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Julia Barroso

La vía artística de las emociones en Maria Ángeles Palomeque

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Sala de Exposciones Edificio Histórica de la Universidad de Oviedo
Del 15 de Abril al 14 de Mayo



El arte, ese lenguaje escrito o no que emana de la interioridad de personas de todo tipo en contextos culturales dados en momentos concretos de la historia, tuvo durante siglos  como medio cultural de expresión preferente la tradición literaria. Ya hace mucho hemos pasado al lento pero positivo dominio de lo que entra por los ojos, lo visual, con la implantación de la pintura, las artes gráficas, la fotografía, el cinematógrafo, los más recientes soportes y medios del video y los cambiantes soportes digitales como medios de emisión de mensajes, expresiones, sentimientos, críticas, relaciones entre seres y grupos en definitiva.  
La expresión escrita a pesar de su dominio como instrumento social es quien legitima documentos, leyes y reglamentos, base del derecho con que peor o mejor funcionan las sociedades. La sublimación artística de la expresión escrita, la Literatura con mayúscula, convive hoy con las artes visuales en terrenos pragmáticamente separados, a pesar de su índole común como elemento de creación. La pintura portátil, mueble, vendible, tradición arraigada desde antes del Renacimiento y sus diversas formas de concreción como la mayor parte de las manifestaciones artísticas  tiende a manifestarse en dos direcciones básicas. Quienes optan por expresar sus impresiones, emociones, sentimientos, constituyen la vía emotiva de acceso a lo artístico, especialmente manifiesto en la pintura abstracta de inicios del siglo XX. Su parámetro se halla en las primeras acuarelas abstractas de Kandinsky, por citar nombres conocidos. Otros prefieren una expresión más racionalizada, que aboga por la construcción de composiciones y espacios  legibles en términos más geométricos, la vía que siguen tantos autores derivados de la corriente obsesionada por aprisionar en una superficie las estructuras en que nos movemos según unas leyes de perspectiva, modulación, proporción, geometría en definitiva, como K. Malevitch o  Piet Modrian, por citar autores que son hitos de las vanguardias históricas.
La mayor parte de los artistas eligen de manera consciente o no, la vía preferente de la expresión de sentimientos mediante signos que plasman en sus obras, con independencia de las técnicas y de los soportes elegidos. La pintura de Maria Ángeles Palomeque se produce mediante una inmersión e identificación de la autora con su mundo de emociones como elemento conductor de sus impactantes composiciones. El concepto general de la exposición en la sala de la Universidad de Oviedo, “el recuerdo”, constituye un conjunto de evocaciones de sus vivencias. Ahí manifiesta sus excelentes logros y también sus temores debidos a ese miedo que nos hace precisamente humanos. Sus signos se funden con sutileza en un magma que constituye su personal simbología, no por ello ajena a la lectura y empatía de los llamados “espectadores” del arte.  La variabilidad de su interpretación reside en la misma pluralidad de lectores con su trayectoria, sensibilidad, preparación e intuición, igual que cuando se lee una novela,  se percibe una película e incluso se interpretan hechos y propuestas políticas, sociales o de otras índoles.

Maria Ángeles Palomeque utiliza sus signos de forma desenvuelta, con fuerza y elegante sentido de esa producción abstracta que la caracteriza. En esta ocasión presenta tres series de obras, una de pinturas en tinta china, esmalte, óleo  y elementos textiles sobre papel de tamaño grande con títulos como "Fugacidad”, "Acabamiento" y "Sublimación". Hay otras dos series de doce cuadros, una de ellas con acuarela y medidas cada uno de 50 x 40 y otra en técnica mixta de 50 x 50,  sobre soporte de pasta de madera. En el conjunto de las composiciones  combina colores en zonas densas y zonas vacías, con resaltes táctiles sobre el soporte, cose líneas texturadas y cuelga hilos con estudiada composición de formas y colores. Hilos y puntadas forman parte de un mundo textil tan querido por el arte de las mujeres en el feminismo, y su sello les imprime verdadero vigor compositivo que hacen reconocer su origen pero no se limitan a un destino manual  artesano, que por lo demás sería legítimo.  Lecturas tan distintas del apoyo en las labores manuales textiles se pueden rastrear en múltiples artistas de plena actualidad, desde la ya histórica del feminismo Judy Chicago,  que incluyó esas técnicas con intención ideológica reivindicativa o las más recientes y muy actuales Marina Núñez,  Iratxe Larrea o Pilar Albarracín que  ponen en evidencia el prejuicio ante lo artesano, intimista y fuera de moda por estar en la parte menos visible del arte, el que hacen las mujeres y por tener su origen en las antípodas de las últimas tecnologías.

El arte solo es tal si de verdad expresa o construye algo añadido a nuestra experiencia racional. Es el caso de la obra de Maria Ángeles Palomeque, discreta en su talante personal pero metódica, vigorosa y pulcra en su ejecución ante tan variados medios. Su trayectoria e interés por motivos femeninos es antigua y no parece casual a pesar de la diferencia de resultados de entonces y de ahora, al tomar años atrás el motivo del “burka”, esa prenda exterior afgana que cubre a la mujer incluido el rostro, cuando apenas era conocida desde nuestros ámbitos más que por escasos reportajes, antes de ser un emblema de los actuales sinsabores de ese pueblo. María Ángeles Palomeque con su intuición, técnica y vivencias pasa desde aquellas pautas a estas otras obras más “abstractas” pero basadas en las concreciones de su vivir. Saludo estas aportaciones que tendremos la oportunidad de visitar y preguntar por su verdadero y en ocasiones, algo hermético sentido,  en esta primavera de la Universidad de Oviedo, testigo de saberes y expresiones centenarios.

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