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Ángel Antonio Rodríguez

Lo esencial, invisible a los ojos


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Herminio presenta en Madrid una exposición individual en dos sedes, marcando una inflexión en su trayectoria






Publicado en  El Comercio

Creador de las tensiones, los magnetismos y la esencialidad plástica, los logros de Herminio (La Caridad, 1945) se abren a Madrid con la primera exposición individual del artista asturiano en la capital española, titulada ‘Ingravidez’ e inaugurada esta semana en la galería Cayón, en sus dos sedes de las calles Orfila y Castelló. La muestra se compone de casi una treintena de esculturas realizadas entre 2007 y 2010 y coincide con la presentación de esta sala en Arco, tras firmar un acuerdo de exclusividad con el artista asturiano.

Herminio ha mantenido en los últimos veinte años una metodología que conecta con el ideal renacentista y la ética de Leonardo, aprendiendo de todas las técnicas e investigando siempre. Sus sorprendentes esculturas, dialogando con las fuerzas magnéticas y las tensiones, ya han vivido del éxito antes, llamando la atención de los coleccionistas internacionales, pero ahora toman un interesante punto de inflexión estético y promocional que, a buen seguro, le llevará muy lejos.

En su universo escultórico continúan vibrando, entre abstracciones, el mar como espacio y los barcos como formas que se mueven o flotan sobre el aire varado. Ingravidez, física y dibujo combinadas para sentir el movimiento apenas perceptible de esas masas flotantes donde lo esencial es invisible a los ojos. Misterios ópticos y cinéticos que excitan las miradas traduciendo a formas la naturaleza substancial de las cosas.

La doble muestra madrileña mantiene esa ‘compleja sencillez’ que le define. La sutilidad es mayor que antes; no hay anécdotas; la energía poética de cada composición se nutre de sí misma. Hay algunas notas de color y luz artificial que se potencian mediante leves grafías. La conexión de los fragmentos suma un todo básicamente plástico que facilita el reconocimiento de todo el espacio escultórico con un lenguaje coherente. Esa coherencia es fundamental para Herminio, que hoy incorpora la materia ‘del tiempo’ a la materia ‘del espacio’, como movimientos rítmicos y esculturas que parecen vivas. Más allá de las tesis constructivistas, cinéticas o mimimalistas, el asturiano presenta una poética del silencio pero tangible; una hermosa conjugación de imágenes aparentemente frágiles, musicalmente rítmicas y felizmente volátiles. Pureza y elementalidad. Escultura como fusión de lugar, paisaje y memoria. Materialidad, en fin, de un núcleo espacio-tiempo que anuncia procesos siempre activos, como ejes de una inmutable realidad. Como la vida misma.
Fotografía:Marcos Morilla

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