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Ángel Antonio Rodríguez

Caligrafías del occidente astur

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María Jesús Rodríguez presenta ‘El Xardín de Mercedes’ en la sala de exposiciones de As Quintas (La Caridad)

 



Publicado en El Comercio
En su discurso filosófico, Kierkegaard solía aludir con frecuencia a la importancia del recuerdo y la memoria como estímulos del pensamiento. Le interesaba la transmisión de ideas partiendo de la experiencia subjetiva y de la narración reflexiva del universo interior. Entre otras cosas, se negaba a cumplir las reglas de juego sociales, ese permanente estado donde convivir es sólo mantener una puesta en escena. 

Abogaba por la espontaneidad, por un cierto estilo poético, y por una estética que nace de la inocencia del ser humano. 

Solía decir, además, que vivir en el recuerdo es el más perfecto modo de vida. El recuerdo (ese paraíso del que no podemos ser nunca expulsados) ha estimulado siempre los trabajos de María Jesús Rodríguez (Oviedo, 1959) y continúa presente en su último proyecto, ‘El Xardín de Mercedes’, que alberga estos días el Complejo Cultural As Quintas de La Caridad, en el concejo de El Franco. Una serie de obras donde la creadora asturiana se nutre de la naturaleza mediante íntimos volúmenes cuadrangulares que, unidos entre sí, generan módulos de varios formatos, repletos de escenas microscópicas. 

Recuerdos intensos de su más tierna infancia, que ella ha configurado a través de lujos esencialmente plásticos. 

Nostalgias «Cuando tenía siete años, durante un paseo, vi aparecer de pronto la playa de Penarronda desde la capilla de San Lorenzo. Fue una conmoción. Lo tengo grabado en mi mente. Hoy sé que ese día descubrí la belleza». Hace treinta y cinco años que María Jesús Rodríguez persige esa esencia en sus obras, que en los años ochenta y noventa se dieron a conocer dentro y fuera de Asturias a través del cartón prensado, evocando los acantilados y los minerales del occidente astur, fragmentos y nostalgias de esas playas donde creció como persona y como artista. 

Su trayectoria le ha llevado a exponer en salas institucionales de Alemania, Estados Unidos, Francia y Suiza, y participar en diversas ferias internacionales de arte contemporáneo (Lisboa, Madrid...) con periódicas presentaciones en Asturias, en el Palacio Revillagigedo, en la galería Vértice y, desde hace varios años, en la sala Gema Llamazares de Gijón, que ha albergado sus últimos y delicadísimos proyectos escultóricos. 

Pero si antes eran esos procesos de corte mediante ‘cutter’, con ciertas reminiscencias geométricas y gamas de color muy oscuras, hoy María Jesús Rodríguez ha variado el proceso de trabajo. Los estímulos se mantienen intactos. «Durante veintidós años realicé mi obra en cartón. 

En 2003 abandoné el cartón y empecé a experimentar con aluminio», señala. «Ahora fotografío fragmentos de naturaleza con los que tengo una relación afectiva muy fuerte. A partir de la fotografía hago un dibujo en el ordenador, después lo paso al aluminio, lo grabo, lo pinto con óleo y lo barnizo». 

El aluminio es, por tanto, el material que le sirve ahora como soporte fundamental, aunque en esta exposición también hay piezas realizadas sobre espejos que, a modo de instalación, llenan el espacio y sirven de hábitat para nuevas caligrafías orgánicas, constantes homenaje al mar y la tierra, entre las ortigas o los bígaros, bajo constantes guiños cotidianos. 

Porque recordar es también volver a vivir y el recuerdo es, de alguna manera, el aroma del alma, el lugar capaz de hacer nuestra soledad más profunda y, por qué no, también más productiva. Para Saint- Exupéry, creador de ‘El Principito’, la memoria se nutre de experiencias íntimas, lejos de cualquier aspiración relacionada con el mercado. «Si hago balance de las horas que han valido la pena, siempre me encuentro con aquellas que no me procuraron ninguna fortuna », escribió. Pues eso.

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