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Ángel Antonio Rodríguez

Lluvia y luz en el Museo

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Pablo Armesto ilumina la Capilla de la Trinidad con una cascada vertical de agua suave y constante


Publicado en El Comercio

Como una lluvia artificial, reflexión evocadora de un tiempo melancólico, contemplativo y casi místico. 
Un ‘chaparrón’ de sugerencias y una atmósfera intimista llenan desde ayer la Capilla de la Trinidad del Museo Barjola, con una instalación de Pablo Armesto compuesta por materiales completamente orgánicos: agua, luz y recogimiento. 
La obra, fruto de la última beca concedida por el centro para proyectos destinados a este espacio barroco, se complementa con tres esculturas, tres grabados y un documento de vídeo que invitan a la reflexión, bajo los presupuestos conceptuales y formales frecuentes en este creador asturiano. Según sus palabras, se trata de «la recreación de un trocito de cielo y de naturaleza, un atrio dentro del museo, un espacio dentro del propio espacio en el que sorprenderse, escucharse a uno mismo y observar cómo se reproduce de modo artificial la magia y lo sublime». Un trabajo exquisito que, de algún modo, «nos devuelva a ese paraíso perdido que tenemos que recuperar». 
No es ésta la primera ocasión en que Armesto plantea un proyecto en tan feliz diálogo con el espacio. 
La arquitectura suele estar presente, con mayor o menor evidencia, en todos sus trabajos, que siempre respiran esa esencia y ese afán por hacer converger biología, historia y tecnología, tradición y contemporaneidad, memoria y lugar. El itinerario, el camino como metáfora de vida, es la idea central de estas experimentaciones donde subyacen argumentos filosóficos y simbólicos. 
Así, ‘Dentro, la lluvia’ abre la cúpula de la capilla generando una atmósfera que sorprende e invita a contemplar el fenómeno. Para lograrlo, Armesto construyó una caída de 14 metros con una fuente de iluminación blanca proyectada en ángulo de 45 grados respecto a la vertical, recreando una cascada de agua que es recogida en un elemento contenedor que, a modo de ‘impluvium’, simula una lluvia suave y constante. 
Las esculturas han sido realizadas con varillas de paraguas, articulando hierro y alambre y conectando con el sentido de la instalación, alegoría de la lluvia y los elementos que se relacionan con ella. Similar empeño mueve la serie de grabados expuesta, que se nutren de estampaciones con técnicas de xilografía y gofrado estampadas sobre papel Creysse de 76 x 56 centímetros. 
Lecturas, en fin, para que el público saque sus propias conclusiones o reflexiones. 
Metáforas del lugar realizadas con materiales cercanos. 
Hogares y homenajes que se enriquecen con juegos cromáticos y luces controladas digitalmente. 
El silencio del lugar dispuesto para ofrecer nuevos retos, penetrar los rincones del subconsciente y hacernos pensar, sin aspavientos. 
Y sin salpicar, porque Armesto se ha ocupado hasta de eso.
Fotografía: Alex Piña

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