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Juan Carlos Gea

Las labores de la piel

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María Castellanos desarrolla en «Reversible» las analogías entre tejido epitelial y textil apoyándose en la instalación, la fotografía, la pintura y el grabado


Publicado en La Nueva España

 La analogía entre el tejido epitelial y el tejido textil es el motivo central que recorre «Reversible», la exposición de la joven artista gijonesa María Castellanos (1985), que desarrolla en la sala Borrón, del Instituto Asturiano de la Juventud, el proyecto encargado a la artista con ocasión del premio «Asturias Joven» que recibió el pasado año. Como en la obra ganadora del certamen -en la que la piel femenina era dolorosamente atravesada por la aguja y el hilo, transmutando su condición orgánica y viva a la de soporte decorativo-, buena parte de los trabajos de «Reversible» parten de la ambigüedad de las labores textiles -una actividad y un objeto asociados a una concepción tradicional de lo femenino-, para comentar con puntada crítica e «ironía las tendencias actuales para el embellecimiento del cuerpo». 

Los encajes y enrevesados ornamentos se repiten en todas las obras, pero tratados con la versatilidad que reclama una creadora para quien «no cuenta la técnica concreta, sino cómo lograr con la mayor precisión lo que estás intentando hacer». En el caso de «Reversible», conviven la instalación interactiva, la fotografía manipulada, la pintura, el gofrado y los «transfers» sobre tela, que expanden la analogía central en diversas direcciones y sugerencias. 

Las fotografías, por ejemplo, muestran mujeres en cuya piel, y como brotando desde el interior al que alude su título, se revelan tracerías de encaje que sugieren pero no son escarcificaciones ni lesiones, mientras que los «transfer» de la serie «Tapete» enlazan el tejido con la piel en torno a unos ombligos que reclaman su condición conceptual de origen y centro o, con un efecto más contundente, cosen reproducciones de pezones sobre tela a bustos de maniquí. Tanto en un caso como en el otro María Castellanos alude más o menos directamente a las presiones «sobre el prototipo de belleza que tenemos que seguir» y a las operaciones de cirugía «que proceden del mismo modo que estos trabajos, y en las que la gente corta, pega y estira, como trabajando con tejido textil». Ese mismo tono adquiere un relieve -literalmente- distinto en la instalación audiovisual que recibe al visitante, que es perseguido -también literalmente- mediante el uso de tecnología digital por proyecciones que «tatúan» con insistencia mecánica sobre su piel o su ropa patrones de encajes. 

El campo de alusiones se abre, con todo, en direcciones menos críticas y más íntimas en las pinturas tela enmarcadas por encajes y dibujadas con grafito, cargadas de referencias biográficas y aromas de infancia, y en los gofrados han hecho pasar por la violencia del tórculo la fragilidad de los tapetes, revelando insólitas lecturas artísticas de elementos cotidianos. 

El espíritu interdisciplinar y abierto que María Castellanos exhibe en «Reversible» es la clave, además, de sus proyectos futuros, entre los que se cuenta un trabajo de doctorado que indagará, según la artista, «en el punto donde confluyen y se integran arte, diseño y tecnología», desafiando etiquetas con un perfil de artista «que trabaja constantemente en medio de varios campos».


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