Fresno ha montado un dispositivo que parte, para superarlas, de metáforas arquetípicas del juego clásico entre obra y espectador: el espejo y el reflejo, el observador, lo observado y la abertura que los une y los separa: la ventana. Como en anteriores instalaciones, el principio fundamental es el reflejo entre dos imágenes que se duplican y se completan mutuamente, pero sólo en la mirada del que se sitúa entre ellas, dentro del espacio mismo de la obra. Fresno fuerza al espectador a esa posición de interioridad, que en principio es relativamente inocente porque no nos dice nada que no sepamos desde que, con la modernidad, el sujeto cobró carta de naturaleza como constructor del mundo percibido. |