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AL FILO DE LA EMOCIÓN: GRABADOS Y MONOTIPOS DE BEATRIZ CORREDOIRA. BALANCE Y RECUENTO DE UN PASADO RECIENTE (2000-2002)

© Mª del Mar Díaz. Dra. en Historia del Arte

 

Resulta imposible desgajar la percepción de la obra de Beatriz Corredoira Viñuela (Gijón, Asturias, 1971) de su propia persona porque sus estampas son la resultante de ella misma y porque también condensan su sacrificada dedicación al arte gráfico. Sin tener en cuenta la precisión y la justeza de sus palabras, sin reparar en su modo de referir los términos pronunciados, como si no vinieran al caso, sin advertir la profundidad de su mirada llena de sabiduría, el proceso de análisis de su trabajo resultaría, sin duda alguna, incompleto. Todas estas premisas facilitan la interpretación de unas creaciones de conmovedora belleza transmitida, eso sí, a través de una depurada resolución tan equilibrada y esencial en lo tocante a la forma como emotiva y sutil en cuanto al plano referencial.

Lo cierto es que la autora de esta excelente muestra no ha cesado de investigar desde su entrada en el escenario artístico, algo que acaeció en 1993 cuando participó junto con otros seis jóvenes grabadores en la colectiva Prólogo acogida por el Museo de Bellas Artes de Asturias. Tan sólo un año más tarde, también fue invitada a participar en la exposición De buena estampa que congregó otros veinticinco artistas más en una extensa itinerancia por Asturias y Francia. Al margen de las numerosas colectivas, merece la pena comentar igualmente el desempeño de su labor pedagógica en el seno del Museo Antón haciéndose cargo de los Talleres de Grabado desde 1996. Además, Beatriz compaginó su tarea docente en el museo candasino con la manufactura y confección de diversos encargos y numerosos trabajos profesionales que la capacitaron para afrontar el reto de la composición en solitario.

A pesar de su intensa actividad artística, cualidad ésta que le llevó a comprometerse en la fundación de diversos grupos alternativos entre los que cabe mencionar el colectivo de creación pictórica Crisálida (El Comercio, Domingo 30 de julio de 1995), la artista no pudo realizar su primera exposición individual hasta 1998. En ese momento y dentro de una encomiable labor de promoción de artistas noveles, el Centro de Escultura de Candás "Museo Antón" colgó sus trabajos serigrafiados de matiz intuitivo y expresivista. Muy interesante resulta, no obstante, la muestra celebrada en la Sala Borrón en 1999 bajo el epígrafe Frágil en la que ya empleó determinados recursos plásticos que caracterizan algunas de sus postreras aportaciones. En aquella ocasión, la elección del soporte (entretela), de los materiales heteróclitos (alfileres, maderas, cuerdas...) y de los procedimientos de estampación (grabado, serigrafía, xilografía y collage), en los que se advierte un acusado grado de mestizaje y de hibridación técnica, ya determinaban la significación de las obras. Se trataba de creaciones de gran limpieza, claridad y transparencia y, a la vez, muy sumarias en las que la autora quiso poner en valor una desnuda materialidad de contextura emocional y psicológica. Dentro de la limitación y austeridad de elementos, la serie Frágil brotó como un grito de dolor interno y silencioso pautado rítmicamente por las múltiples hendiduras de los alfileres.

Beatriz Corredoira también pudo mostrar, durante la segunda quincena del mes de marzo de 2000, el fruto de su trabajo más reciente en aquellos momentos. Como si de una vuelta a los orígenes se tratara, el exquisito conjunto Naturalezas fue acogido dentro del marco de las III Jornadas de Grabado y de Edición de Arte promovidas por María Álvarez, profesora titular de la Escuela de Arte de Oviedo, institución en la que la grabadora ya había alcanzado su graduación unos años antes. Lo cierto es que el planteamiento formal y conceptual de la nueva serie venía a profundizar la línea estética emprendida anteriormente (La Nueva España, Jueves, 30 de marzo de 2000). Se percibe en la mencionada muestra una acusada tendencia a individualizar las estampas, acortando considerablemente las tiradas y personalizando cada obra hasta hacerla única en su género. En este sentido, se puede decir que la incorporación de elementos naturales (musgo, palos, hojas, etc...) enriqueció las sobrias y depuradas estampaciones sobre entretela, un material de costurera por el que la autora demuestra una gran predilección, y del que saca el mejor partido. Además, la característica utilización de alfileres, empleados por la autora como procedimiento técnico y formal al mismo tiempo, pues sustentan toda clase de materiales incorporados al soporte y desempeñan una función estética dentro de la composición, también fue un recurso que ocupó un enorme protagonismo en la obra de este periodo. A diferencia de la muestra Frágil de cariz intimista y personal, la autora planteó un discurso estético mucho más denso, impregnado, sin duda, de referencias ecologistas.

En cambio, la propuesta esbozada en la muestra Arquitecturas quería recobrar nuevamente la depurada sobriedad de los espacios limpios entre los que sobresalían, a veces, los perfiles de unas acotaciones contundentes de inequívoca alusión urbana (La Nueva España en Avilés, Jueves, 10 de mayo de 2001). En esta ocasión, las escuetas impresiones sobre lino, por medio de la técnica serigráfica, acrecentaban aún más, por contraste, las cualidades textiles de un soporte que la grabadora integró acertadamente dentro del campo plástico. De esta manera también el citado soporte de la representación, armado sobre bastidor, devenía obra y se insertaba dentro de un discurso de mayor amplitud que no eludía tampoco las añoranzas pictóricas. Con el fin de favorecer el sentido lúdico de estas creaciones, generando asimismo un ritmo compositivo ilimitado, se advierte incluso un incremento substancial del formato cuadrangular. Por una parte, vale la pena recordar que cada pieza puede ser contemplada como una unidad autónoma y coherente en sí misma. Sin embargo, por otra parte, tampoco se puede olvidar que una caja de pequeñas dimensiones (20 x 20 cm.) facilita la agrupación de segmentos creativos de mayores proporciones a partir de las relaciones formales que se establecen entre las propias piezas. No cabe duda de que este recurso potencia la libre reinterpretación del ensamblaje final provocando toda clase de modificaciones e implicando directamente al montador y/o comprador de las obras que puede configurar una nueva asociación creativa al margen de la propuesta de la artista.

La sumariedad de medios y conceptos se inscribe dentro de una pulsión creativa de modulación cíclica como se puede apreciar en la muestra ahora planteada y que se sitúa en una encrucijada de géneros (grabado, pintura y escultura), pues la simbiosis técnica alcanzó aquí sus mayores cotas expresivas. Concebida a modo de balance y recuento, esta exposición se presenta como un resumen de las dos anteriores (Naturalezas y Arquitecturas) complementado eso sí por nuevas y sugeridoras creaciones.

Bajo el genérico título Grabados y monotipos, Beatriz Corredoira aporta 82 trabajos de diversos formatos agrupados y ensamblados, la mayor parte de las veces, en series de mayores dimensiones y ambición (40 x 70 cm.; 50 x 50 cm.; 100 x 100 cm.). La muestra fue planteada para la exhibición en el recinto expositivo Centro de Escultura de Candás "Museo Antón", que vuelve a acoger la obra de esta joven grabadora ratificando así el apoyo de sus primeras andaduras. La versatilidad de los procedimientos técnicos (grabados en hueco y en relieve, serigrafías, monotipos) vienen a acrecentar notablemente la prestancia de la resolución formal de unas delicadas estampaciones en las que Beatriz Corredoira pone de manifiesto un alto grado de conocimiento y dominio de los materiales. A pesar de su delicadeza, el ya tradicional soporte elegido por la autora compendia todas las cualidades del papel japonés, sin prodigar por ello una excesiva e innecesaria notoriedad que restaría vistosidad a las muy tenues composiciones. Al mismo tiempo, la entretela sobre armazón de madera también evoca las prestaciones del lienzo, pero su menor opacidad posibilita el juego de transparencias y la refracción de la luz que incide activamente sobre el soporte transformando los efectos de una representación casi siempre tan contenida como delicada.

Si todo el trabajo de la artista está teñido de sutil emoción, apreciamos ahora, en todas las obras de su última fase, una creación que evoca un alto grado de espiritualidad y traduce un mayor cúmulo de sentimientos. Además de la revisión formal emprendida conscientemente como método de análisis y disección de su trayectoria posterior, Beatriz también parece haber encontrado un equilibrio en la traslación de sus emociones que se vislumbran ahora mucho más serenas y equilibradas. Merece la pena decir que la configuración de esta muestra corrió pareja a la gestación de su hija Nela, influidas seguramente por esta feliz circunstancia, estas nuevas aportaciones están pregnadas de impulsos vitales.

Con la naturaleza en la retina, Beatriz apresó en éstas, sus últimas obras, el carácter poético y nostálgico del paisaje asturiano. Concebidas a modo de estratos a partir de superposiciones de varias plantillas impresas por el método xilográfico, algunas de estas estampas también quieren apresar voluntariamente sus impulsos pictóricos, dado que, en la mayor parte de los casos, no existe tirada siendo estos trabajos obras únicas. Especialmente intensa resulta la serie que denominaremos "oscura", pues la autora no titula habitualmente su obra de un modo pormenorizado. Este conjunto se presenta como una síntesis de sus anteriores etapas (Naturalezas y Arquitecturas), y en él Beatriz logró volcar su acusado sentido del color por medio de un efecto de restregados de resonancias geológicas. No cabe duda de que la autora quiere entender el arte como una suma ilimitada de medios de expresión gráficos y pictóricos que ella comprende y domina a la perfección.

El anecdotismo y la vocación referencial estimulan las series "verde" y "azul" cuyas entonaciones evocan un paisaje acuoso e iridiscente y un ilimitado horizonte marino. Especialmente bella y delicada aparece la serie que titularemos "los espacios no pintados" en la que se propone una reflexión sobre el concepto de vacío o de negación espacial en alusión la voz estampa que viene determinada en esta ocasión, según palabras de la autora, por la rebaba. Dentro de la máxima austeridad de medios y conceptos, el campo plástico se estructuró en el contorno de la estampa, mientras que el centro de la creación permanece vacío de imágenes icónicas impresas. Las condiciones lumínicas del entorno en el que se sitúa este conjunto animan y transforman tanto la impronta del contorno como el vacío central. A partir del efecto que ejerce la iluminación sobre el soporte, configurando así una serie de valores efímeros y cambiantes, la luz se convierte también en agente creativo autónomo. La misma preocupación anima el impactante mural cuadrangular, conseguido mediante el ensamblaje de piezas independientes de menor formato, y en el que la autora pintó a mano posteriormente sobre la estampación serigráfica un gran haz con una tinta metálica color oro. Metáfora de la luz que ilumina las tinieblas de este paisaje misterioso y profundo, Beatriz rasgó la densa penumbra con un rayo perpendicular cuya inequívoca silueta se impone sobre el aire, pues los estampados sobre entretela sugieren mejor los efectos de la velazquiana perspectiva aérea.

Concebidas en clave de apertura y libertad, todas estas obras pueden ser reajustadas, remontadas y recompuestas de manera muy diversa integrando así el concepto creativo que se le supone al propio espectador. Dotadas de una serie de códigos y alegorías indescifrables por lo sumamente personales que resultan, las mínimas y eficaces creaciones de Beatriz Corredoira no pueden dejarnos indiferentes, pues si es verdad que rezuman ternura e infinita emoción, no es menos cierto que sus valores formales, técnicos y estéticos alcanzan altas cimas de calidad situándose entre las mejores aportaciones gráficas de esta región. Estamos, sin ninguna duda, ante una exposición magnífica de esmerada y pulcra resolución y planteamiento que merece un recorrido lo más extenso y provechoso que sea posible otorgarle. Quiero afirmar alto y claro que Beatriz traduce consciente e inconscientemente en sus aportaciones su percepción de la vida y lo hace a través de las referencias y perspectivas femeninas que desempeñan aquí el mejor papel posible, y es que cuando una grabadora es buena, es mucho mejor aún...... ¡Terminen Vds. la frase, porque yo también invoco a la libertad creativa!

 

 

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