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Crítica

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Jaime Luis Martín

Una marca friki

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Publicado en La Nueva España

Takashi Murakami
Superflat. New pop culture
Del 2 al 31 de julio de 2010
Centro Municipal de Arte y Exposiciones (CMAE)

    
En el CMAE se puede degustar, servida por la Fundación GACMA, una selección de obra gráfica y múltiples del artista japonés Takashi Murakami (Tokio, 1962) que la revista «Artnews» sitúa entre los treinta primeros artistas del mundo, tras pasearse triunfalmente por el MOCA de Los Angeles, el Brooklyn Museum de Nueva York, el Museum für Moderne Kunst de Frankfurt y el Guggenheim Bilbao que organizó, en el año 2009, una retrospectiva titulada ©Murakami. El símbolo del copyright le viene que ni pintado a este artista convertido en una marca -Kaikai Kiki- y a quien el director del Palais de Tokio, Marc-Olivier Whaler, describió como un nuevo Goldfinger, aquel personaje, de la tercera entrega de la saga fílmica de James Bond, obsesionado por el oro. «No puedes crear una obra de arte -afirma Murakami- si no sabes qué debes hacer para venderla. No puedes continuar creando arte sin tener presente el negocio o la gestión».

Su trabajo se encuentra en la estela del pop aderezado con el «otaku» (la cultura japonesa del manga, anime y de los videojuegos) y no sin razón se le compara con Andy Warhol, pero, a diferencia del Warhol decadente y atormentado, el artista japonés se identifica con lo «kawaii» (tierno) en el arte, abrazando el infantilismo mezclado con un discurso pseudo-intelectual que hace referencia a los traumas de Japón y a la rebeldía de los adolescentes nipones, encerrados con la consola y negándose a salir de su habitación por miedo a afrontar la realidad. Pero, a pesar de este barniz de rebeldía, comparte podio y afinidades, en su pronunciada estética de hipermercado y en su pasión por la mercadotecnia, con Damien Hirst y Jeff Koons, situados, también, en los primeros puestos de las listas de venta y más preocupados por la marcha de sus empresas que por crear algo de interés.

Además de producir en sus factorías de Tokio y Nueva York «merchandising» de lujo y abonar a sus trabajadores -jóvenes artistas- poco más de dieciocho mil euros al año, Murakami tiñe sus productos con teorías artísticas. Lo que denomina como «superflat», lo superplano, es un concepto, según el crítico cultural Dick Hebdige, que se refiere a la ausencia de perspectiva en la pintura, a las formas planas de ciertos programas de dibujo vectorial y a la ausencia de una jerarquía visual que no distingue entre alta y baja cultura, con el añadido de Hiroshima y Nagasaki, arrasadas tras el lanzamiento de la bomba atómica. Toda una fusión y confusión capaz de producir pinturas multicolores -«me gustaría creer, escribió Elena Vozmediano refiriéndose al artista nipón, que todo el que se tome en serio el arte actual despreciará sus bobos cuadros de florecitas sonrientes»-, diseñar bolsos para Louis Vuitton o engendrar esculturas -muñequitos- como Hiropon, una joven con enormes pechos por los que mana un chorro de leche convertido en un fluido fantasioso que rodea al personaje. Entre sus creaciones también se encuentra Mr. Dob, su álter ego inspirado en Mickey Mouse y My Lonesome Cowboy, un punki masturbándose que crea una bella figura con su semen, y proliferan por todas partes los hongos alusivos a las explosiones nucleares y los diversos iconos de la globalización que Murakami maneja con acierto -conoce bien los mecanismos del mercado y sabe como utilizarlos- situándose en una zona intermedia, entre la provocación y la tradición, entre el disfraz crítico y lo blando e intranscendente, en la que obtiene enormes beneficios.

Ciertamente sus productos son fácilmente digeribles y resultan atractivos para el público e incluso hay quienes los defienden como signos de estos tiempos, apostando por esta reducción del arte a mercancía; aunque otros muchos pensemos que sus pinturas y muñecos son la variante artística de aquellas pesadas bromas que padecían los sufridos concursantes del famoso programa «Humor amarillo», lo mas friki, con el permiso de Belén Esteban, que se ha visto.

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