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Ángel Antonio Rodríguez

El progreso del proceso

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Publicado en ABCD
La cosa no es nueva: proyectos curatoriales de características interactivas cuyas obras no son productos finales, sino procesos en desarrollo para la implicación del público. Hace décadas que el mundo del arte defiende los works in progress, obras abiertas e inacabadas donde el creador puede ser una máquina, una red, un sistema biológico o un artista plástico, y cuyo interés primordial reside en las experiencias transcurridas durante su desarrollo.
Apreciar las huellas y no sólo el final del camino. La exposición sobre George Brecht que organizó el MACBA hace cuatro años ponía de relieve, entre otras cosas, la importancia que para el arte conceptual tuvo el manifiesto A proyect in multiple dimension, firmado por el norteamericano junto a Allan Kaprow y Robert Watts en 1957. Con tesis como aquéllas, en los años sesenta, los artistas fluxus y también los povera se rebelaron contra las convenciones estéticas, reivindicando las cualidades y contradicciones de los objetos que ya había destacado el viejo Duchamp con sus famosos ready-made. Todos ellos sentaron las bases para las futuras «obras en proceso» que hoy dominan el circuito.
Adaptación al medio. El Comisario-Jefe de LABoral cita como referencia las exposiciones de H. Szeemann para la Kunsthalle de Berna (1969) y las del año siguiente para el MoMA y el Jewish Museum de Nueva York, dirigidas respectivamente por K. McShine y J. Burnham. «Resulta evidente -dice- que la forma de presentar las obras de arte ha tenido que adaptarse a su naturaleza evolutiva». Romper su confinamiento y establecer nexos con el entorno sigue siendo uno de los principales problemas de la LABoral, que continúa ensayando estrategias programáticas para llegar mejor al público. La escenificación de las obras in situ es el rasgo común a esta nueva propuesta expositiva, titulada El proceso como paradigma, cuyos comisarios (Susanne Jachko y Lucas Evers) defienden ese arte que, «en flujo y creación continuo, dotado de existencia propia, atraviesa por estados de crecimiento, mutación y declive». Para ello, han seleccionado 25 trabajos que exploran los territorios situados entre la preprogramación y la autonomía, como «una forma de continuo prototipado de lo natural y generación de lo social». La amalgama de instalaciones propuestas se centra en cuatro «tipos de arte», abordando los «procesos naturales, biológicos u orgánicos», los «procesos automatizados», los cambios que «afectan a los humanos dentro de entornos políticos, sociales, económicos, tecnológicos y naturales», y las obras que ofrecen «visualizaciones y documentaciones en vivo».
¿Y la carga poética? El planteamiento visual y didáctico resulta abigarrado, con altibajos que derivan de la imponente arquitectura del centro. Para explorar más y mejor la complejidad de temáticas propuestas sería deseable superar el ensayo científico y evidenciar más carga poética, como consiguen las obras Sandbox, de Driessens & Verstappen, o Roots, de Roman Kirschner, que alternan el paso del tiempo y las leyes físicas mediante simulaciones, reconstruyendo los procesos naturales, sin aspavientos. Su materialización aspira a lo exquisito, lo sobrio y delicado, y el relato visual pone la guinda.
Es indiscutible que la variedad de soportes y manifestaciones del arte actual sitúa las viejas tesis de aquella innovación brechtiana en un listón alto, pero revisable. Así, sólo la evolución de obras performativas como Love, Piracy, and the Office of Religious Weblog Expansion, de los británicos Manu Luksch y Mukul Patel, permitiría valorar con garantías los propósitos de esta exposición. La pieza, que se nutre de libros de artistas e instalaciones, parte de una entrevista con el filósofo iraní Ali Alizadeh para abordar la censura en su país, y se está desarrollando online, en un interesante experimento de lectura colectiva. Otro proyecto titulado Real Snail Mail, del grupo británico Boredomresearch, dice presentar el primer servicio web del mundo que emplea caracoles vivos para la transmisión de sus mensajes. Una réplica de la obra se ha llevado a un colegio gijonés, para que profesores y alumnos lo usen en sus actividades extraescolares.
Conocimiento o sabiduría. En cualquier caso, el éxito de las exposiciones no depende de disciplinas ni dogmas. Un autómata puede perfectamente excitar la inteligencia y las retinas del espectador, como demuestra el alemán Julius Popp en su montaje bit.flow MK2, dinámico y lúcido. Más allá de la función simbólica o el juego metafórico, en cualquier «tipo de arte», el sacrificio encontrará su recompensa si logra diferenciar el conocimiento de la sabiduría. El primero depende de la memoria, y a veces cae en la complejidad expresiva. La sabiduría se alimenta de experiencias emotivas, y siempre será transparente.

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