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Crítica

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Juan Carlos Gea

Esteban Prendes (se) permite pisar

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Publicado en Materia Parva

Sala Borrón, Oviedo
Hasta el 12 de junio


Se permite pisar. Lo advierte el título de la exposición de Esteban Prendes (Gijón, 1978) en la Sala Borrón. Y los lienzos tirados por el suelo, con las huellas de las pisadas propias y ajenas, confirman que no es un título puesto en vano: el visitante puede pisar, literalmente, algunas de las pinturas de Esteban. Con semejante incitación, casi debe. Pero sobre todo puede y debe pisarlas con los ojos, estén o no desplegadas por los suelos, del mismo modo que propio autor se ha permitido pisarlas –a conciencia- antes de exponerlas a la huella ajena.

Nada puede ser más inmediato, más urgente y más expresivo en los lienzos que Prendes expone (el verbo hay que tomarlo en la plenitud de su sentido) en su segunda muestra individual. Fruto de los últimos meses de trabajo en Berlín, ciudad donde reside desde hace cinco años, de aprendizajes tan intensos como los acumulados en sus viajes por la India, de explosiones de puro sentimiento en la soledad de su cuarto berlinés, las pinturas de Se permite pisar son, más que gestos de una subjetividad ensimismada y vanidosa que intenta exhibirse, el puro registro de una experiencia: sus huellas, tal como quedan en el mero pasar, impresas en el suelo fresco de la pintura. Sobre la tela basta y sin imprimar, el uso de materiales povera como la pintura industrial o las ceras, alterna manchas intencionadas o accidentales, pisadas reales, figuras arquetípicas que son casi ideogramas (un cuadrado negro para connotar encierro o intimidad, unos elementales cascos que representan a la policía antidisturbios) o de la escritura, de un modo que recuerda a Twombly más que a Basquiat, pero que carece de las exquisitas coartadas intelectuales del primero y de los esnobismos tribales y calculadas ironías del segundo.

El resultado ni siquiera se aproxima a un psicoanálisis basado en el automatismo o en la traducción mediante el gesto, ni es tampoco como una investigación formal o un método de autoconocimiento. Lo que hace Esteban Prendes no es más que una manera de narrarse y de narrar desde el lenguaje de lo plástico los conflictos que, dentro o fuera de uno mismo, componen el mundo y el tiempo de una vida cada día con sus vulgares materiales. Su pintura –una pintura generosa hasta la prodigalidad, como apunta Luis Feás en el texto para el díptico de la exposición- tiene la perentoriedad sin trascendencias de un diario, un relato cotidiano que sólo cuenta algo (para nadie, ni siquiera para uno mismo) cuando hay algo que contar, y que el resto del tiempo acumula y calla con una fe en la pintura que no necesita de más liturgias que la pintura misma y una suerte de adanismo sin narcisismos, sin manifiestos y sin fingimientos que consigue devolver pisada por pisada: dejar huella.


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