AJIMEZ ARTE

Crítica

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Jaime Luis Martín

La elegancia del instante

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Publicado en La Nueva España

Benjamín Menéndez
Bodegón en el país de las montañas de agua
Pintura
Del 9de Abril al 8 de Mayo
Galería Octógono


Hace algo más de veinte años que Benjamín Menéndez (Avilés, 1963) se afanaba en el empeño de realizar un diario pictórico sobre un rollo de papel continuo. Aquella titánica aventura era toda una declaración idealista de la importancia, la fuerza y el sentido que tenía, para el artista, la pintura, que ya empezaba a calificarse, por entonces, como un anacronismo despreciable. Sin embargo, para Benjamín la pintura fue siempre un gozo, algo inexplicable e irrenunciable, una parte esencial de su trabajo artístico que supo compaginar perfectamente con sus incursiones en el campo de la videocreación, la instalación, lo escultórico y la cerámica. A cambio, la pintura le proporcionó algunas alegrías como el Premio del Certamen Nacional de Arte de Luarca (2006) y el tercer Premio de Pintura de la Junta General del Principado de Asturias (2003).

Pero, además, pintar para Benjamín Menéndez es una actividad pluralista, sin ataduras a modas ni a tendencias, e igual articula una serie de composiciones con los papeles entintados como protagonistas, sedimentando paisaje y sentimiento, color y collage, como se puede ver en su muestra en la Galería Vértice (2008), que recupera trabajos de hace una década, como en esta ocasión cargados con una intensidad asombrosa y una frescura que obvia cualquier virtuosismo técnico para entregarse a una desmesura plástica ajena a cualquier pasteleo y próxima a lo inexpresable, entendido el término como un ir más allá, a otro mundo, a otro tiempo. 


En una época en la que imperan la velocidad y la ansiedad, Benjamín nos trae, envuelto entre las brumas de las montañas de agua, un pliegue poético que nos retrotrae a un mundo en extinción. La mayoría de estas obras pueden considerarse naturalezas muertas, una época y unos objetos que han quedado inmovilizados en la pintura, un trabajo etnográfico que rescata las costumbres, revuelve en lo rural e impone la visibilidad de unas formas que tienden a la desaparición, asumiendo esa deriva hacia un tiempo anterior. Son obras de un trazo fresco y bien resuelto, marcadas por el sosiego y una mirada atrapada en este trabajo de campo, que captura el instante y alude a la memoria.

En estas aguadas, una técnica que contribuye a disolver el motivo en registros melancólicos, nos encontramos con herramientas como la azuela, el martillo, el preconto y el cachapo -denominaciones propias de la comarca del alto Sil en el Bierzo- como símbolos de un trabajo manual que siempre estimuló creativamente al artista. Pero estas pinturas, poéticas y cargadas de energía, luchan contra la fugacidad y sienten la elegancia del instante. Y al igual que en el texto «Manual de pastos» de C. A. Eberhardt que acompaña la exposición y en uno de sus párrafos dice: «Si le soy sincero, majamos por majar. Ni el grano ni la paja nos sirven verdaderamente para nada a estas alturas», también a estas alturas se pinta por pintar, un gesto inútil, tal vez extemporáneo, pero que, sin embargo, como sucede en estos cuadros, nos devuelve la plenitud contemplativa, esa atmósfera de recuerdos, un desafío en estos tiempos desquiciados.




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