AJIMEZ ARTE

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Textual: la multiformidad como obra de arte

© Natalia Tielve García
Dra. en Historia del Arte
Profesora de Historia del Arte, Universidad de Oviedo

Texto para el catálogo de la exposición “Textual”.
Centro de Arte Casa Duró, Mieres
Febrero de 2007
Escuela de Arte de Oviedo
Abril 2007
CMAE
Julio 2007

 

 

“Otra nueva forma de expresión. En lugar de pintar algo, se trata de reproducir aquellos cuadros que tanto me gustan en miniatura y a un volumen muy reducido. No sabía como hacerlo. Pensé en un libro, pero no me gustaba la idea. Entonces se me ocurrió la idea de una caja en la que estarían recogidas todas mis obras como en un museo en miniatura, un museo portátil, y esto explica que lo instalara en una maleta”.
                                                                                                                      MARCEL DUCHAMP1

                                                          
A nadie se le oculta que el arte que se ha venido desarrollando en las últimas décadas refleja, entre otras preocupaciones, la lucha por ensanchar el concepto de obra artística. Una de las apuestas que, indudablemente, ha enriquecido y dinamizado el mapa de la creación de manera más rotunda ha sido la de la hibridación y el mestizaje. El espacio del arte no ha hecho sino ampliarse hacia nuevos territorios y propuestas fronterizas. Versatilidad, libertad interdisciplinaria, materiales mixtos y formas poliédricas, que responden a un deseo, más o menos presente, de reinvestigar el lugar que éste ocupa en la sociedad. TEXTUAL, la muestra que ahora abordamos, constituye un buen exponente de ello.
A través de esta exposición es posible emprender un sugerente itinerario que nos traslada a distintos universos creativos. Estos parten de un hilo conductor, de un elemento que los aglutina: el libro de artista y, con él, la preocupación común por el lenguaje, por la pluralidad – en realidad - de los lenguajes estéticos. Promovida y organizada con pasión y esfuerzo por Marta Fermín y Daniel Jove, la exposición TEXTUAL reúne, nada más y nada menos, que a veintiséis artistas. Una cifra nada usual en las exposiciones colectivas a las que estamos habituados. Una cifra, desde mi punto de vista, muy significativa en tanto que pone de manifiesto no sólo el interés que esta estrategia estética – la relacionada con el libro de artista, con el libro-objeto…- despierta entre una parte importante de nuestros creadores, sino porque, además, es reveladora de la comprometida respuesta y buena sintonía de las que, ante esta iniciativa, los autores han hecho gala. La exposición se convierte, gracias a esto, en un punto de encuentro, de unión de creadores que trabajan en diferentes especialidades y a los que aglutina el común deseo de hacer del arte un objeto para ser vivido. Y no puedo más que felicitarles por ello. Por ello y, claro está, por los resultados de un laborioso trabajo que ahora se despliega ante nosotros.
Pero, volvamos al inicio: hibridación, mestizaje, versatilidad, interdisciplinariedad, carácter huidizo, nuevas búsquedas, permeabilidad de los géneros y de las técnicas… Los artistas, desde hace décadas, vienen adoptando más y más modos de hacer arte, desde la incorporación de nuevas tecnologías, hasta la adopción de novedosas estrategias expresivas y de comunicación, que incluyen la disolución de los géneros establecidos y la renovación de la tradición técnica. Tanto es así que resulta complicado imaginar una obra artística que no incorpore el sello de la mezcla. Siguiendo a E. Lucie- Smith, el arte ha recorrido una gran distancia desde aquellos tiempos de 1900 hasta nuestros días2.
El diccionario de la Real Academia de la Lengua define el término libro como “conjunto de muchas hojas de papel u otro material semejante que, encuadernadas, forman un volumen”. Ahora bien, el libro de artista, tanto desde el punto de vista conceptual como objetual, adquiere unas connotaciones distintas. Invita a ser observado, a ser leído, a ser manipulado, a ser tocado y, en ocasiones, a escucharlo, pudiendo llamar a la interactuación. Borrando los límites entre distintas disciplinas artísticas, el libro de artista lleva al espectador a adoptar una actitud no pasiva, sino activa ante a la obra. Genera, entonces, una peculiar experiencia estética, más lúdica, más cálida e intuitiva. Como concepto, el libro de artista engloba a cualquier libro, sin limitación de tamaño, forma, técnicas y modalidades expresivas - dibujo, pintura, grabado, escultura, fotografía, cerámica, poesía visual, electrografía, mail-art, performance -, materiales - papel, madera, cuero, cerámica, hueso, metal, recursos digitales - en cuya realización, directa o indirectamente, participen uno o varios artistas.
Aunque, en su sentido más estricto, el libro es un continente de textos y de imágenes, en el libro de artista cabe introducir todo tipo de signos, símbolos, elementos fonéticos, tipográficos y visuales; una disparidad de lenguajes que abre las vías a diversos códigos de comunicación. Se valoran el soporte, los componentes formales, el espacio, su mecanismo de exhibición, el diálogo que potencialmente se establece con el receptor3.  El carácter narrativo, implícita o explícitamente, esta presente en él4. Puede tener la forma tradicional de libro o, como es el caso de buena parte de las obras que vemos en esta exposición, ir apartándose de la misma para cobrar forma de caja, de objeto, apropiarse del espacio… La intersección, la pluralidad, la síntesis, la difuminación de fronteras expresivas, dotan al libro de artista, en consecuencia, de un carácter singular, convirtiéndolo en un peculiar campo para la experiencia estética5. Una experiencia en la que intervienen la vista - y en ella los colores, las transparencias, las luces, las sombras, las texturas visuales - el tacto - y en el, las texturas táctiles, las concavidades y convexidades, los pliegues –, e incluso también cabe la percepción sensorial del oído y el olfato. Con todo, el objeto así concebido, tiene la virtud de cumplir algunas de las máximas de la aspiración al arte total: la integración de las artes, el acercamiento del arte a la vida, la búsqueda de un lenguaje universal. Sin estas premisas – la disolución de fronteras entre los géneros, el replanteamiento de las relaciones entre el artista, la obra y el público, reivindicados y reinvestigados por muchos creadores desde hace décadas - resultaría imposible imaginar el desarrollo del libro de artista. Tal como ha señalado Benítez Dueñas “el cuestionamiento sobre la naturaleza de la obra de arte, que derivó en la expansión de sus límites espaciales y temporales hasta el punto de plantearla como una acción efímera o como un mero enunciado, provocó a su vez una experimentación inédita hasta entonces con los soportes y las formas de presentación, pero sobre todo de definición de cómo y bajo qué circunstancias podía algo considerarse artístico”6.
Desde el punto de vista historiográfico, en algunas de las corrientes de vanguardia de inicios del siglo XX - fundamentalmente en el Futurismo, el Dadaismo, el Fauvismo, el Cubismo, el Constructivismo ruso y el Surrealismo - pueden rastrearse los precedentes de esta práctica artística7, sin olvidar el carácter precursor que el livre d´artiste tuvo en el París de la última década del XIX, partiendo de la iniciativa de Ambroise Vollard. Pero, sobre todo, el desarrollo del libro de artista ha seguido un camino paralelo al desenvolvimiento de las tendencias conceptuales8, desde Marcel Duchamp, pasando por las cajas de Fluxus que recogían documentación, objetos y fotografías. La noción de ready-made duchampiana abrió las puertas a una mirada del libro como objeto, en particular su Boîte-en-Valise, de 1936. La aportación de los espacialistas argentinos, en el denominado  libro-objeto, hubo de resultar muy llamativa, estando basada en la creación de libros, carentes en apariencia de contenido, en los que las formas, el color, las texturas, así como la participación del espectador, se convertían en los elementos puestos en juego. La investigación en las múltiples posibilidades del collage daría lugar a interesantes experiencias por parte de creadores franceses, italianos, alemanes y norteamericanos. El grupo Cobra, los letristas franceses, los poetas concretos en Brasil… exploraron el mundo del libro con seriedad. Artistas ingleses, como Richard Long, dejaron en libros el registro fotográfico de sus paseos y excursiones planteados como una obra de arte. El proceso conceptual, la labor de documentación fotográfica, generarían los libros de los americanos Bruce Nauman, Ed Ruscha, John Baldessari o Sol LeWitt,  a los que más adelante se sumarían Lawrence Weiner, Fischli & Weiss, Kippenberger, Clark y Goldin, entre otros.
Para el caso español, no puede obviarse el papel esencial de Joan Brossa, quien, principalmente en la década de los sesenta, aborda el poema encontrado, el poema objeto y el libro obra de arte. Un posicionamiento incipiente es el que encontramos en el concepto de poesía tipográfica Guillem Viladot9, junto a la labor de Felipe Boso, José Antonio Cáceres, José Luis Castillejo, Nacho Criado, Ricardo Cristóbal, Julio Campal, Antonio Gómez, Fernando Millán, José María Iglesias, Antonio Sarmiento y colectivos como el grupo Zaj10 , el grupo Texto poético, de Valencia - cuyo núcleo lo forman Bartolomé Ferrando, David Pérez y Rosa Sanz -, el grupo que crean en Palma de Mallorca los hermanos Terrades (Andreu y Steva), junto con Miquel Barceló y Joan Palou. Del libro de artista, al libro-objeto, pasando por el objeto-libro y el libro-obra-de-arte, han ido transitando, en consecuencia, las distintas fórmulas utilizadas por los diferentes creadores.
En la investigación de nuevos caminos de expresión, el campo de las posibilidades se ha entendido y se entiende amplio y abierto. Un elemento no extraño en la dinámica del libro de artista ha sido el propósito de convertir la obra en un vehículo para la acción y la transmisión del pensamiento independiente, desde un punto de vista alternativo y comprometido. No olvidemos que el libro, además de contenedor, es en sí mismo signo y símbolo, viendo así incrementadas sus cargas connotativas11. De esta manera la recepción del arte se convierte en un proceso de descodificación de los múltiples mensajes que puede encerrar cada obra, donde lo interactivo se plantea, más que como una apuesta por la obra abierta, como un juego de estímulo/respuesta que induce a participar en él y de él12. Recordemos que una de las premisas fundamentales sobre las que se ha construido el arte de nuestro tiempo es la modificación a la que han sido sometidas las relaciones entre obra y espectador, así como entre productor y receptor13 . La experiencia artística reciente reclama por parte del público una postura más activa y, al propio tiempo, más comprometida; o lo que viene a ser lo mismo, una actitud dialogante, de intercambio o interrelación con la obra. En consecuencia, el punto o los posibles puntos de vista del productor/artista/creador no se imponen de una forma inalterable sino que, antes bien, al receptor – para el que las más de las veces se reclaman lecturas oblicuas - corresponde el privilegio de otorgar múltiples significados a cada obra, con lo que éste contribuye a enriquecer y complementar la consecución, los valores y mensajes del elemento artístico que, de este modo, conquista una amplia diversidad significativa. El espectador, por tanto, es el que tiene la posibilidad de activar el significado de cada producción y, paralelamente, de desentrañar el laberinto significativo de las distintas propuestas. Este mecanismo implica, necesariamente, que el discurso artístico renuncie a ser un monólogo o un soliloquio - donde el artista es exclusivamente el que habla e impone un mensaje, una única posible lectura - para  convertirse en un diálogo, en una dialéctica de réplicas y contrarréplicas, en un intercambio de mensajes, en un juego de preguntas y respuestas, dando como resultado, en sentido último, un discurso plural y compartido14 .

Las obras de la exposición TEXTUAL, con todo, nos introducen en el multiforme, apasionante y enriquecedor mundo del libro de artista, poniendo de manifiesto sus numerosas posibilidades como obra de arte. Tal ha sido el empeño que, con altas dosis de tesón y esfuerzo, se han propuesto sus dos organizadores: Marta Fermín y Daniel Jove. En TEXTUAL se dan cita creadores de distintas generaciones y planteamientos expresivos. Desde autores de extensa trayectoria, como Ricardo Mojardín, José Ferrero, Isabel García Cuadrado, Agustín Bayón y Josán López de Pariza, hasta la renovadora mirada de los más jóvenes Fernanda Álvarez, Sandra Sarasola, Jaime Rodríguez, María Moriyón, Angélica García, Sandra Estrada, María Mieres, Marta Fermín y Daniel Jove, pasando por la reflexivas aportaciones de Ana Vila, Elisa Torreira, Jaime Luís Martín, Eugenia Capellán, Gabino Busto y Dora Ferrero. A fin de dar cabida a diferentes perspectivas, junto a los artistas asturianos, se han incorporado seis creadores procedentes de otras provincias españolas: Cristina Almodóvar, Juan Pablo Villalpando, Diego Pérez Galindo, Pedro Luís Cembranos, Raúl Díaz Reyes y Marta Prieto.
            TEXTUAL, planteada dentro de un circuito itinerante, abrirá sus puertas en primer término en el Centro de Arte Casa Duró, de Mieres, singular espacio expositivo en el que se vienen desarrollando en estos últimos años algunas de las muestras colectivas más novedosas e interesantes de nuestra región. Buen ejemplo de ello lo tenemos en Ochobre (2004), coordinada por Anxel Nava, A la contra (2005), con la coordinación de Marta Fermín y Fernanda Alvarez, y Semántica (2006), comisariada por Jaime Rodríguez. De allí viajará al Centro Municipal de Exposiciones de Avilés, el CMAE, donde, al ser mayor el espacio expositivo, se incrementará el número de obras exhibidas. No podemos dejar de mencionar, además, la intima vinculación de este proyecto con las X Jornadas de Grabado y Edición de Arte que, como cada año, se organizan desde la Escuela de Arte de Oviedo, contando con la admirable dedicación de la Dra. María Álvarez.

            Iniciaremos, de este modo, un recorrido que nos permitirá adentrarnos en el personal mundo de cada uno de estos creadores, en sus plurales sensibilidades y propuestas. Y arrancaremos nuestro itinerario con Cristina Almodóvar. Esta artista madrileña, Licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, en la especialidad de Escultura, cuenta, pese a su juventud,  con una notoria trayectoria formativa y expositiva. Escultura, pintura, dibujo, instalación son algunos de los diversos medios expresivos de los que se ha servido, dando muestras de ello en eventos como el Salón Internacional de Grabado Estampa y la Feria de Arte Contemporáneo de Toledo, Tránsito,
La naturaleza, el mundo vegetal con preferencia, es la fuente que inspira las aportaciones de esta creadora, como podemos observar en la propuesta que en esta ocasión nos ofrece. Su obra es fruto de una atenta observación, de una fascinación por el fragmento, los cautivadores pequeños detalles del universo natural: bulbos, raíces, floraciones, semillas, hojas, brotes, ramas... y, con ellos, sus moradores, los pájaros, los insectos, los peces…15 . Elementos a veces tiernos y delicados. Majestuosos y hasta agresivos, en otras ocasiones. Cristina Almodóvar nos transporta, en definitiva, a un fascinante universo organicista, que no puede dejarnos impasibles; un singular mundo en el que prevalece la sugerencia de serenidad y calma, una deliciosa sensación de orden y armonía, de ingravidez y levedad.

Rigor conceptual, mirada introspectiva, sensibilidad, sutileza…son los rasgos que mejor definen el, siempre intimista, trabajo de Fernanda Álvarez.  Nacida en México D.F., formada en la Escuela de Arte de Oviedo como Técnico Superior en Artes Plásticas y Diseño, así como en Grabado y Técnicas de Estampación, fue Artista Joven Revelación, en el año 2002, de la Muestra de Artes Plásticas del Principado. Fiel a su estilo, coherente con sus retos personales, sus creaciones responden siempre a una marcada de versatilidad, desde el punto de vista técnico y también conceptual16 . Iconográficamente, sus obras evocan recuerdos, vivencias, experiencias propias de la artista, de forma que, en amplio sentido, su labor se puede entender como una proyección de su biografía, de su trayectoria vital. Una proyección que en buena medida puede entenderse como terapéutica. El entorno del hogar, la familia, la niñez, su añoranza, la pérdida de la inocencia y sus ansias, son los asuntos recogidos de manera reiterada en sus trabajos. Pero siempre desde una sensibilidad peculiar, una mirada inequívocamente femenina, inquietante, al mismo tiempo que emotiva y nostálgica. Harto expresivas son sus estampaciones sobre telas, sus cosidos, sus entretelas, su interés por el fragmento. Partiendo de estas premisas, como resultado, la artista crea obras que, bajo una apariencia de delicadeza y sutilidad, encierran siempre un misterio y, en ocasiones, amargura y crueldad.
En Aprender a leer Fernanda Álvarez lleva a término un verdadero ejercicio de reivindicación de la cultura libresca, pero sin obviar una constante en su trabajo: el recuerdo de la infancia. Dos guantes blancos de algodón – de los habitualmente empleados para manipular obra -, llevan impresos sendos textos – llevados en un primer momento sobre papel transfer, para luego ser transferidos a la tela con plancha caliente. Los textos reproducen la primera y última lección de una cartilla de lectura, de finales de los años treinta, e incorporan tachados con rotulador. Aparecen situados en la parte interior de los guantes, de tal modo que ver y tocar la pieza podría equipararse a la manipulación de un libro (portada, tripa, contraportada). No en vano, leer es una actividad donde no sólo participa el sentido de la vista, sino que, al menos en el caso del libro, es también una labor manual  e incluso olfativa. Trata, con todo, la pieza de lo que implica esa actividad que todos hemos emprendido, no sin esfuerzo, en nuestra infancia de aprender a leer. Pero también del crecer y de aprender a leer de otras maneras: a leer entre líneas, a discriminar, a traducir, a interpretar, a tachar, aprender a vivir, en definitiva. Y, no menos importante para la autora, hay en Aprender a leer una reivindicación del libro, frente a aquellos que consideran que éste está condenado a desaparecer. Para Fernanda Álvarez leer se afirma como un auténtico acto de resistencia en esta sociedad de la infoxicación en la que vivimos: demasiada información, que nos llega demasiado fácilmente. El libro, en última instancia, la lectura, la decisión de lo que uno lee, tienen, a su entender, hoy más vigencia y más importancia si cabe.

La pintura, el dibujo, la escultura y el arte postal constituyen los géneros artísticos a los que ha dedicado su disciplinada labor Agustín Bayón. Formado en la Escuela de Arte de Oviedo, ganador del Concurso Internacional de Dibujo Artístico J. Pérez Villamil, en 1990, ferias como Arco y Arte-Lisboa,  ciudades como Santander, Santiago de Compostela, Madrid y Granada, han servido de escenario a algunas de sus exposiciones. Si hay un ingrediente prioritario e inexcusable en la base del trabajo de nuestro artista, éste no es otro que el dibujo. Una herramienta, la del dibujo que Bayón entiende como un verdadero campo de experimentación, a través del cual se hace posible configurar un mundo imaginario, cargado de enigmáticos componentes. La invitación a la ensoñación, a la evasión, la búsqueda continuada de nuevos horizontes que, en términos generales,  caracterizan a sus obras se reúnen en el libro de artista que tenemos ante nosotros.
Nicole´s town es el título de la pieza que ha sido realizada por Agustín Bayón, partiendo de una elocuente intervención sobre un objeto encontrado y que no es otro que un cuaderno de contabilidad, fechado en 1886. Sobre las páginas, inundadas de los textos de su antiguo propietario, el artista despliega un conjunto de 189 dibujos. Entendido a modo casi de diario íntimo, mixto en su elaboración técnica, el libro recrea una ciudad imaginaria, una suerte de utopía paradisíaca. Un espacio ideal, de arquitecturas ilusorias, para una mujer ideal, un icono de la belleza femenina, Nicole Kidman. El dibujo, el principio fundamental que sostiene la obra, es tratado con una libertad absoluta por parte del autor, sin ataduras, sin constricciones. Un tratamiento bien distinto al que, sosteniendo un discurso hiperrealista, habitualmente encontramos en los trabajos de este artista. Una libertad de concepto que Nicole´s town, comparte con otros cuadernos de dibujo realizados por Bayón, tales como A la Luna de Valencia, Los viajes de Adriana Herrera, Historia de Lujo y Diario 2003. En el caso de este libro, un aspecto a destacar es el interés que el creador muestra, más allá del contenido de los textos preexistentes sobre los que discurre el dibujo, por el grafismo, por el atractivo visual de las letras. No obstante, también el color adquiere un importante valor significativo en la obra: una policromía que se va enriqueciendo a medida que pasamos página y avanzamos en la lectura, desde el negro inicial, hasta la progresiva incorporación de nuevos matices cromáticos.

En el langreano Gabino Busto Hevia, responsable del Departamento de Educación del Museo de Bellas Artes de Asturias, desde 1991, nos encontramos, sin lugar a dudas, una personalidad polifacética. Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo, en la sección de Historia del Arte, Técnico Superior en Educación de Museos, está especializado en Didáctica del Patrimonio Cultural. Cursó asimismo estudios de Cinematografía en la Universidad de Valladolid. Su dilatada labor, orientada con preferencia hacia la didáctica y la museología, incluye la impartición de numerosos cursos y conferencias, organización de talleres, realización de materiales educativos, comisariado de exposiciones, catalogación, realización de proyectos museográficos, crítica de arte, tanto en prensa como en revistas especializadas, así como diferentes colaboraciones en torno a la expresión artística.  
Autodidacto en el mundo de la creación, Gabino Busto nos presenta una obra que, como no podía ser de otro modo, constituye un fiel reflejo de su andadura profesional y creativa. Les ayalgues de Kafiristán (Los tesoros de Kafiristán), de 2006, es una pieza, como muchas otras por él elaboradas, nacida con finalidades pedagógicas. El ejemplar forma parte de un conjunto de libros de artista, realizados con distintos formatos y diferentes técnicas, principalmente para fines docentes. Consta de varios soportes rectangulares de cartón cosidos con hilo, incorporando aguazo y encoladuras de papeles. El título, Les ayalgues de Kafiristán, en lengua asturiana, evoca los tesoros que aparecen en la novela El hombre que pudo reinar, de Kipling, así como la película homónima de Huston. La figura humana impresa, que se vislumbra a través de los círculos de la dorada cajita-contenedor, es el dios Mercurio, heraldo y mensajero de las divinidades. Constituye, en consecuencia, un auténtico cofre de pequeños tesoros, de suntuosa y sugestiva policromía, que no puede menos que invitarnos a emprender un metafórico viaje de sorpresas y ensueños.

La gijonesa Eugenia Capellán inició su formación artística de la mano de Paco Fresno y de Anxel Nava, en concreto a través del espacio creativo Lucernario, el cual le brindó la posibilidad de adentrarse en diferentes lenguajes plásticos. Amplió, más adelante, sus conocimientos con el pintor francés Edward Baran, en Beaufort-en-Vallée (Francia), asistiendo además a diversos talleres de grabado y edición de arte. Una serie de exposiciones de obra gráfica y pintura, así como diferentes intervenciones en espacios públicos, le han permitido dar a conocer sus trabajos.
La aportación de Eugenia Capellán a la exposición TEXTUAL, Recorridos, se plantea como un diario íntimo; un itinerario a través de textos e imágenes que forman parte del universo personal de la artista. Este peculiar árbol genealógico fue creado, con técnicas digitales, a partir del taller de Edición de Arte Aplicada al Grabado que, bajo la dirección de Marta Fermín, ha seguido en la Universidad Popular de Gijón. A modo de viaje interior, la creadora mira atrás y bucea en sus propias raíces, generando un camino, un circuito que viene dado por las huellas de sus pies. Las imágenes reproducidas proceden de fotografías y postales de su familia, a las que, hacía la mitad del libro, se suma la propia artista - con una fotografía de sus pies - como si su presencia familiar apareciera en ese momento de la historia. A partir de ahí, su vida aparece representada por medio de dibujos y grabados, que construyen una secuencia en la que el colorido adquiere componentes simbólicos: a medida que el tiempo avanza, en los años recorridos, los tonos son más vivos, intensos y alegres. Las imágenes se ven acompañadas por textos en los que Capellán recoge mensajes, abrazos, gestos de cariño. Como resultado, desplegando sus huellas, apropiándose del espacio, ocupando una parte del suelo y de las paredes de la sala, la artista genera un intimista reducto para la introspección.

               Una ventana abierta a una inquietante realidad. Este es el perturbador universo al que nos traslada el joven artista madrileño Pedro Luís Cembranos. Un creador que ha volcado su andadura en el fértil territorio de la gráfica, alcanzado en éste una indiscutible solvencia, no sólo desde el punto de vista técnico, sino también conceptual. Como reconocimiento a su labor, Címbranos ha sido premiado en diversos certámenes de grabado, a instancias de instituciones como la Calcografía Nacional y Cajamadrid, entre los que cabe destacar sendas Menciones de Honor obtenidas en el Premio Internacional de Grabado Carmen Arozena (2005 y 2006). Sus propuestas han sido mostradas al público, entre otros espacios, con motivo del Salón Internacional de Grabado Estampa, desde 2003, el Centro del Grabado Español Contemporáneo de Marbella y la Bienal Internacional de Grabado de Xátiva.
La ventana (1999) es una obra compleja y fascinante, fruto de una evidente madurez conceptual y una personalidad reflexiva, constituida a partir de una caja de medianas dimensiones que acoge en su interior un libro. Éste, compuesto por seis dibujos a tinta china sobre papel arrugado, roto y quemado, incorpora textos estampados sobre papel parafinado, reciclado de la industria farmacéutica. El objetivo que el artista se ha propuesto con la realización de esta pieza ha sido el de llevar al papel las transformaciones que un hombre alucinado podría detectar en el paisaje. Con este propósito, ha llevado el papel a sus límites físicos, de manera que los seis dibujos que componen el libro incorporan dobleces, rotos, quemados y otros tipos de maltratos, acompañándolos exclusivamente tinta china. Tanto la encuadernación como la caja están realizadas manualmente. A su vez, las páginas que separan los dibujos, en las que se inserta el texto, son de papel parafinado, semejante a los que envolvían los palés de medicamentos de un mayorista distribuidor de este sector, haciendo hincapié en la idea del enfermo mental. El texto, estampado con chorro de tinta, habla de un personaje que se despierta en una habitación que no es la suya, y en la que desconoce porqué se encuentra. Sólo logra discernir las sutiles transformaciones que, desde su ventana, el paisaje le presenta: una turbadora y enfermiza realidad, presentada de una forma transgresora por Pedro Luís Cembranos.

            Técnico Superior en Grabado y Técnicas de Estampación, por la Escuela de Arte 10 de Madrid, el artista madrileño Raúl Díaz Reyes,  ha compaginado una interesante labor de indagación en el terreno de la gráfica con la práctica de la fotografía e intervenciones en espacios públicos. Premiado en diversos certámenes de grabado y de fotografía, participante, desde 1999, en el Salón Internacional de Grabado Estampa, espacios de la talla del Centro de Arte Reina Sofía y la Casa de la Moneda de Madrid han acogido sus propuestas, poniendo de manifiesto el reconocimiento con el que este joven creador ya cuenta. Su obra figura en las colecciones de la Fundación Miró de Mallorca, la Calcografía Nacional, el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, la Fundación BBVA, la Biblioteca Nacional y la Fundación CEIM.
Huella futura es una pieza editada por la Calcografía Nacional, interesada por la capacidad que Raúl Díaz Reyes muestra para experimentar con la combinación de técnicas de grabado clásicas e impresiones digitales. Debe entenderse como la prolongación de un trabajo precedente, en el que, mediante la litografía, el artista interpretaba una serie de fragmentos óseos que tuvo la oportunidad de observar en la Facultad de Biología de Madrid. En Huella futura son manipuladas directamente las fotografías que tomó de dichos fragmentos, intentando componer, a modo de juego, a partir de las imágenes preexistentes, nuevos esqueletos. Su pretensión es, fundamentalmente, la de simular un hallazgo de algo que, paradójicamente, carece de una existencia real. Este sorpresivo juego es recreado a través de un personal lenguaje, gestual, directo y libre; exento de ataduras y condicionamientos.

No puede más que resultarnos impactante la propuesta El humano frente al cambio, a cargo de Sandra Estrada. Un libro que se ha convertido en un video-libro, en el cual, a través de una estudiada secuencia de imágenes, la artista medita, como veremos, sobre la naturaleza del ser humano y su actitud ante el mundo. Nacida en Oviedo, esta jovencísima creadora cursa actualmente estudios de Bellas Artes en la Universidad de Vigo, habiendo adquirido ya el título de Técnico Superior de Grabado y Técnicas de Estampación, por la Escuela de Arte de Oviedo, y completando, día a día, su formación a través de cursos y talleres de grabado, edición de arte y otras modalidades artísticas. Su incipiente trayectoria expositiva le ha llevado a espacios como la Galería Vértice, de Oviedo, la sala de exposiciones de la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra y la Escuela de Arte de Oviedo, entre otros.
El cambio climático, la vulnerabilidad de los sistemas naturales y humanos ante el mismo, son las cuestiones que Sandra Estrada aborda en El humano frente al cambio. La historia visual que encierra este libro de artista, presentado en formato videográfico, trata de la necesidad de adaptación del hombre ante las consecuencias del calentamiento del planeta, en los recursos hidráulicos, la agricultura, la salud, etc. Aborda el sentimiento de impotencia que invade al ser humano para hacer frente a tal catástrofe, de la que, a la postre, se siente culpable. Desde una manifiesta actitud de denuncia, la artista plantea una inquietante tesis, la del suicidio artificial, según la cual, el hombre, al contribuir a la destrucción de la naturaleza que le ha creado, de la que ha surgido, se somete a un proceso de autodestrucción. Las imágenes del video ponen en relación, metafóricamente, la naturaleza animal y vegetal, con el ser humano: paisajes que se convierten en cuerpo y cuerpo que se convierte en paisaje; hojas que luchan por salir y traspasar elementos artificiales creados por el hombre, escupiendo savia o llorando pétalos; el sonido de las hojas entre las manos, destrozándose, el sonido del viento y de la lluvia, de goteras y alientos.
La exposición que ahora tenemos ante nosotros no hubiera sido posible de no ser por los desvelos de una trabajadora entregada e infatigable: Marta Fermín. Una artista comprometida con la gráfica, por encima del resto de las vertientes creativas que ha cultivado. Formada en la Escuela de Arte de Oviedo, en Grabado y Técnicas de Estampación, ha participado en los últimos años en diversos talleres, jornadas y seminarios que le han facilitado, no sólo conocer y perfeccionar distintas técnicas de estampación, grabado y edición, sino también formar ahora a otros grabadores. La labor de esta joven creadora responde a unas marcadas directrices de autoexigencia, manifiestas ya, a mi entender, en una de sus más interesantes propuestas, Grabados estacionales, de 2000, donde recogía, a través de la serie Mes de…, un conjunto de piezas que recreaban los distintos meses del año para, desde un plano emotivo y adoptando una actitud evocadora, comunicar sus estados anímicos. Trataba de atrapar, en un sentido alegórico, las imágenes y los recuerdos que cada mes del año había ido dejando en su memoria, el moroso fluir del tiempo y sus entresijos, sirviéndose del trazo y del color como vehículos expresivos e indagando la estampación con aguafuerte y aguatinta. Desde entonces, la envergadura conceptual y metodológica viene caracterizando unos trabajos que la artista ha dado a conocer, no sólo en muestras individuales, sino a través de algunas de las más importantes exposiciones de obra gráfica que en los últimos años se han presentado en nuestra región: Impronta-2, A la Contra o, más recientemente, la magnífica exposición Itinerarios de la Gráfica Contemporánea Asturiana17

En Cuando se escapan las palabras, libro rollo que la artista ha realizado para esta ocasión, se mantienen los componentes intimistas que ya estaban presentes en otros trabajos anteriores, en especial, como más arriba se indica, en sus Grabados estacionales. En el libro, Marta Fermín extiende dos frases sobre un maravilloso papel japonés KOZO; dos oraciones que arrancan de las pestañas adheridas en la parte superior. A modo de lágrimas que recorren todo el papel, del ojo-pestaña izquierdo surge la sentencia: Que nadie organice las palabras, dejarlas correr, que lleguen hasta el suelo, que se vayan y no vuelvan nunca más si ya se van. Del ojo-pestaña derecho brota la frase: es mejor que te vayas, que te lleves este enero dormido en tu boca y que las tristes redes no atrapen más. Esta segunda oración – que recoge un guiño a una de las composiciones de Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda – se une, hacia el centro del papel, como el afluente de un río, a la primera, que es la sentencia principal. La disposición ondulante y vertical de las palabras genera en el observador, no solamente una sensación que rememora el fluir del agua, sino también una sugerencia de baile óptico. Acompañan a estas frases breves textos, escritos a lápiz, que se dibujan como líneas y formas redondeadas,  en los cuales son recogidos mensajes de amor y dolor, de entrega, para configurar un mundo de recuerdos propios de la artista, pero que, en última instancia, pueden ser comunes a todos nosotros.

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1En Duchamp, Catálogo de exposición en la Fundación Joan Miró, Barcelona, 1983

2“La lección principal que surge del estudio del arte del siglo XX en toda su amplitud, es que el arte no es algo fijo e inmutable en sí, a pesar de los cambios estilísticos. Más bien se trata simplemente de otra variable dentro de un sistema muy complejo de factores estéticos, sociales económicos, e incluso en ocasiones estrictamente políticos”, en LUCIE-SMITH, E., Artes visuales en el siglo XX, Könemann, Barcelona, 2000, p. 383.

3En su Teoría Estética, Theodor W. Adorno nos indica que “la experiencia de la obra se vuelve mucho más rica con su conocimiento perseverante. Lo que se conoce intelectualmente en la obra se refleja en su percepción sensorial”, en ADORNO, Th.W., Teoría estética. Obra completa, 7, Madrid, Akal, 2004, p.413.

4Bajo la consideración de R. Barthes, “el Texto es plural. Lo cual no significa meramente que tiene múltiples sentidos, sino que cumple la propia pluralidad del sentido: una pluralidad irreductible (y no sólo aceptable). El texto no es coexistencia de sentidos, sino paso, travesía; así pues, no puede derivar de una interpretación, ni siquiera de una interpretación liberal, sino de una explosión, una diseminación”. En BARTHES, R.,“De la obra al texto”, recogido en WALLIS, B. (Ed.), Arte después de la modernidad. Nuevos planteamientos en torno a la representación, Akal, Madrid, 2001, p. 171.

5A juicio de Johanna Drucker “los libros de artista toman cualquier forma, participan de cualquier posible convención en cuanto a la producción de libros, de cualquier “ismo” del arte y literatura predominantes, de cualquier modo de producción, cualquier forma, cualquier grado de fugacidad o durabilidad archivística (…) Los libros de artista son un género singular, en última instancia un género que trata tanto de sí mismo, de sus propias formas y tradiciones, como de cualquier forma o actividad artística”. En DRUCKER, J., “El libro de artista como idea y forma”, recogido en PICAZO, G. (comis.), Nómadas y bibliófilos. Concepto y estética en los libros de artista, Catálogo de exposición, Diputación Foral de Gipuzkoa,  2003, p.133.

6BENITEZ DUEÑAS, I.M., “Otros libros, otras obras”, recogido en HELLION, M. (coord.), Libros de artista, Catálogo de Exposición, Turner, México, 2003, p. 300.

7Como ha señalado Umberto Eco, “típico del movimiento de vanguardia es la decisión provocadora, el querer ofender socialmente a las instituciones culturales (literarias o artísticas), con productos que se manifiesten como inaceptables”. Asimismo, señala como las observaciones más claras sobre los distintos movimientos de vanguardia del siglo XX son las debidas a Renato Poggioli quien en su obra “Teoría del arte de vanguardia”,  indica nueve características esenciales de toda corriente de dicha índole. Se trataría del “activismo” (entusiasmo, fascinación por la aventura); el “antagonismo” (actuación contra algo o alguien); el “nihilismo” (desprecio de los valores tradicionales);  el “culto a la juventud”; el “ludismo” (arte como juego); el “agonismo” (en el sentido del carácter agónico del holocausto, gusto por la propia catástrofe); el “revolucionarismo” y el “terrorismo”, en sentido cultural; la “autopropaganda” (imposición autopublicitaria de su modelo como único); y el “predominio de la poética sobre la obra”, en ECO, U., “El Grupo 63, el experimentalismo y la vanguardia”, recogido en De los espejos y otros ensayos, Lumen, Barcelona, 2000, p.103.

8Hablamos de tendencias conceptuales en atención a la disparidad de métodos y formas de trabajo, estrategias y contaminaciones a las que responden las obras asignadas a la categoría de lo conceptual. Entre otros autores que han tratado el tema, Simón Marchán ha distinguido la existencia de cuatro tendencias: lingüística, tautológica, empírico-medial e ideológica. En MARCHAN, S., Del arte objetual al arte de concepto, Akal, Madrid, 1986, pp. 253-271.

9Ver SARMIENTO, J., La otra escritura: La poesía experimental española, Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha, Cuenca, 1990.

10Viaje a Argel, de Juan Hidalgo, editado en Madrid en 1967, está considerado como el primer libro-obra-de-arte de nuestro país.

11Pensemos, por ejemplo, en las teorías de Mijail Bajtin acerca del lenguaje y la comunicación, tales como la dialogía, que nos remite a un mundo plagado de voces y enunciados que, lejos de excluirse o aislarse conforma una inagotable fuente de significados, fruto del interminable diálogo que se plantea con resultado de la interacción de los discursos. Ver Zavala, I. M., La posmodernidad y Mijail Bajtin. Una poética dialógica, Espasa- Calpe, Madrid, 1999.

12F. Popper, en esta línea, ha determinado que “el arte ya no puede ser considerado como una expresión puramente personal sin consideración para la comunicación o la estimulación creadora.” En POPPER, F., Arte, acción y participación. El artista y la creatividad de hoy, Madrid, Akal, 1989, p. 205.

13En relación a la percepción del arte, J. Aumont considera que “el período moderno, que ha sido testigo de una nueva sucesión de movimientos que buscaban eminentemente lo nuevo – incluso bajo el nombre de vanguardias-, ha abierto las dos grandes vías para asegurarse la atención del destinatario de la obra: la sorpresa, la oscuridad. Tanto para una como para la otra vía se trata de lo mismo: de una teoría del arte como despertar de la atención, y sobre todo de la atención a la forma, es decir, de la percepción”. En AUMONT, J., La estética hoy, Cátedra, Madrid, 2001, p.268.

14Michael Podro considera que “el verdadero arte de la pintura, la escultura o la literatura trasciende los ámbitos del discurso ordinario, de la pintura y la escultura que se hacen de un modo rutinario, si bien dicha trascendencia no supone que el arte sea algo completamente independiente de las acciones comunes de hablar, pintar y escupir, o del contexto todavía más amplio en el que estas actividades desempeñan sus papeles correspondientes. La trascendencia del arte en general no causa por ello menos perplejidad – tal vez lo haga por partida doble -, ni convierte el análisis del arte en su conjunto o de los detalles de las obras particulares en una tarea inabordable. La analogía del arte y del lenguaje sugiere que la crítica de las obras de arte debería ocuparse del modo en que éstas transforman e interpretan el mundo, de cuya actividad lingüística y productora de imágenes son ya parte integrante”. En PODRO, M., Los historiadores del arte críticos, Visor, La balsa de la Medusa nº 115, Madrid, 2001, p. 265

15Ver Cristina Almodóvar, Catálogo de exposición, Galería Rina Bouwen, Madrid, 2001.

16Ver DIAZ GONZALEZ, Mª. M., Itinerarios de la Gráfica Contemporánea asturiana, Consejería de Cultura, Comunicación Social y Turismo del Principado de Asturias y Cajastur, Oviedo, 2006, pp. 38-39.

17Itinerarios de la Gráfica Contemporánea asturiana es el título de la exposición que, comisariaza por la Dra. Mª del Mar Díaz se presentó en el Centro de Arte Palacio de Revillagigedo de Gijón, en diciembre de 2006, recogiendo una cuidada selección de obras de veinticinco artistas grabadores. Ver DIAZ GONZALEZ, Mª. M., Itinerarios de la Gráfica Contemporánea asturiana, Op. Cit,p. 43.

 

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