la existencia, mucho más breve, de la galería Juan Gris en Oviedo. Finalmente, la sala de la librería Cornión en Gijón y la galería ovetense Vértice, son los únicos lugares de títularidad privada en los que, de una manera regular, se presentan exposiciones de artistas comprometidos con un arte actual. Ambas tienen pequeñas dimensiones y presupuestos, pero la primera participó en la feria ARCO de Madrid en varias ocasiones gracias a la subvención de la Consejería de Cultura del Principado.

Las salas institucionales han tenido una importancia mucho mayor que las galerías privadas, que trabajan con un coleccionismo muy escaso y con un interés limitado por parte del público. En este sentido puede notarse cómo frente a la política coherente y continua de exposiciones de tres salas que funcionaron con muy pocos medios a lo largo del decenio de 1980 (la del Museo de Bellas Artes de Asturias, la de la Casa Municipal de Cultura de Avilés y la Nicanor Piñole de Gijón, también de titularidad municipal), a las que habría que añadir, con actividad más intermitente, la sala de la Fundación Museo Evaristo Valle, se han multiplicado últimamente las partidas presupuestarías invertidas en dotaciones como el Centro de Arte Contemporáneo del Palacio Revillagigedo de Gijón, el Museo Barjola en esa misma ciudad y el más reciente Centro de Arte Moderno en el Teatro Campoamor de Oviedo, cuyos propósitos no están aún definidos. Estos centros, especialmente el primero, que supera en muchísimo las inversiones de los otros, han sustituido en apariencia a los anteriormente citados, que continúan sufriendo problemas de presupuesto y de personal, y se han visto desplazados en la función que habían venido manteniendo con eficacia y dignidad. Sólo la celebración de la Muestra Regional de Arte Joven, de 1990 a 1992, que ha dado a conocer las obras de pintores, escultores y fotógrafos menores de treinta años, ha supuesto una aportación nueva a la línea institucional mantenida en los últimos años. También hay que citar las exposiciones celebradas en la Escuela de Artes Aplicadas de Oviedo, donde ¡a enseñanza de profesores jóvenes y competentes ha producido ya su fruto.

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Entre todas las manifestaciones artísticas presentes en esta exposición la pintura es la mejor representada, con diferencia. Es también el arte de mayor tradición en Asturias. En su cultivo hay que señalar, fuera de la Bienal por su rango de maestros con una trayectoria ya perfectamente definida y hecha, la obra de dos pintores que ya comenzaron a exponer antes de la Guerra Civil, como son Joaquín Vaquero Palacios (Oviedo, 1900) y Aurelio Suárez (Gijón, 1910), todavía activos ambos. Representan dos vertientes opuestas: la proyección multidisciplinar y universal el primero; la profundización original en la pintura, con una trayectoria de aislamiento (pese a haberse formado y a haber expuesto en Madrid) el segundo.

Tras ellos, y ya representada en la Bienal, aparece la generación de los cincuenta a través de la figura de Antonio Suárez, miembro del grupo El Paso que difundió el informalismo dentro y fuera de nuestras fronteras. Con Alejandro Mieres, establecido en Gijón en 1960, comenzó a cultivarse en Asturias el arte abstracto. A partir de entonces, un amplio conjunto de artistas representan la variedad de direcciones de la pintura realizada en la región. Entre ellos hay varias generaciones, de las que las más jóvenes son más nutridas.

Se ve en la obra pictórica un cierto predominio de la fragmentación. Hay polípticos, como los de Antonio Suárez y Ramón Rodríguez. También hay obras formadas por diferentes cuadros estrechamente relacionados entre si, como si fueran variaciones, por ejemplo las de José Santamarina y Angel Guache. Muchas más, son verdaderos fragmentos reagrupados, algunos con un sentido de secuencia, tal y como ocurre en las de Paco Fernández, Juan Suárez-Botas y Paco Cao; otras sin él, como en las de Diana Alvarez, Teresa Centol, José Manuel Vázquez Pomar y Carlos Coronas.

Pero, en realidad, se advierte una absoluta diversidad de orientaciones, producto del seguimiento en líneas individuales, algunas asentadas tras la práctica de muchos años, en unos momentos en que ha desaparecido la noción de tendencias que se superponen.

La escultura tiene, como en el resto de España, menos cultivadores. Aquí, la generación de los mayores está representada por Amador y Camín, dos escultores esencialmente conocidos por su aportación en el terreno de las orientaciones geométricas. El propio Camín, igual que José Legazpi y Fernando Alba, se ha interesado por la madera, material que centra también las búsquedas de algunos artistas jóvenes, como son Adolfo Manzano y Pablo Maojo.

El ensamblaje se ve, de manera muy diferente, en las obras de Ignacio Bernardo, Juan Méjíca y Maria Jesús Rodríguez.

Mención aparte merece la escultura realizada por artistas conocidos sobre todo como pintores. Es una obra importante y que representa, además, la última fase de su evolución. Así, en el caso de José Legazpi, Armando Pedrosa, Fernando Redruello y Paco Fresno. En ninguno de ellos es una dedicación reciente, fruto de una hipotética moda o predominio de la escultura, sino que da cuenta de la amplitud de su investigación y de un cierto sentido de consciente deriva, fruto de un radical espíritu de búsqueda.

Las instalaciones no han tenido demasiado arraigo en Asturias. La primera que se realizó fue la de Cajas ambiente, expuesta por Juan Gomila en Gijón en 1976. Salvo esa excepción, no tuvieron presencia en el panorama artístico asturiano hasta la década de 1 980. A lo largo de ella surgieron algunos artistas, por lo común cercanos al arte conceptual, que trabajaron en este terreno, siempre de modo muy precario. Hubo, incluso, intentos de grupos, como el que bajo el nombre de Grupo Onza formaron José Ramón Muñiz, José de la Riera, Fernando Redruello y Paco Fresno. Entre los artistas más tenaces en sus propósitos en este aspecto hay que citar a Angel Nava. La videoinstalación de Alejandro Corominas y el trabajo de Cuco Suárez continúan sus respectivas reflexiones acerca del origen de la vida.

Pero donde verdaderamente han cuajado más las instalaciones ha sido en la obra de los artistas más jóvenes, que tal vez hayan visto en ellas un medio de salir de la rigidez de la pintura y de la escultura. Cuco Suárez, Francois Winberg, Pelayo Varela y Gema Ramos, junto con Paco Cao, que ha dejado constancia de dos representaciones con el propio cuerpo, atestiguan esa pluralidad de direcciones dentro de un espíritu libre y abierto, en algún caso de sorprendente madurez.

En cuanto a la cerámica, hay que anotar la tradición que este arte tiene en el cultivo de algunos artistas que fueron pioneros: Manolo Címadevílla y Jesús Castañón. Luego, la puesta en funcionamiento de la Escuela Municipal de Cerámica de Avilés, dos de cuyos profesores, Ricardo Fernández y Angel Domínguez-Gil se encuentran representados en esta muestra, favoreció el cultivo de este arte, tanto en su vertiente puramente ceramistíca como en aquella otra, actualmente más seguida, que utiliza los materiales cerámicos pero con un sentido muy escultórico. Así, las piezas de Marián Blanco. Ernesto Knórr ha preferido estar representado por una escultura y una cerámica para dar cuenta de su doble faceta creativa. En Charo Cimas la austeridad en la técnica del rakú es un factor que viene a subrayar también la primacía del concepto sobre la complacencia en la forma.

En el polo opuesto, Manolo Cimadevilla y Ricardo Fernández aparecen entregados a la investigación sobre formas puras de torno, realizadas con un concepto muy exigente, dentro de los cánones de la cerámica. La posición de Angel Luis García, Gelu, viene a ser intermedia entre las dos citadas.

También la fotografía ha sido un arte sólo muy recientemente cultivado por una nómina nutrida de artistas. Hay que señalar el carácter pionero de la aportación, ya reconocida internacionalmente, de José Ramón Cuervo-Arango, ocupado en la investigación acerca del paisaje con un sentido de máxima depuración formal. El ejemplo de José Ferrero, con Cuervo-Arango el fotógrafo más conocido y representado en las colecciones, muestra una visión más moderna, aunque también arraigada en algunas experiencias de la fotografía surrealista. Esa misma referencia a las vanguardias clásicas se ve en los rayogramas de Enrique Ros y en las fotografías en blanco y negro, viradas al selenio, de Miguel Pablo Paraja.

La aproximación al fotocollage de Marcos Morilla y el trabajo sobre emulsiones de polaroid impresas en papel de Beatriz Fernández muestran peculiares visiones de la naturaleza. Tanto Guillermo Alvarez como Jorge Alonso Molina han preferido participar con retratos, antes que con desnudos. Los más jóvenes, Matías Menéndez Artime y Mercedes Blanco, permanecen fieles a un inquieto realismo social.

En cuanto a la obra gráfica, en lugar de realízarse una selección de grabados se ha preferido editar una carpeta. Será la primera de una serie en la que participarán otros artistas que también se han dedicado al grabado. La estampación se ha hecho en la Escuela de Artes Aplicadas, cuyas excelentes instalaciones y competentes profesores han permitido que esta edición haya podido realizarse en Asturias. Algunos de los grabadores que en ella participan son también (O lo han sido recientemente), profesores del centro. Todos ellos han contribuido a difundir esta práctica artística que hasta hace unos años apenas tenía cultivadores en Asturias, con las excepciones de Orlando Pelayo, Manolo Calvo, Adolfo Bartolomé y Fernando Redruello, formados fuera de Asturias, igual que otros grabadores, más jóvenes, como Manolo Bodí y María Alvarez, procedentes de la Escuela de Bellas Artes de Valencia.

Una vez revisadas las diferentes disciplinas artísticas representadas en la Bienal cabe preguntarse de qué manera se relaciona este arte con la situación social contemporánea. Recapitulando las obras expuestas, puede detectarse, con bastante importancia por su significación, la existencia de ciertos artistas que atestiguan un interés en dejar constancia de hechos importantes que configuran la escena contemporánea, con referencias a la enfermedad del SIDA en Juan Suárez-Botas (documento el suyo, también,del mayor interés humano), a la alienación de la experiencia erótica en Pelayo Varela, y a otros aspectos de la vida de hoy relacionados con las urbanizaciones, el arribismo y la compulsión del consumo en las obras de Mario Cervero y Miguel Fano. También aparece la crítica estrictamente política de un modo muy explícito (en No te duermas en los laureles de Pelayo Varela).

El documento directo lo proporcionan dos jóvenes fotógrafos Matías Menéndez Artime y Mercedes Blanco, que siguen la dirección realista social en sus visiones de gitanos y marginados. De una manera más genérica también aparecen referencias que reflejan la deteriorada situación social y humana del mundo de hoy en los sospechosos Pasajeros del Titanic de Eduardo Urculo. Los Enmudecidos de Manolo Calvo y Ver, oír y callar de Carlos Sierra parecen aludir a las grandes mayorías silenciosas.

En la especialisíma coyuntura que vive hoy el arte aparecen interrogaciones acerca de su propio estatuto y condición (en las obras de Aurora Suárez), de su permanencia (en El arte es eterno, de Ricardo Mojardín) y de la situación del artista en relación con la difusión y venta de sus obras (El arte no da de comer de Mojardín), así como de la posible alienación que esta última puede implicar (Ecce ancilla domine de Paco Cao).

Por último, la situación de Asturias, sumida en una grave crisis no sólo económica, sino también social, cultural y hasta ecológica, ha sido también origen, a veces de manera indirecta, de unas cuantas obras. Las referencias a esa situación se detectan, de un modo muy claro, en la instalación de Angel Nava, subtitulada Tierra de lamentación, de marcado simbolismo funerario. De modo más general, la obra de Alejandro Mieres titulada Lugar hace referencia al paisaje industrial asturiano y las dos pinturas de Manolo Rey Fueyo aluden a las ruinas industriales. Rompecabezas, de Pablo Maojo, da una visión muy sugerente y poética de lo que es Asturias. Los Polígonos de José Paredes proporcionan una original interpretación, en la clave de la orientación metafísica propia de su pintura, del hábitat industrial del centro de Asturias. La propia Hibernación de Alejandro Corominas, aunque concebida bajo un punto de vista subjetivo, puede verse bajo un prisma más amplio que incluye al entorno. Finalmente, el Paisaje de hoy de Carlos Sierra, es un alegato ecologista contra la destrucción indiscriminada de la naturaleza asturiana.

La selección de artistas participantes se llevó a cabo por el comité asesor de la Bienal y por su director. Por diferentes causas, algunas derivadas de la necesidad de disponer de obras inéditas, no está presente un reducido número de artistas cuya participación estaba prevista. La elección de las obras correspondió al director de la Bienal. En el montaje se ha pretendido mostrar, en la medida de lo posible y con las limitaciones que todo montaje requiere, la sucesión temporal de generaciones. Han quedado fuera de ese criterio dos espacios muy definidos: el patio y el jardín del palacio Velarde Además, cerámica, fotografía y grabado tienen sus propias salas. El resto, es decir la mayor parte de la exposición, tiene un recorrido de secuencia que comienza en las salas de la planta baja y termina en la sala de paneles del segundo piso.

 

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