AJIMEZ ARTE

Crítica

Imagen

Jaime Luis Martín

Un vacío repleto de presencia

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Publicado enLa NuevaEspaña


Julio Cuadrado
Desubicados
Del 5 al 27 de Marzo
Galería Octógono


Hay artistas que crean imágenes como si fuesen churros, destinadas a un consumo masivo y decorativo, más propias de los grandes almacenes que de galerías de arte, y otros que construyen tras cada pintura, vídeo o fotografía un discurso que nos invita a reflexionar, excluyendo lo banal y abrazando los significados. Son los menos, pero a estos últimos pertenece el fotógrafo Julio Cuadrado (Oviedo, 1969), cuya obra igual recorre la tradición archivística fotográfica con sus «Manuscritos» que mostraban el alfabeto manual del lenguaje de los sordomudos, que reúne «amontones» de productos -neumáticos, jamones, rollos de papel higiénico- para denunciar el consumismo de la sociedad, o muestra, en un vídeo presentado en la Capilla del Museo Barjola, el vuelo de unas palomas en los cielos del Líbano, contrastando esas imágenes celestiales con el terror, la muerte y desolación que asolan Oriente Medio.

En su más reciente trabajo, la serie «Desubicados», el artista profundiza en esta línea de investigación, sin dejarse conquistar por lo fácil y asumiendo un análisis del paisaje y de los monumentos como reveladores de la historia, de una herencia que condiciona el entorno geográfico. El proyecto que parte de fotografías de distintos monumentos se desarrolla en dos fases. En una primera se compone el monumento y sus alrededores para más tarde fotografiar aquello que, la presencia del monumento, impide su visión, manteniendo la escala y punto de vista de la primera toma. Digitalmente se componen ambas imágenes, suprimiendo la parte que ocupa el edificio y dejando ver lo que se encuentra al otro lado. En la serie que presenta en la galería Octógono se han reunido dieciocho imágenes realizadas entre los años 2005 y 2010, que abarcan desde el «Elogio del Horizonte» en Gijón hasta el «Atomium» de Bruselas, pasando por la basílica de San Esteban de Budapest o la estatua ecuestre de Francisco Pizarro en Trujillo. Son fotografías sugerentes, misteriosas, escenificadas, en las que la invisibilidad se presenta como una realidad inquietante.

Aunque las bases teóricas del trabajo pueden remitir a las teorías de Einstein relacionadas con el espacio y el tiempo, las manipulaciones y alteraciones de la imagen, a través de la tecnología, no son demasiado complicadas. Con estos efectos, el artista no pretende demostrar ninguna maestría técnica, sino reflejar cómo la huella del hombre afecta y altera el paisaje, propiciando otra lectura del mismo. Estas sutiles ausencias, agujeros en la realidad, un vacío repleto de presencia, restituye la visión anterior al monumento en una suerte de ilusionismo que transforma la percepción del lugar, creando una geografía diferente, una tensión poética, un entorno sin residuos históricos. Estos nuevos territorios sin la huella humana se caracterizan por su poder evocador que, sin embargo, aún conservan el perfil de la ausencia, la carga ideológica que los impregna.

En este sentido, Julio Cuadrado consigue unas imágenes peculiares, con identidad, que producen un cierto desasosiego e interrumpen la visión del espectador, favoreciendo tránsitos emocionales que recuperan la mirada sobre el paisaje.



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