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Crítica

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Jaime Luis Martín

El hueco como refugio

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Publicado en La Nueva España

Valle Baranda
31 avispas
Instalación
Casa Municipal de Cultura de Avilés




Hay un tipo de avispa, la avispa alfarera que construye nidos de barro con forma de olla o cazuela, presentando una gran plasticidad en sus hábitos. Y Valle Baranda ha sentido fascinación por el trabajo de estos insectos y en su última propuesta se estremece entre lo orgánico, la biología y una reflexión sobre lo humano y su relación con la naturaleza. Esta artista, que nació en Gijón en 1979, realizó estudios de grabado en la Escuela de Arte de Oviedo ampliándolos en el año 2001 en el prestigioso centro de litografía Tamarind Institute (USA). En el año 2008 fue seleccionada en la Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias y en el Concurso Internacional «Carmen Arozena», exponiendo colectivamente en Estampa. Actualmente dirige su propio taller, Alchemy Prints, en Cabranes. 

Si en su anterior exposición en la Casa municipal de Cultura de Avilés (2008) mostraba xilografías protagonizadas por una niña feliz con sus nuevos zapatos rojos, motivo principal de la serie de estampas, en esta ocasión revuelve en la naturaleza para plantear una metáfora sobre el hogar, el nido como lugar de refugio ante un mundo hostil, el agujero como una cavidad que incita nuestra curiosidad. Estos avisperos están realizados con fieltro, utilizando lana virgen cardada que es modelada por las manos de la artista. «Son objetos táctiles», señala Carolina Fernández en los «Papeles Plástica», «que sobrecogen por lo amable que se nos antojan. La calidez del material con el que son realizados, los suaves tonos cromáticos y la forma redondeada, reminiscencias de un útero, nos transmiten protección». 


Para Valle Baranda el fieltro, un material que Joseph Beuys utilizó en la mayoría de sus acciones, posee algunas cualidades que comparte con el artista alemán. Para ambos el fieltro es un elemento protector que nos aísla del frío y conserva el calor, pero, también, mantiene características ambiguas, pues al tiempo que nos protege resulta poroso a influencias externas. Y es un material sin valor, humilde, despreciado por la burguesía y, por tanto, sin demasiado interés en el mercado artístico. Sin embargo, mantiene un compromiso con la realidad más cotidiana y amplía lo simbólico. Estos avisperos, objetos próximos a lo artesanal, pero con un renovado sentido de lo manual, sólo se pueden entender como resultado de las transformaciones de la escultura en las últimas décadas, que han propiciado una visión de lo escultórico como una experiencia más de modelado de conceptos que de materiales. 


En una pared de la sala se muestran unas serigrafías, realizadas con tinta dorada sobre papel japonés, de unas avispas que recorren la distancia que separa dos retratos, el de la propia artista y su pareja, enfrentados, pero en actitud dialogante. Completa la muestra un vídeo de Noé Baranda protagonizado por los avisperos situados en el bosque, reafirmando la relación entre creación y naturaleza. Valle Baranda indaga en esta interesante instalación en lo rural, en lo preindustrial, en las formas básicas de la naturaleza, porque anterior a cualquier discurso, a cualquier tecnología, un hueco siempre representó un refugio.




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