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Crítica

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Jaime Luis Martín

Ensayar la huida

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Publicado en La Nueva España

Verónica García Ardura
Pintura
Del 17 de marzo al 12 de abril
Galería Amaga








Verónica García Ardura (Gijón, 1976) se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca en la especialidad de Pintura. Ha realizado diferentes cursos sobre espacios de creación contemporánea, litografía y últimas tendencias creativas y fue la ganadora del XIV Concurso «Mujeres pintoras del oriente de Asturias», además de participar en diversas exposiciones colectivas en España, Argentina y Bélgica, e ilustrar cuentos y diseñar mobiliario para espacios escénicos. Desde el año 2000 viene exponiendo individualmente en el circuito asturiano. 


Su trabajo se ha centrado, principalmente, en la pintura, explorando las posibilidades de una abstracción contaminada de notas figurativas y mezclando diversas técnicas para alcanzar un lenguaje más allá del puro formalismo, aunque consciente de que se encuentra ante un agotamiento de la tradición y de la necesidad de buscar caminos alternativos.
Que la pintura ha muerto y resucitado en innumerables ocasiones nadie lo duda, que su futuro se encuentra cuestionado es un secreto a voces, que ha perdido su lugar de privilegio en el entorno visual resulta incuestionable y, sin embargo, sigue manteniendo la dicción entre las nuevas generaciones, aunque con la ilusión mermada y más dependiente del mercado que nunca, que la trae y la lleva sabiendo que su respiración se ha vuelto anhelosa y necesita de apoyos que la sostengan. Pero su interés está estrechamente ligado a su agonía, su renovación sólo es posible cuando asume su condición póstuma, su resurgimiento será tanto mayor cuanto más se aleje del mercado y desborde los límites, volviéndose visceral y apasionada, rebelde y expandida. La pintura debe asumir que ya no es una práctica sino un concepto y rechazar esa clonación a que se encuentra sometida, repitiendo el pasado y sosteniendo a los muermos que ven en la repetición el motivo para perpetuar sus teorías inmovilistas.
Estas exigencias de renovación están presentes en la experiencia pictórica de Verónica García Ardura. Se trata de una búsqueda que se mueve entre las masas de color con predominio de los negros y una oscuridad luctuosa, con deslumbramientos soterrados. Por un lado, encontramos que la superficie matérica y rugosa, accidentada y chorreante, se ha vuelto un territorio en el que experimentar, amasando un expresionismo abstracto impuro pero de indudable atractivo. Por otro, hallamos un espacio en el que indagar distintos procedimientos técnicos, ensayar la huida y trazar caminos menos transitados. Como resultado nos encontramos con unos paisajes en los que resulta imprescindible realizar una lectura pausada, detenerse en la pincelada, descubrir los micromundos que los salpican.
Son cuadros próximos al sentimiento que intentan desbrozar los senderos de la pintura, pero que siguen dependiendo de una tradición vanguardista que les impide explorar otros ecosistemas expresivos. Pero esto no es óbice para apreciar el esfuerzo de la artista, la fuerza con la que transita por territorios pictóricos que se convierten en refugios para la mirada.




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