AJIMEZ ARTE

Crítica

Imagen

Antonio Alonso de la Torre García

Pictorialismo post scriptum

0 comentarios






Texto extraído del catálogo de la exposición de Nacho Suárez en la sala Borrón de Oviedo. Del 26 de febrero al 20 de Marzo. Nacho Suárez, nacido en Avilés en 1985 en licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca.


“Si de una vez por todas he dejado de ser yo, si ya ni mi boca, ni mi vientre, ni mis senos me pertenecen, me convierto en criatura de otro mundo en que todo ha cambiado de sentido. Tal vez llegue un día en que ya no sepa nada de mi”.
Historia de O. Pauline Réage.

En las “fotopinturas” de Nacho Suárez conviven préstamos, transferencias y migraciones de distintos lenguajes, desde la fotografía o la pintura al tratamiento digital. En el inicio de este proceso creativo se apodera de imágenes publicitarias en las que la mujer muestra su especificidad únicamente como objeto físico de reclamo. Una vez escogidas estas fotografías en revistas de moda, Nacho reniega del estilo que presentan e invierte sus pautas estéticas, incluyendo de forma contundente informaciones que niegan directamente el mensaje inicial. A través de brochazos, rayados o borrados se desplaza de su mundo cotidiano a una figura presuntamente bella. Una figura que queda desubicada y de la que surge una nueva naturaleza. En definitiva, se pasa de una imposición estética con orientación comercial a una reflexión artística y social.
La intención es seleccionar determinadas imágenes que invaden nuestro entorno visual para revisarlas y facilitar una toma de conciencia sobre las mismas. La mujer aparece, en esta imagen publicitaria de partida, como seductor objeto de placer, con una personalidad que va desde lo angelical a lo demoníaco. Son imágenes en las que la belleza y la capacidad de seducir se presentan como condición imprescindible para alcanzar éxito y respeto. Pero las mujeres no se sienten identificadas con este imaginario colectivo que las muestra vinculadas a cualidades únicamente de carácter físico, como si fueran una fragmentación de rasgos externos: piernas, senos, peinados, tacones, labios…, juguetes para hacer con ellos lo que se quiera. Es una explicitación de imágenes que se convierte en una implacable exigencia externa que abruma a las mujeres y las cosifica en la vida diaria. Es imposible ajustarse a este prototipo que se les asigna. Son cuerpos y lo demás no importa. Pero, por desgracia, esta imagen incompleta y parcial de esta mujer deshumanizada es una de las características más presentes en nuestra subcultura.
Nacho Suárez reacciona ante este hecho y transmuta lo que considera elementos pseudoculturales. Ya a fines del XIX los antiguos fotógrafos pictorialistas manipulaban la imagen realista que obtenían de sus cámaras para reivindicar el valor de la destreza manual y conseguir figuras femeninas entre nebulosas, o bien paisajes desvanecidos, con el objeto de que fueran considerados tan artísticos como las pinturas. Buscaban algo ideal. Nacho también se distancia de la nitidez de unas imágenes que parecen reales, las emborrona con capas de pintura, las desenfoca y las retoca en el ordenador para así desligarlas de la exactitud y el orden impuesto por un nuevo academicismo. Aunque también se llega a una resolución plástica borrosa y hasta en ocasiones abstracta, resulta, sin embargo, más reveladora, más creativa, y menos engañosa que el original.
Las figuras femeninas publicitarias están muy bien enfocadas técnicamente, pero socialmente están fuera del objetivo. Pretenden ser modernas y potenciar el reconocimiento social a unas formas estéticas, cuando son en realidad acomodadas, perversas y vulgares. A estas imágenes Nacho superpone, de modo contundente e inquietante, nuevos significados que limpian la mirada del espectador. En sus obras desaparecen cabezas, no hay miradas y los sentimientos están anulados.
La reflexión que se nos propone no es por tanto únicamente social, también es artística. A lo largo del proceso creativo una imagen efímera del mundo de la moda se convierte en un objeto pictórico intemporal. La figuración se une a la abstracción para conseguir un resultado más plástico y anular de este modo el mensaje comercial. Además, también se indaga sobre cómo se insertan estas imágenes publicitarias en la sociedad, en qué condiciones se desarrolla la recepción de esta estética predeterminada. Suelen utilizar como sistema de exposición el espacio público, vallas o escaparates, o se imponen en revistas, televisiones, películas, etc. por lo que es una creatividad al servicio del comercio y de un discurso socioeconómico intencionado. Para poner en evidencia esta realidad estética actual Nacho presenta sus obras en una institución cultural, que se convierte así en el campo de operaciones desde el cual poder enfrentar al espectador con un conflicto que en la calle pasa desapercibido. Por eso las imágenes, cabezas o cuerpos, son a escala humana y nos tratan de tú a tú.
En estas fotografías pintadas el uso de diversas técnicas se superpone hasta conseguir el objetivo propuesto: desvelar que la imagen de la que se parte no es un registro de la realidad sino un engaño de baja calidad estética. Se trata, en definitiva, de una estrategia de resistencia ante la estandarización de una determinada imagen femenina. Como se ve en algunas de estas obras, también las mujeres occidentales llevan puesto su burka.


Volver

Comentarios

No hay comentarios a esta critica

Si lo deseas, puedes enviar un comentario a critica:

Envía esta referencia