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Crítica

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Juan Carlos Gea

Interior con mujer y maraña

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Publicado en La Nueva España

La interacción entre un elemento a la vez físico y simbólico, un espacio cargado de afectividad y recuerdos, el lenguaje del cuerpo humano y un medio de registro como el vídeo se entrelazan en Enredando por la casa, performance y pieza audiovisual con los que Gema Ramos (Oviedo, 1969) ha querido rendir un homenaje personal, en tono intimista y poético, “al legado transferido de madres a hijas”. El origen del trabajo, que muestra estos días en la galería gijonesa Espacio Líquido con el complemento de sendas series de fotografías y dibujos, está en su regreso a la casa de Colloto en la que vivió su abuela y con las evocaciones y emociones suscitadas en ese escenario, despoblado durante 15 años.
La intensidad de ese reencuentro y las sugerencias que provocó decidieron a Gema Ramos a prolongar en el interior de ese interior doméstico la experiencia desarrollada en espacios abiertos en su serie Ensayos y errores, de la que forma parte Enredando por la casa. El elemento central de estos trabajos es lo que su autora describe como una “imagen-objeto”, “un intento por crear a través de la fotografía una objetualización de la imagen”, en línea con la preocupación de la artista por investigar las relaciones entre imagen, presencia física y concepto. En concreto, para esta serie Ramos ha construido una especie de “maraña o lío” troquelada en papel fotográfico a partir de la fotografía de una red de nudos; si en Ensayos y errores se la inmiscuía en espacios naturales, provocando un diálogo cambiante “entre el arte y el entorno”, en Enredando por la casa, la pone en contacto con el cuerpo humano y con un escenario habitado, doméstico.
En esa maraña, Gema Ramos ha querido concentrar una gran densidad simbólica, tan intrincada como su forma misma. La estructura condensa referencias al hilo de vida y memoria que pasa de generación; al ensimismamiento de la mujer tradicional, entregada al ritual diario de las tareas domésticas; a la carga interminable sobre su cuerpo de esas mismas tareas; pero también a la privacidad gozosa, a la “búsqueda de respuestas en los huecos” de la intimidad. El cuerpo con el que interactúa esa “imagen-objeto” y que, a su vez, interactúa con la casa abandonada de la abuela de la artista, es el de la bailarina Mariate García, cuya performance se acompaña con una banda sonora compuesta expresamente para la pieza por Mind Revolution.
Los doce minutos de filmación a los que dio lugar muestran a Mariate García y su inseparable “maraña” en cuatro espacios y tiempos distintos. El primer movimiento, al amanecer, en el exterior de la casa, define el entorno general. En un movimiento de fuera adentro, los tres restantes se desarrollan en la cocina, el salón y el dormitorio, y aluden, respectivamente, “al tedio de lo cotidiano y lo doméstico” en la mañana, al “disfrute de la intimidad en las tareas más placenteras” en la tarde y, finalmente, a “los encantos de la noche”.
Pero, más allá de la evocación autobiográfica, Gema Ramos busca en este trabajo un alcance universal. De una parte, invita a reflexionar sobre la relación “entre el trabajo doméstico y el arte, que a muchos les parecen poco productivos” a partir de la figura de su abuela “una mujer de casa, sin ambiciones” y de la figura de la artista que personifica la propia autora que, a su vez, se siente parte de otra tradición de mujeres: la de las artistas femeninas desde la autora del Beato de Gerona, la monja Ende, Sofonisba Anguisola, Artemisia Gentileschi o la escultora Ivonne Lewis, a las que alude mediante en cada cuarto de la casa, y cuya memoria reivindica frente a los ninguneos de la historia.

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