AJIMEZ ARTE

Crítica

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Jaime Luis Martín

Geometría emocional

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Ignacio Bernardo
Esculturas

Del 21 de Febrero al 25 de Abril

Museo Evaristo Valle

Hemos condenado cualquier experiencia artística que se aparte del canon de contemporaneidad a un territorio sombrío y, sin embargo, en esas áreas borrosas, de cuando en cuando, surgen prácticas alejadas del bricolaje que es preciso no perder de vista porque tienen la suficiente tensión e interés como para atrapar la mirada, aunque se escapen de una actualidad en la que, por otra parte, ya nadie se pone de acuerdo sobre qué es arte. Y como destellos, en estas zonas retiradas y en penumbra, pueden considerarse los últimos trabajos de Ignacio Bernardo (Avilés, 1954), que se encuentran insertos en una dimensión utópica y épica, una experiencia escultórica contemplativa, alejada de modas y sedimentada en una reflexión, con la composición y la construcción como trasfondo. Pero desde sus primeras obras, bajo la influencia de José Luis Fernández, pasando por sus aproximaciones a Brancusi, sus ensayos con el tubo de hierro o sus intervenciones en la naturaleza, siempre estuvo presente un estremecimiento panteísta, una energía primaria, un sentimiento místico relacionado con el espacio. 



Ignacio Bernardo es un artista que ha apostado por la escultura, transitado por distintas líneas de investigación desarrollando, en todo momento, su extraordinaria capacidad para manejar cualquier tipo de materia y armonizarla en el espacio, como sucede en la serie «Introspección», formada por casi una decena de piezas realizadas en acero y una selección de su experimentación previa sobre lámina de aluminio. El artista se sirve de diferentes planchas de forma cuadrangular o semicircular para componer mediante la intersección de planos diversas figuras que dialogan con la tradición de las vanguardias del siglo XX, un retorno a la esencia de la modernidad. 

En efecto, estas piezas suponen una reflexión sobre una forma de entender la escultura que tiene en la referencia analítica, la depuración formal y la geometría esencialista su razón de existir. En estas obras, a diferencia de otros trabajos del artista con desarrollos más intuitivos, hay una rigurosa y estudiada composición de los pliegues y de los movimientos, logrando formas esquemáticas que remiten a la noción clásica de equilibrio, o insertas en el dinamismo de las tensiones curvilíneas. En otras piezas se generan diferentes dinámicas de ausencia y de presencia, de transformación, de cierre, replegado en su cerco enigmático o de apertura, abriéndose a lo cósmico. 



En esta estética afín a Oteiza, Camín o Alfaro, al constructivismo en general, el artista ha conseguido moverse, con enorme soltura y acierto, por una geometría emocional y fluida, buscando un lenguaje propio que le ha permitido generar, sin ninguna rigidez, distintas formas, entre la figuración y la abstracción, contagiadas por un poso de serenidad y equilibrio. La poética de Ignacio Bernardo nunca ha renunciado a la belleza, ni ha renegado de los misterios de la naturaleza, e intenta, siempre, recuperar la dimensión espiritual de la escultura, lo indecible convertirlo en materia.


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