AJIMEZ ARTE

Crítica

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Jaime Luis Martín

La sinceridad en pintura

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Publicado en La Nueva España

 
Jesusangel
Caballos de piedra
Del 11 de Junio al 3 de Julio
Galería Octógono

 
Desde su primera exposición individual en la sala de la Caja de Ahorros de Asturias en 1976 Jesusángel (Carabanzo, Lena, 1946) nunca ha dejado de pintar, pero lo ha hecho sin preocuparse demasiado de las modas aunque recogiendo muchos rastros de las primeras vanguardias. Con cerca de una treintena de exposiciones individuales y numerosas colectivas ha mantenido una única constante: la sinceridad, que se encuentra presente en todos sus trabajos como un elemento unificador. Porque la obra de Jesusángel abarca diferentes temáticas, motivos y estilos, conjugando en su paleta desde tendencias impresionistas y fauvistas hasta postulados geométricos, aunque siempre se mantuvo cercano al realismo, entendido el término como construcción de la realidad y no como mimesis. Probablemente César González-Pola, de quien fue alumno, haya influido en el artista, transmitiéndole esa visión simbolista que dificulta su adscripción a una tendencia pictórica concreta.

Su temática abarca intereses muy diferentes. Ha realizado incursiones en los bodegones, que se caracterizan por una sobriedad del color y una minuciosidad en el dibujo, en los paisajes que se resuelven con violentas pinceladas, en las marinas pintadas de espaldas a la mar mientras que en los paisajes urbanos la ciudad se esquematiza perfilando la silueta de su identidad. Pero el caballo es protagonista de muchas de sus obras, un caballo entronizado, real y simbólico, repetido y distinto, primitivo y contemporáneo, «que muestra -en palabras de Julia Barroso Villar- el gran nivel de interpretación del artista: color, volumen, expresión, sintetizados de una manera muy vital».

Los caballos en la pintura de Jesusángel se muestran con grandiosa majestuosidad, una figura regia y poderosa situada sobre un fondo de trazos de colores o silueteada en un ambiente que evoca las pinturas primitivas, como las obras inspiradas en la cueva de Candamo. La imagen del caballo sufre el ímpetu en la aplicación del color, enredando con los azules, rojizos y amarillos en un juego más preocupado por la vibración tonal que define los volúmenes que por su adecuación a la realidad. La figura del caballo se ha convertido para Jesusángel en un campo de investigación y cabe reseñar, en este sentido, los cientos de cuadros de pequeño formato dedicados a esta temática, realizados con diferentes técnicas -pastel, dibujo, collage, imprimación sobre cristal, monotipos- en un juego de referencia tan caro a la modernidad. El caballo es un pretexto visual para experimentar «con los diferentes niveles de aplicación del color -señala Ana María Fernández- de definición o disolución de los contornos, abordando la veladura, la introducción de contenidos lingüísticos, la sugerencia de la mancha». Jesusángel no quiere engañar a nadie con su pintura, no va de modernillo como tantos que se apuntan al carro sin creérselo y llevan puesta la fecha de caducidad. La obra de Jesusángel se ha mantenido en la escena asturiana durante más de treinta y cuatro años, si bien ha pasado, en muchos momentos, demasiado desapercibida. Esta muestra contribuye a reparar tamaña injusticia.


                

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