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Crítica

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Ángel Antonio Rodríguez

Los procesos creativos

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La joven gijonesa presenta sus obras máss recientes en la galería Altamira, donde continúa explorando distintos formatos y soportes

 


Publicado en El Comercio

Hay artistas que maduran y otros que envejecen. Los primeros son quienes más nos interesan, porque los estímulos más evidentes de sus trabajos suelen ser la inquietud, el inconformismo y la experimentación. 

La gijonesa Irma Álvarez-Laviada (1978) está madurando, sin prisa pero sin pausa, y buscando hallazgos en cada nuevo proyecto, viajando y aprendiendo, que no es poco. 

Desde sus primeras exposiciones públicas, hace diez años, las pinturas de Irma Álvarez-Laviada han venido resolviendo distintos episodios de su particular ‘batalla’ neoplástica, que trata siempre de salirse del plano y alcanzar límites escultóricos, atesorando referencias con las calidades como eje. La estela de Mondrian en los fondos (máxima reducción de elementos, líneas como base de su gramática formal) y la espontaneidad de Barnet Newman en los gestos, sostienen su coherente discurso. 

Y lo hacen con una inteligente organización de las estructuras y los pigmentos, desvelando lo inanimado para cobrar vida. 

Irma Álvarez-Laviada, que también practica la fotografía, no renuncia a la investigación y el riesgo. 

Así, declara su admiración por los presupuestos teóricos de Imi Knoebel, Robert Mangold o Peter Halley, incorporando el sentido constructivo en el juego de los vacíos que utilizan sus piezas. Un discurso que habla fundamentalmente de emociones, equilibrios y reflexiones esenciales. 

Las obras recientes de Álvarez- Laviada mantienen su efectividad compositiva, y siguen creyendo en ese difícil equilibrio entre el vacío y la mancha, generando geometrías imperfectas y elementos de aspecto orgánico. Sus piezas hablan en términos de densidad, de calor y de color, lejos de amaneramientos absurdos o azares excesivos. 

Los planos se articulan en forma de tejidos, a base de unidades mínimas cuyo lenguaje es más sólido, si cabe, que en las exposiciones anteriores. En estas obras existen referencias temáticas, pero los ‘procesos’ metodológicos son el ejemplo más claro y rotundo de su despojamiento, huyendo de cualquier retórica. El tema existe, pero no prima sobre estas nuevas ‘especies de espacios’ que Álvarez- Laviada continúa explorando con plenas garantías.

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