Emergencias: el arte joven en Asturias. Semblanza de una trayectoria plural
© Natalia Tielve García Universidad de Oviedo
(Texto del catálogo de la exposición: ¿Qué arte? Discursos sin
fronteras)
El Texto es plural. Lo cual no significa meramente que tiene múltiples sentidos, sino que cumple la propia pluralidad del sentido: una pluralidad irreductible (y no sólo aceptable). El texto no es coexistencia de sentidos, sino paso, travesía; así pues, no puede derivar de una interpretación, ni siquiera de una interpretación liberal, sino de una explosión, una diseminación.
BARTHES, R., De la obra al texto
La
exposición ¿Qué arte? Discursos sin
fronteras es un fiel testimonio de la vitalidad creativa del arte jovetense en
Asturias, pero también de la pluralidad de orientaciones, expresiones y estrategias
interpretativas a las que las artes responden en nuestros días, al inicio del
nuevo milenio. Fuerza, juventud, frescura, transversalidad y renovación: las
obras reunidas en esta muestra nos llevan a la búsqueda inquieta de las nuevas
generaciones que se han incorporado al vasto terreno de
la creatividad. Un
nutrido conjunto de intervenciones artísticas, sugerentes y expresivas, que
ponen de manifiesto la atmósfera de libertad, de ruptura de fronteras, que
envuelve a nuestros jóvenes creadores; huellas de un aprendizaje vital y
artístico, de una trayectoria en construcción, paso a paso.
Un
arte poliédrico y multiforme. La hibridación, el mestizaje y el intercambio,
constituyen los ámbitos por los que transitan las diferentes propuestas artísticas
realizadas para esta ocasión, desarrolladas en dos espacios: el Edificio
Histórico de la Universidad de Oviedo y la Sala de Exposiciones del Banco
Herrero. Se trata de intervenciones que, desde la escultura a la fotografía,
articulan lo audiovisual, lo digital, las propuestas multimedia y una pluralidad
de estrategias pictóricas, ahondando en las interferencias entre géneros.
Veintitrés
interrogantes. Veintitrés miradas al arte. Tantas como artistas seleccionados.
Los nombres: Chechu Álava, Fernanda Álvarez,
Pablo Armesto
, Noé Baranda,
Laura Blanco
,
la pareja artística formada por
Mercedes Cano
y Antonio Sobrino,
Isabel Cuadrado
, Marta Fermín, Daniel Fernández
Jove, Sandra Fernández Sarasola, Fiumfoto, Angélica García,
Rebeca Menéndez
,
María Mieres
,
Tomás Miñambres
,
Paco Nadie
,
Jacobo de la Peña (Israel),
Rocío Pinín
, Juan José Pulgar,
Gema Ramos
, Adriana
Rodríguez, Jaime Rodríguez y Avelino Sala. Artistas a los que, desde la
privilegiada plataforma que este catálogo me ofrece, quiero hacer llegar mi
admiración y mi más sincero reconocimiento. Por el entusiasmo, el esfuerzo y la
entrega que todos y cada uno de ellos han puesto en este proyecto. Porque sin su
trabajo no hubiese sido posible. Gracias.
Partiendo
de una disparidad icónica, técnica y formal, estos jóvenes creadores comparten
un deseo de interpretar la realidad, tanto la que se da fuera, como dentro de
sí mismos, para, a partir de ello, definir un discurso plástico personal. Cada
uno de ellos se ha servido de los medios que más se adecuan a sus intenciones,
que mejor responden a sus búsquedas personales, a sus propios interrogantes,
para situarnos ahora a nosotros, espectadores, ante diferentes posicionamientos
sobre la identidad, sobre el proceso creativo, sobre lo público y sobre lo
íntimo; pero, ante todo, sobre el arte en sí mismo.
De ahí
el interrogante ¿Qué arte? que da
nombre a esta muestra.
Primer interrogante, primera mirada: Chechu Álava (Piedras Blancas, 1973). Licenciada
en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, en la especialidad de Pintura,
reside actualmente en París. En 1994, año en el que disfrutaba de una Beca
Erasmus para realizar estudios en
la Gerrit Rietveld
Academy
de Ámsterdam, obtenía el Primer Premio y Medalla de
Oro en el XXV Certamen Nacional de Pintura de Luarca.
Desde entonces, su labor se ha dado a
conocer en Nueva York, París, Turín y Colonia, entre otros lugares,
convirtiendo a
la joven
Chechu
Álava en una de nuestras creadoras más
internacionales. Becada por el Parlamento Europeo para asistir al Workshop with Artists from Objective 1
Regions, en Eisenstadt (Austria), en 2001, dos años más tarde realizaba un
proyecto en el Colegio de España en París, a partir de una Beca de Artes
Plásticas concedida por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.
Su
labor creativa, ya desde sus momentos primigenios, se ha planteado como una reelaboración
de la realidad partiendo de su entorno más íntimo, incorporando una alta dosis
de relato autobiográfico. Interesándose por la experimentación formal en el
seno de la pintura, en los trabajos que Chechu Álava ha venido desarrollando no
es difícil encontrar guiños pop, simbolistas, neofigurativos y expresionistas,
absorbidos y acomodados a un lenguaje personal, premeditadamente ingenuista.
En
su primera exposición individual, desarrollada en
la Sala Borrón
de
Oviedo (1999), No estaba muerta, estaba
de parranda (elogio de la pintura), ya recurría a textos, mensajes que
hablaban de inquietudes comunes a los jóvenes y, en términos generales a
nuestra sociedad, tales como el amor y el sexo, la moda, los estereotipos
publicitarios o las dificultades que entraña
la comunicación. La
indagación en su yo, en su condición propia de mujer, su itinerario vital, la
identidad, la influencia que sobre ella han ejercido sus viajes, todo esto y
más se entremezcla e hilvana en su obra. Una obra cargada de líricas
evocaciones, de ensueños, de nostálgicas realidades
[1]
.
Tras
su estancia en Londres, en 1997, comenzó una serie de diarios de artista,
compuestos por dibujos, collage y fotografías; línea en la que continúa
trabajando, tal y como nos ha demostrado en la exposición que, en
la Galería Espacio
Líquido
, desarrolla actualmente de forma paralela a esta
muestra (enero-febrero, 2008). Con el tiempo, la pintura de nuestra artista, ha reposado y ha
madurado: la paleta se ha vuelto más clásica, más atemperada, sin
estridencias; la pincelada, más pausada
y paciente; es menos dinámica y más lírica; es menos gestualista, sin dejar de
ser expresivista. Su narrativa, marcadamente intimista, está cargada de
sentimientos, de metafísicas visiones, de atemporales y, al mismo tiempo,
reales testimonios.
Pero,
ante todo, en el trabajo de Chechu Álava hay una abierta y vehemente apuesta
personal por
la pintura.
Una
reivindicación de la modernidad y actualidad de esta
vertiente creativa en los tiempos que corren, tras una largamente anunciada
muerte del arte. Chechu reinventa día a día la pintura, la interpreta como un
proceso vital, como un itinerario cargado de recompensas y desvelos, de
hallazgos y tropiezos. Como un interrogante, o, mejor aún, como una sucesión de
interrogantes.
El
arte se afirma, así, como una buena posibilidad de buscar respuestas y de
entablar diálogos. Y Chechu Álava, de forma constante, dialoga, conversa con
otros artistas. Vuelve atrás su mirada en el tiempo, pero sin dejar de pisar
firmemente el suelo de la realidad artística actual. ¿Con quienes conversa? Con
los grandes: Morandi, Vermeer,
Giotto, Rembrandt, Caravagio, Leonardo da Vinci, El Greco, Velázquez, Hopper,
los pintores de la Escuela de Barbizon… y esos diálogos, esas miradas, empapan
su quehacer; pero también su interés por otras vertientes expresivas, como la
fotografía, la literatura o el cine.
Las obras que Chechu Álava nos presenta ahora, en la
Sala del Banco Herrero, en el contexto de la exposición ¿Qué arte?, recogen claramente ese diálogo con el pasado, ese
homenaje a artistas y géneros sin los cuáles sería imposible entender la
historia del arte contemporáneo: Munch, Velázquez, Goya o Friederich, entre
otras referencias, presentes en Fontainebleau, en una personal fusión de los géneros de paisaje y retrato;
Giorgione, Tiziano y Manet, homenajeados en Le
déjeuner sur l’herbe; para llegar a una reinterpretación del paisaje
romántico, con sesgos expresionistas en Lago.
Mirada
introspectiva, rigor conceptual, sensibilidad, conocimiento del oficio y
extrema sutileza se dan la mano en la fecunda obra de Fernanda Álvarez Jiménez (México D.F., 1967). Formada en
la Escuela
de Arte de Oviedo
como Técnico Superior en Artes Plásticas y Diseño, así como en Grabado y
Técnicas de Estampación, fue Artista Joven Revelación, en el año 2002, de
la Muestra
de Artes Plásticas
del Principado.
Intimista
y autorreferencial, marcadamente exigente y autocrítica, su labor es
rotundamente versátil, tanto desde el punto de vista técnico como conceptual.
Coherente con sus retos personales ha sabido, paso a paso, crear un estilo
propio e inconfundible. Iconográficamente, sus obras evocan recuerdos,
vivencias, experiencias propias de la artista, de forma que, en amplio sentido,
su labor se puede entender como una proyección de su biografía, de su
trayectoria vital. Una proyección que en buena medida puede entenderse como
terapéutica, catárquica.
El
entorno del hogar, la familia, la niñez, su añoranza, la pérdida de la
inocencia y sus ansias, son problemáticas tratadas y constantemente en sus
trabajos, ya desde propuestas como Echar
a volar, que en 2001 presentaba en
la Sala Borrón
, de
Oviedo, o Conjugaciones, de 2003, exhibida
en el mismo espacio.
Partiendo
de estas premisas, como resultado, la artista crea obras que, bajo una
apariencia de delicadeza y sutilidad, encierran siempre un misterio y, en
ocasiones, amargura y crueldad. Vivencias, evocaciones, que Fernanda Álvarez
nos ofrece, adoptando una mirada inequívocamente femenina; una perspectiva que
sólo es posible que llegue de la mano, firme y segura, de una mujer.
Harto
expresivas son sus estampaciones sobre telas, sus cosidos, sus entretelas o su
interés por el fragmento. Una ejemplar muestra de ello la encontramos en El
peso del cuerpo. El peso del alma, la muestra que, en 2004, con
carácter itinerante, se desarrolló en el circuito asturiano de Cajastur. Constaba de cuatro series
temáticas, variadas en formatos y procedimientos, pero con un hilo conductor,
el cuerpo femenino. En realidad, la propuesta, desde una impactante visión del
ser, partía de fragmentos femeninos – manos, piernas - y de confrontaciones
conceptuales: orden/caos; amor/crueldad; levedad/agresión; infancia/madurez.
Sus trabajos, detrás de los cuales hay un
sólido bagaje técnico, se revelan inquietantes, al mismo tiempo que emotivos y
nostálgicos. Cobijan, las más de las veces, tras una aparente sencillez, un
meditado simbolismo, un poso conceptual y una gravedad incontestables.
Constantes en su discurso: la infancia, el arranque de la experiencia vital, el
aprendizaje. Su síntesis: recientemente, en la exposición de libros de artita
TEXTUAL, tuvimos la oportunidad de disfrutar de Aprender a leer, una sencilla y al propio tiempo magistral pieza en
la que Fernanda
Álvarez trataba de lo que implica esa actividad que todos hemos emprendido, no
sin esfuerzo, en nuestra infancia
[2]
.
Aprender a leer, pero también a crecer, a comunicarnos, a traducir, a
interpretar, a leer entre líneas, a discriminar, a tachar. Aprender a vivir, en
definitiva.
Ahora,
en Frágil, la intervención
desarrollada por nuestra artista en el Edificio Histórico de la Universidad -
extremadamente delicada e impactante, al propio tiempo - es Alicia la velada
protagonista. La niña en torno a la que gira la enigmática obra de Lewis
Carrol, en su mundo de maravillas, jardines, perversiones y locuras. Es la
infancia, el universo femenino, la experiencia de la vida, la fragilidad de
la existencia. Una
difícil fusión entre la belleza de las flores y la dureza de
la vida. Un
hermoso paisaje
florido. Una nueva Arcadia. Una tierra de sueños. Un sobrecogedor grito en el
silencio.
En
una línea inscrita en el ámbito del arte público y desde propuestas
multidisciplinares, ha venido desarrollando su labor
Pablo
Armesto
(Schaffhausen. Suiza, 1970). Técnico Superior en
Diseño Gráfico e Ilustración, formado en la Escuela de Arte de Oviedo, ha
mostrado una especial inclinación hacia la escultura, el grabado y la
estampación como vías de canalización creativa, híbridamente combinadas entre
sí en muchas de sus propuestas.
Recientemente
galardonado con la Beca a la creación escultórica que concede el Museo Antón de
Candás (2007), el reconocimiento de su trabajo ha venido de la mano de
diferentes galardones entre los que cabe destacar el Premio Astragal (2004),
concedido por la Consejería de Cultura del Principado de Asturias,
la Beca AlNorte
(2005), sendos
diplomas obtenidos en el XXXVI y XXXVII Certamen Nacional de Arte de Luarca
(2005), la Mención de honor de certamen de esculturas flotantes Laguna de
Duero, en Valladolid (2005),
la
Beca FIB-Art
’05 “Sueños de papel”, para realizar una intervención
de Arte Publico en la playa de Benicassin. Castellón (2005), o la Beca de producción
de Extensiones, Anclajes, promovida
por el Centro de Arte y Creación Industrial LABoral (2007).
Entre
sus proyectos de arte público podemos subrayar el interés de intervenciones
como La Nasa (1998), en el contexto del proyecto A:Península, promovido el Ayuntamiento
de Gijón, configurada a modo de trampa para la captura simbólica de hombres. La Mar y los sueños (1999), una propuesta conectada con
la iniciativa A
:Mar y
desarrollada de nuevo en Gijón, recogía una idea que Armesto ha continuado
desarrollando en otras ocasiones. De tal forma, sirviéndose de un elemento
efímero, un barco de papel flotando en las aguas, el artista deja constancia de
un sueño convertido en realidad: la regeneración de un espacio degradado de
la ciudad. Este
planteamiento ha guiado también proyectos como
La
Calzada Descalza
(2003), abierto a la interacción, con el
objetivo de trazar un itinerario y analizar la transformación simbólica del
territorio, en este caso, de un barrio obrero gijonés. A estas intervenciones
puede sumarse la instalación multimedia Los
Umbrales del Tiempo (2001), presentada en la Sala 1 del Centro de Cultura
Antiguo Instituto de Gijón; una puesta en escena interactiva donde reflexionaba
sobre la problemática que rodea a la realidad tecnológica en nuestros días.
Ganador
del Premio Astragal, en su edición de 2004, con el proyecto multidisciplinar Punto de Encuentro, Armesto introducía un
análisis de la ciudad de Gijón, desde una cartografía del azar y atendiendo a
un planteamiento procesual, abierto y, de nuevo, interactivo. Su pretensión, en
conjunto, sería la de acercar el arte al ciudadano, favorecer su intervención
en él y, en un sentido último, enfatizar el componente humano del espacio
urbano gijonés
[3]
.
En el
discurrir creativo de
Pablo
Armesto
ha ido ganando terreno la problemática de la
identidad y la memoria, de manera que, en sus últimas propuestas, el compromiso
con lo propio, con la cultura y la lengua asturianas, constituye un puntal
decisivo del proceso creativo. Esta poética orienta el proyecto que
próximamente ejecutará en el parque escultórico del Museo Antón de Candás,
merecedor de la Beca que anualmente otorga dicho centro. Pero también,
íntimamente relacionada con éste, la instalación escultórica Atabasar, que ha realizado
específicamente para la exposición ¿Qué
arte?, en concreto para la Sala de exposiciones del Banco Herrero.
Sirviéndose de madera de avellano entrelazada y un acertado uso de la luz y de
la sombra, apropiándose del espacio y combinando sabiamente tradición y
modernidad, oficio artesanal y nuevas inquietudes estéticas, Armesto ha creado
un ambiente casi mágico, una trama, un cebatu,
una construcción que facilita el reencuentro con lo propio, con sus raíces, y
también las nuestras.
Con
un sello marcadamente personal y una acentuada intensidad emocional nos llega la
labor fotográfica de
Noe Baranda
(Gijón,
1978). Técnico Superior de Fotografía, formado en la Escuela de Artes y Oficios de Oviedo, dirige
su propio estudio desde el año 2001. Dedicado, junto a la fotografía, al diseño
gráfico, la dirección de cortometrajes, la música y la creación
multidisciplinar, su trabajo responde una profunda labor reflexiva. Una
búsqueda de lo oculto, en particular, de lo que se oculta en el interior del
propio artista.
La
fotografía, en Baranda, se entiende como una herramienta de autoindagación, un
medio de autoconocimiento, un ejercicio de introspección personal. A través de
ella se analiza a sí mismo y al mundo que le rodea: su realidad íntima, sus
seres queridos, su entorno entrañable. Y a nosotros, espectadores, nos permite
penetrar en ese mundo y participar de las historias que cada una de sus
fotografías nos muestra.
Porque
Noe Baranda
es un narrador de historias. En sus obras, más allá de lo formal, del cuidado
tratamiento plástico de sus imágenes, de su virtualidad estética, hay un denso
poso narrativo. Nos adentra en historias no cerradas, cargadas de interrogantes. A nosotros,
espectadores, nos corresponde, siguiendo las claves que Baranda nos
proporciona, reconstruirlas y recrearlas.
Hay,
por consiguiente, en sus fotografías una invitación a la interacción: sin
nuestra participación, sin nuestra lectura, sin nuestro diálogo con la obra,
ésta carece de sentido
[4]
.
De ello han dado muestra sus exposiciones individuales, entre las que podemos
destacar Standby (2002), en el Centro
Cultural El Foro, de Madrid; Soledades
Habitadas (2004), en el CMAE de Avilés; Los
Hombres Huecos (2005) en el Espacio Astragal de Gijón; y Carelia. Aquí el otoño no dura tanto (2007),
en
la Sala Borrón
de Oviedo. Premios como
la
Beca Al Norte
(2004) y el VI Premio Astragal (2005) o su
selección para la Muestra de Artes Plásticas del Principado (2006) y
la Sala Borrón
(2007) acreditan su discurrir creativo.
Casa de fieras (2007), la serie que
Noe
Baranda
ha realizado con motivo de esta exposición,
presentada en el Claustro Alto del Edificio Histórico de la Universidad, una
vez más, nos invita a introducirnos en una historia. Una historia que no puede
resultarnos ajena porque es
la nuestra. Porque
trata de una sociedad de plástico,
en la que viven hombres de plástico. Una sociedad dirigida por la fiebre
consumista, una sociedad globalizada y espectacularizada. Un bestiario
contemporáneo, un juego de fantasía y realidad.
La
indagación en el concepto de espacio, pero también el movimiento, la
espiritualidad y la levedad han marcado el fértil horizonte creativo de
Laura
Blanco
(Gijón, 1975). Licenciada en Bellas Artes por
la Universidad Complutense
de Madrid, completó su formación, con la obtención de una Beca Erasmus, en la Akademie der Bildenden Künste de
Stuttgart, en 1998; año en el que desarrolló su primera individual en el Centro Cultural de Entrevías, dentro de la Red de
Arte Joven de Madrid.
Avalan su trayectoria distintos premios, tales como
el Accésit obtenido en los Premios Ciudad de Palencia 2000; su
selección en
la
Muestra
de Artes Plásticas del Principado, de los años 2000 y 2002; el “6è Premi el
Caliu” de Grabado de Olot, Gerona (2001); el 3er Certamen Nacional Fernando
Quiñones de Cádiz (2002) o el XXXVII
Certamen Nacional de Arte de Luarca (2006).
Ligerísimas
esculturas, xilograbados, pinturas, también vidrieras son las herramientas de
las que, con un incontestable rigor conceptual,
Laura Blanco
se ha servido para
ahondar en su reflexión sobre la luz, el espacio y el movimiento. Y lo ha hecho
siguiendo un camino, un proceso, guiado por una voluntad constante de
experimentación.
Un
camino lento, pausado, de avances paulatinos; moroso, analítico y riguroso.
Pero que, al propio tiempo, da cabida al juego, la experiencia lúdica del acto
creativo, así como a un cierto grado de azar. También al diálogo: una serena
conversación entre la artista y la naturaleza; entre la creadora y los
materiales; entre el espectador y las obras.
De
extraordinario interés, consideramos, es la acertada combinatoria de la
vivacidad de la xilografía en color y la fragilidad de los móviles de alambre
tantas veces introducido por nuestra artista. Exposiciones como El espacio definido por la oscuridad y la
luz (2000), desarrollada en el Centro de Cultura Antiguo Instituto de
Gijón; El color de
la luz. Xilografías
y esculturas móviles (2002), en
la Galería Ekléctica
de Madrid; Móviles y xilografías (2005), en el Museo Evaristo Valle de Gijón; y, más recientemente, El viaje de la luz (2007), en