AJIMEZ ARTE

Crítica

Imagen

Luis Feás Costilla

Dejarse la piel

0 comentarios


Texto perteneciente al catálogo de María Castellanos, editado con motivo de su exposición Reversible en la sala Borrón

Con esta exposición, María Castellanos (Gijón, 1985) demuestra ser merecedora del Premio Asturias Joven 2008. El reconocimiento, concedido por el Instituto Asturiano de la Juventud, le fue otorgado por las fotografías de su serie Tejidos, de gran contundencia visual, pero se había presentado también a dos de las otras categorías, la de pintura y la de grabado, que hicieron ver que se trataba de una artista completa, con un prometedor currículum en el que no faltaban su licenciatura en Bellas Artes por la Universidad de Vigo y estudios de postgrado sobre las prácticas artísticas contemporáneas y los medios digitales. Los hechos posteriores, con alguna exposición individual y la participación en varias colectivas en Lisboa, el Museo de Arte Contemporáneo de Vigo o en Laboral Centro de Arte y Creación Industrial de Gijón, han venido a confirmar su valía, que en esta exposición presentada en la Sala Borrón de Oviedo queda indiscutiblemente manifiesta, pues se atreve tanto con la instalación con videoproyector como con la fotografía, el grabado y la pintura, cada una a su modo, con un hilo común pero sin perder nada de su autonomía, sumando y aumentando mejor que restando y dividiendo, como corresponde incluso etimológicamente a cualquier autor que se precie.
Si algo hubiera que reprocharle, tendría que ser un cierto descreimiento impropio de su edad, que le lleva a veces a practicar una contraestética de resistencia que en sus aporías no acaba de funcionar del todo, pero lo que está claro es que María Castellanos es una joven muy trabajadora, dispuesta a dejarse la piel en esto del arte, en el que indudablemente cree aunque, por supuesto, en ocasiones legítimamente cuestione. Precisamente la piel es el medio (a veces incluso el soporte) de sus especulaciones conceptuales en torno a las falsas apariencias, la visión superficial de las cosas, la moda como encubrimiento y mixtificación o el tatuaje como marca a la vez que como revestimiento estético, como señal o como herida epidérmica. Así fue en la serie con la que conquistó el Premio Asturias Joven en 2008, en la que, mediante el maquillaje y la simulación más que por la manipulación fotográfica, conseguía dar la impresión de que se estaba cosiendo en su propio cuerpo retales y bordados, con todo el morbo del body art pero sin su componente masoquista y violento. Y así es también en todas las obras que componen esta exposición, en las que los encajes de bolillos siguen aportando motivos geométricos a un juego artístico que no es exclusivamente plástico, sino que esconde diferentes niveles de lectura sin resultar por ello discursivo o pretenciosamente cargante.
Si hubiera que ordenar las diecinueve obras, habría que empezar por la instalación digital, que mediante un complejo mecanismo cibernético tatúa reversiblemente la piel (y sólo la piel) de los visitantes, marcando así lo que será el santo y seña de todo el recorrido expositivo. Después vienen las fotografías, que muestran en el pellejo de otro (una chica) los resultados de un marcaje imperceptible. Luego los implantes, tanto en maniquíes como en tapetes bordados, efectuados mediante transferencia fotográfica. A continuación las estampaciones mediante la técnica del gofrado, en las que los motivos geométricos se impresionan en seco sobre papel hanemuller. Finalmente, los cuadros, hechos con técnica mixta y grafito sobre lienzo, en formatos hermosos y con detalles bellamente decorativos que ilustran historias personales. Estos últimos son, por así decirlo, la puntada más artera, el cosido definitivo, el broche final, y cierran con brillantez, talento y esfuerzo una exposición que, a pesar de su título, es muy probable que deje una huella indeleble en quienes acudan a verla.


Volver

Comentarios

No hay comentarios a esta critica

Si lo deseas, puedes enviar un comentario a critica:

Envía esta referencia