AJIMEZ ARTE

Documentos

NO HAY GIGANTES- 1

© Guillermo Menéndez de Llano

Dentro de los actos que en La Universidad de Oviedo se han programado por el Círculo Hermenéutico en torno a las figuras de Cervantes, Dalí y Kant, el 19 de Enero (2005) intervengo en el Salón de Grados de la Facultad de Filosofía con una video-actuación que tuvo por título: “No hay Gigantes”.
En esta actuación busco acentuar el carácter de acción que tiene la palabra para lo que voy intercalando, mientras transcurre el video, la lectura de algunos textos como el que sigue, después de haberle agradecido a Lluis Xabel Alvarez su atenta presentación.

En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo………..Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años……tenía el sobrenombre de “Quijada” o “Quesada”, que en esto hay alguna diferencia en los autores que de este caso escriben….” Con tal texto inició Cervantes el libro sobre el Quijote fechado en 1605.
Al comienzo de este video que he titulado “No hay gigantes”, y con el que pretendí enmarcar una lectura simultánea de la obra de Don Miguel, apareció un Quesada, Acindino Quesada, ojeando un Libro de Artista del que soy autor. Esta pieza pertenece ya a la fundación Danae cuyo responsable actual es justamente Acindino Quesada. La obra se presentó luego en una muestra colectiva sobre libros, ediciones y revistas de artistas inaugurada en la Sala de Exposiciones de Piedras Blancas al final del 2004. Utilicé el azar significativamente en la composición de su estructura ¿Fue anulada por ello mi intención? Probablemente, todo lo contrario. Quedo sorprendido cuando Acindino me dice “Los elegiste bien”.
Sobre este planteamiento podemos recordar la observación que Adorno hizo en su Estética (1970, pág. 225). “Esta tendencia a la manipulación del azar perceptible hoy en los ambientes más distintos, es quizá, aparte de otras cosas, el intento de evitar en arte lo anacrónico y lo superfluo de los procedimientos artesanales, sin entregarlo sin embargo, a la racionalidad de objetivos propios de la producción en masa.”
Y pregunto ¿No es el azar el medio mismo que la razón demanda al constituirse, aunque opere frente a este azar como si se tratara de un oponente al que se abraza para reducirlo? ¿No es esta la intuición de esa dialéctica sobre la relación del hombre con el mundo que el arte manifiesta como uno de sus momentos más significativos?
Es el propio Adorno el que sigue en la página 290 de su Estética escribiendo: “ Pero la necesidad de esta referencia de la forma a su otro penetra a la forma misma, pues ella no puede prosperar más que siendo lo puro frente a lo heterogéneo, y su deseo de pureza es tan fuerte como la necesidad que tiene de lo heterogéneo.”
El Dinamorfismo empatiza con este discurso, aunque lo desarrolle en otros términos.
Podremos ver en el azar un recurso artístico que la verdad tiene para manifestarse.

Algunas de las ilustraciones que se muestran al comienzo del video proceden de visitas al trabajo de Gustavo Doré, artista nacido en el romanticismo (1833) en Estrasburgo. La distancia entre los mitos románticos sobre España y el planteamiento de nuestra lectura podrán quedar patentes.
Iniciamos la realización del video ubicándonos en algún lugar de Asturias, y desde el Norte comenzamos una marcha por la península hacia el Sur pasando por Madrid y La Mancha hasta que lleguemos un día lluvioso a Ronda. En esta ciudad de Málaga se desarrolló una especie de culto a Cervantes y el Quijote por un motivo que dejo averiguar a los historiadores que quieran hacerlo. Terminaremos nuevamente en Madrid para completar nuestro periplo con la figura gigante levantada por Dalí en la Plaza Felipe II.
(Ya desde el principio de esta intervención manifiesto mi propósito de abordar la lectura del Quijote como paradigma literario del Arte Dinamórfico, y que en tal contexto también habrá que interpretar la frase que escribo en el programa “El d-efecto como valor artístico “ del que hago entrega al público seguidamente. Continúo dando lectura a nuevos textos)
¿Qué entendemos o qué se entiende por “d-efecto” en el Arte Dinamórfico?
Para ilustrar esta noción hagamos una referencia al don Quijote y a la observación que hace Francisco Rico en la presentación de la reciente edición del IV centenario cuando escribe que media un buen trecho entre el autógrafo de Cervantes y el volumen acabado de imprimir por Juan de la Cuesta en las últimas semanas de 1604 (aunque se le pusiera fecha de 1605). La segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha probablemente tuvo un itinerario no exento en ocasiones de “tropiezos”. Francisco Rico se referirá a los problemáticos descuidos macrotextuales de Cervantes y recuerda cómo a comienzos de 1605 hubo una segunda edición del Ingenioso hidalgo que incorpora un par de extensas adiciones que tiene la certeza se deben a Cervantes. Estas dos adiciones tienen que ver con el jumento de Sancho, que en la príncipe se da unas veces por perdido y otras por presente sin que se explique cómo ni por qué. El desajuste fue recibido con burlas, y Cervantes buscará un remedio en la segunda impresión. Pero el novelista, dice Francisco Rico, habría cometido un resbalón morrocotudo al intercalar la adición relativa a la pérdida del asno antes del punto que le correspondía con el resultado de que todavía durante un par de capítulos Sancho sigue cabalgando a lomos del pollino y sólo luego empieza a echarlo de menos.
Para Francisco Rico, Cervantes eligió escaparse por la tangente al no contar-según su opinión-las cosas como fueron; Pero ¿Tendría Cervantes alguna obligación de comportarse como un alumno de bachiller en el ejercicio de una autoevaluación a la hora de presentar el Quijote? El academicismo puede correr el riego de conocer el objeto sin llegar a comprenderlo.
Es en casos así cuando el dinamorfismo empatiza con el supuesto “no darse por enterado” para hablar del “d-efecto” como información que con su negatividad aparente intensifica el valor artístico de una obra,
El carácter dinamórfico del Quijote se revela también en la ontología del libro cuando no admite la reducción unívoca al modelo de alguna edición determinada.
Escuchamos con piedad el académico desconsuelo que Francisco Rico manifiesta tener ante la obra de Cervantes. Son sus palabras (pág. XL)
“Las implicaciones de todo ello no son pura anécdota. En virtud de las dos enjundiosas adiciones de marras, la segunda edición fechada en 1605 no puede considerarse una mera reimpresión …del Ingenioso hidalgo; es en rigor una nueva redacción…….Pero al mismo tiempo sucede que esa segunda edición corregida y


aumentada de 1605 fue corregida y desautorizada por Cervantes en 1615, en el
mismo arranque de la Segunda parte…..”
Que la cosa es compleja lo manifiesta cuando termina escribiendo, después de un minucioso análisis, que “la intuición de los editores de antaño….es una válida herramienta para restituir al Quijote una fisonomía más próxima a la querida por Cervantes que las principes de 1605 y 1615.
El trabajo erudito y especializado de Francisco Rico para presentar esta edición del IV centenario es ejemplar y admirable, pero ¿tiene sentido preguntarse por una verdadera fisonomía del Quijote querida por Cervantes como si pudiera darse el caso de algún artista ejemplar que no fuera marcado por cierta dualidad o multiplicidad constitutiva?
Por nuestra parte, seguimos viendo en Cervantes la figura irónica de un autor que juega consigo mismo y no sólo con la obra para perderse en la infinitud que constituye su núcleo. Un texto que nace, crece y se desarrolla como luz emergente de un caos al que nunca llega a reducir y al que le debe, en última instancia, también su nacimiento.
(En este momento calculo que han pasado veinticinco minutos del video y hago entrega al público de otras dos postales editadas a principios de los setenta para seguir con otro texto. Nos vamos acercando en el video a Madrid donde hago tomas de la Plaza de España con las figuras de don Quijote y Sancho que la presiden. Cuando salgamos de Madrid para cruzar el paisaje manchego antes de llegar a Ronda, iré intercalando momentos de la Feria de Estampa -04 en Madrid donde tuve una participación este año con la galería Catarsis. Allí le pedí a Gracia Iglesias que pronunciase ante el objetivo el título de esta video-actuación )
En el capítulo primero de la primera parte se escribe de don Quijote:
“En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo, y fue que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra como para el servicio de la república, hacerse caballero andante y irse por todo el mundo con sus armas a caballo para buscar las aventuras ………deshaciendo todo género de agravios y poniéndose en ocasiones y peligros donde, acabándolos cobrase eterno nombre y fama……….”
Pronto, dos páginas más allá, se presenta la necesidad que Don Quijote tiene de una figura femenina que sea su alma.
“Limpias, pues, sus armas, hecho del morrón celada, puesto el nombre a su rocín y confirmándose a sí mismo, se dio a entender que no le faltaba otra cosa sino buscar una dama de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto y cuerpo sin alma”
“Había una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque se entiende, ella jamás lo supo ni le dio cata de ello…..y a esta le pareció ser bien darle el título de señora de sus pensamientos; y……vino a llamarla “Dulcinea del Toboso”….(pág. 33)
La figura de Dulcinea aparece en la obra antes que la de Sancho en el proceso creador de la identidad del Quijote, ya en el. capítulo primero. Antes de preguntarme por el significado de Dulcinea para don Quijote me apuro a notar que en la obra de Cervantes se subraya que el tiempo también nos ve. No son sólo las cosas las que nos miran . Es Adorno también el que nos recuerda (pág. 151) “La frase de Rilke “No hay lugar alguno que no te vea” que tanto ocupó a Benjamín……………….”

Y ahora para centrarme en la cuestión que deseo abordar formulo esta pregunta: ¿Qué es Dulcinea para don Quijote? Mi tesis es que Dulcinea es un alter- ego de don Quijote. Otro yo de don Quijote. Estaríamos ante un desdoblamiento “irreplicante”de la mirada que alguien ejerce sobre sí mismo comportándose como el irreconocible sustentador de una alteridad cuya complicidad reclama. Sólo esa mirada permanente de Dulcinea le permite a don Quijote conservar su identidad cuando cruza una sociedad y un lugar que le percibe inicialmente como una aparición y luego como un payaso.
Sancho será la vanguardia de su público . Un público que don Quijote pretenderá ir formando a lo largo de su andadura. Sin este triángulo de miradas constitutivas o sin esta mirada triangular más exactamente, la identidad de don Quijote sería imposible, pero al menos una de ellas, la de ella, la de Dulcinea, es él mismo.
Sería posible hacer una lectura del Quijote en la que se descubriera la mujer que encarna el valeroso caballero gestando su identidad.
La forma unilateral no es en ningún momento una característica del Quijote y Cervantes no debió desconocer que la mirada de los otros vertebraba la que uno tiene de sí mismo. ¿Cómo podría don Quijote ser siempre él mismo sin que ella le viera así en todo momento? Pero ella ¿Dónde estaba sino en la forma femenina que el propio yo de don Quijote creaba al desdoblarse de esta manera? Nadie lo podría sospechar. Ni el propio don Quijote.
Ahora nos toca también entender a Cervantes para leer el Quijote. A propósito, aprovecho para comentar que nuestro siglo se definirá históricamente por la forma de nuestras lecturas. Me refiero al siglo XXI. Así, para prolongar esta meditación, puede indicarse en este apunte que la responsabilidad de la creación artística acentuará la relevancia del público.
(Reparto la postal que tiene por título:“Jugando con la luz de una persiana” realizada en Ronda y fechada en el ochenta. El video pasa a las tomas de la figura de Dalí en la Plaza Felipe II de Madrid. Inicio la lectura de otro texto)
Cuando hace ya años me preguntaron en una entrevista-era el inicio de los setenta-qué pensaba de Dalí, contesté que me parecía un payaso. Posteriormente, leí que le comentaban a Dalí este juicio, y él lo aceptó. Era una entrevista también. Aquella respuesta no dejó de conmoverme. Cuando en el reportaje sobre su entierro ví documentado el paso de la fúnebre comitiva delante de una banda de payasos que formaban una orquesta de música para interpretar alguna marcha, tuve una impresión mucho más profunda, y sentí hacia su figura un serio respeto.
Hoy sigo viendo a Dalí como un payaso, pero he de aclarar que esto no tiene ya para mí ningún significado peyorativo. También propondré ver a don Quijote como un payaso ¿El mayor payaso del mundo? Podría ser esta posibilidad la clave de la actualidad de don Quijote.
El inocente humor de don Quijote ¿No enlaza con la figura de Charlot en sus andanzas? Charlot es también un caballero, aunque ya en la era industrial. El propio Chaplin definió a Charlot como “un vagamundo, un caballero, un poeta, un soñador, un solitario” Efectivamente, es el tipo que se inscribe en la tradición de los caballeros andantes contra la injusticia social y a favor de la dama, teñido de cierto humor.
Para encajar con el programa de esta sesión del Círculo Hermenéutico enlazo la identidad de don Quijote y de Dalí con la del payaso que se transforma ante nosotros en un gigante. Ese gigante que nos acoge con universal abrazo en una plaza de Madrid.
Seremos transportados en un místico viaje cuando al ponerse el sol las propias sombras se alarguen hacia esa cósmica figura. A nuestras espaldas, pronto escucharemos la voz de Sancho que nos dice “No hay gigantes” .

 

Volver

Envía esta referencia

Publicidad