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Carlos Suárez

2009. Lo más profundo no es la piel

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Publicado en La Nueva España


 «La piel es lo más profundo que hay en el ser humano», diría Paul Valéry. 

Lo más profundo es la piel cuando adolecemos de falta de riesgo y atrevimiento. Lo más profundo es la piel cuando todavía reverberan los sonidos de cualquier tiempo pasado que fue mejor. Pero la piel deja de ser lo más profundo cuando nuevos lenguajes, proyectos e ideas afloran en el panorama artístico contemporáneo.



Paralelamente nos hemos alejado de las «Ciudades invisibles» de Italo Calvino, de la ciudad de los sueños, para convertirla en pesadilla. Se ha constituido un modelo de ciudad sedentaria para un ser humano al que la sociedad le exige ser nómada, lo que ha provocado enormes desavenencias. Pero como decía también Calvino, las ciudades no son tan sólo lugares de trueque de mercancías, también son lugares de trueque de palabras, de deseos y de recuerdos.

 

La recuperación y documentación del status social y cultural que en su día desempeñó un automóvil formó parte del proyecto «Coche» de Bárbara Fluxá en el Centro de Arte Laboral. La misma artista presentó en la galería Espacio Líquido objetos encontrados que fueron tratados como auténticas piezas arqueológicas y expuestos para dar testimonio de los comportamientos sociales más recientes. Para devolverlos, eso sí, al espacio al que en su día pertenecieron -la exposición pública-y someterlos al ojo del espectador, para mostrarlos como el viejo objeto de deseo de una sociedad añorada y por supuesto, siendo pragmáticos en este viaje de ida y vuelta, para reubicarlos en el mercado.



La caída del Muro de Berlín, el atentado de las Torres Gemelas y la nueva distribución del poder económico definieron en gran medida la dirección de los movimientos migratorios actuales, en una trashumancia de culturas permanente que en el arte se refleja mediante una hibridación de lenguajes, conceptos e ideas que convierte en clásicos los movimientos del siglo XX frente a los del siglo XXI.



La obra «Walking Song» de Kaoru Katayama, expuesta en el mes de octubre en la galería Espacio Líquido, es un reflejo de esas trashumancias que llevan al cuestionamiento de identidades. De la que no se libra nuestro himno «Asturias patria querida». Un gaitero, el hijo de una familia polaca afincada en la región, comienza a tocar la melodía y a continuación un tenor cubano, residente ya hace ocho años en Oviedo, canta ese himno de ida y vuelta. Resulta que esta canción popular tenía su origen en dos países. Se sospecha que la melodía fue adaptada de una que cantaban mineros polacos que iban a trabajar a las minas de las Cuencas Mineras del Caudal y de Mieres a principios de siglo XX. 



Pero las migraciones humanas, lejos de ser vistas como una oportunidad para el enriquecimiento, que cuestiona los totalitarismos, ridiculiza los caciquismos, y hace saltar en pedazos tabúes y fanatismos heredados, son vistas como un peligro en ese afán de control del poder por parte de los gobiernos.

 

El artista Hassan Elahi, a raíz de ser interrogado en un aeropuerto americano y posteriormente retenido durante meses sospechoso de colaborar con grupos terroristas, decidió una vez liberado y demostrada su inocencia colgar los datos de todos sus movimientos en Internet de tal forma que las autoridades estadounidenses no tuviesen que preguntarse dónde se encontraba en cada momento. El proyecto «Tracking Transience» fue expuesto en Laboral Centro de Arte en el mes de Octubre. 



«Habría que volver a nombrar el mundo» -decía Estrella de Diego- «y saber que el mapa no se puede jamás acabar de nombrar ni dibujar, porque nunca esta del todo terminado. Cada vez queda algo que podía haber estado dentro, o se podría haber excluido lo que en cambio está».


 

«El origen de mi vida», como planteó en una magnifica exposición Iraida Lombardía en la Pinacoteca de Langreo, está cerca de mi madre, aunque a veces cargado de profunda nostalgia y melancolía como el «Heimweh» de Isidoro Tascón en la Galería Vértice que recuerda el silencio de las obras de Thomas Struth.



El mundo no gira en el mismo sentido ni a la misma velocidad para todos. Demasiado rápido para algunos, demasiado lento para otros o simplemente permanece quieto para los que se agarran a la repetición y al absurdo inmovilismo. 



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