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Ángel Antonio Rodríguez

Luis Fega, en plenitud

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En Madrid, la galería May Moré muetra las pinturas y estructuras tridimensionales del artista asturiano

 
Publicado en El Comercio

Las aportaciones más renovadoras del siglo XX, las tesis sobre el agotamiento de las narrativas, la necesidad del arte actual de generar discursos y las nuevas formas de mirar del siglo XXI son parte de los intereses habituales en Luis Fega (Piantón, Vegadeo, 1952), tal como sintetizó hace unos meses en el curso AlNorte que dirigió en Avilés, invitado por EL COMERCIO. Ahora, el artista asturiano muestra sus obras más recientes en la galería May Moré de Madrid, que combina pinturas sobre lienzo y sugerentes estructuras tridimensionales.

Hace dos años, el Círculo de Bellas Artes de Madrid ya había organizado una gran exposición de Luis Fega que exploraba esa trayectoria, donde destaca su afán por superar el plano a la caza de otras perspectivas. Sus ‘collages’, construidos con materiales de desecho, maderas y técnicas mixtas, son «esculturas realizadas con la mirada de un pintor » y se mantienen en un interesante terreno fronterizo que, bajo ese carácter mestizo, resulta doblemente emotivo.

«Me divierte descomponer la pintura en todos sus elementos», afirma. «Trabajar al revés, disgregar en vez de agregar, romper partes y volverlas a unir de un modo diferente. Trabajar con distintos materiales para que la materia se exprese por sí misma. Cuando la pintura sale del cuadro surgen curiosas sinergias».

Sobre lienzo, su proceso creativo se desarrolla en el suelo, con la tela grapada primero sobre madera (para que sus enérgicos trazos no rompan el soporte) y luego montada en un bastidor tradicional. Pero en sus ‘collages’ combina papeles, bolsas, globos, metacrilato y objetos que fija con martillos y taladros, en un delicioso conjunto de guiños constructivos. «No pienso para nada en significados, me concentro simplemente en la resolución del problema planteado, en la realización de un hecho estético que es antes sensible que inteligible. Añado formas, quito o modifico otras, matizo hasta que la informe amalgama cobra vida y deje fluir la idea».

La trayectoria de Fega parte de esa abstracción española que se inició en los años ochenta con creadores nacidos en la década de los cincuenta, entendiendo las pautas del informalismo, asumiendo su dramatismo y alternando diversos procedimientos metodológicos donde se fundían las transparencias y la opacidad, los grafismos y la síntesis del espacio, transmutando la acción de pintar en pura reflexión. Entre el expresionismo abstracto, con ciertas raíces paisajísticas y los juegos lúdicos.

Fega siempre asume el arte como una investigación estética y ética que no busca diferencias ente pintura buena o mala, sino entre pintura y ‘no-pintura’. Enemigo de la monotonía, rastrea sus emociones mediante trazos amplios y goteos deudores de la pintura de acción pero fieles a su forma de ser y sus recuerdos. Los trazos negros desgarran el soporte, desarrollando veladuras sobre sí mismos, entre extremos que levitan sobre un fondo homogéneo. Esa extensa marejada se contenía, hasta su anterior exposición, con formas geométricas que hacían reposar el núcleo de las obras. Pero un creciente afán por el color y un menor rigor geométrico anuncia nuevas etapas en sus pinturas, mientras las construcciones, originales y sorprendentes, crecen es su estudio sin prisa ni pausa.

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