
Jaime Luis Martín
La engañosa imagen de la felicidad
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Publicado en La Nueva España
Sara García
Vivieron felices y comieron patatas fritas
Figuras, dibujos y fotografías
Del 9 al 30 de Diciembre
Casa Municipal de Cultura de Avilés
Todos hemos visto a las madrastras, princesas y brujas de la factoría Disney. Restos de una tradición popular pasados por el túrmix del pop del que surge una papilla edulcorada, vomitiva y misógina, que representa, según el artista conceptual norteamericano Mike Kelley, la verdadera cultura oficial de nuestra época. Esta visión regresiva y nostálgica encuentra «en los fetiches y los objetos del pasado mediático -argumenta Eloy Fernández Porta- el punto G de la propia experiencia». Pero Sara García (Gijón, 1983), premio Joven de Artes Plásticas en la última Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias, ha desarrollado una actitud crítica y pragmática, consciente de que toda nostalgia conduce hacia lo que nunca ha existido, de que toda regresión implica abdicar de cualquier responsabilidad, asumiendo lo pueril y anacrónico como argumento y estilo. Con enorme lucidez Sara defiende que en esta época cutre y trivial se precisa un espíritu gamberro que cuestione la adoración a lo moribundo y defienda otras visiones más inhóspitas.
Y lo consigue mediante una mirada irónica. Sirviéndose del humor reflexiona sobre la transmisión de ciertos estereotipos femeninos asumidos como parte de una tradición oral, rayana en la inocencia y acentuados en la época de la «disneylizacion». Sin embargo, tras esa aparente candidez se reafirma el desvarío patriarcal. El sueño de una mujer bella, complaciente y sumisa que obtiene como premio, gracias a su actitud abnegada, el príncipe azul, contrasta con la mujer activa que defiende su independencia y, por tal motivo, resulta condenada, en las narrativas conservadoras, a no ser amada, asumiendo la imagen de la bruja o la madrastra. Sara ya cuestionó estos roles femeninos, ironizando sobre el papel reservado a la mujer por el catolicismo, en su primera exposición individual, «Marisco, limones y melones» (sala Ateneo de La Laguna, Tenerife, 2008), inspirada en el libro «Consejos a las jóvenes», del padre Ángel Ayala; pero, en esta ocasión, se enfrenta a derivaciones menos burdas, asumidas por la mayoría sin la menor resistencia.
Esta postura combativa con los tópicos se materializa en las fotos del rostro de cuatro princesas, pequeñas muñecas Disney, tras cuyo aparente «glamour» descubrimos en sus retratos la suciedad y deformidad de sus caras. En estas imágenes, detrás de lo llamativo y ornamental, late lo inquietante. La frase «Vivieron felices y comieron patatas fritas», realizada con flores de plástico, se despliega por la pared culminando la cima de una estética kitsch pretendida y divertida, provocando una lectura polisémica. Por otra parte, un dibujo sobre papel muestra las perversiones y monstruosidades de una vida feliz comiendo perdices. Desde una Cenicienta descabezada derramando un ramo de flores a su paso, hasta una sensual Ariel recostada e insinuándose sobre el capó de un Ferrari rojo, sin olvidar a una princesa con dos cabezas, Bella y Blancanieves, devorándose a sí mismas; representan una barroca alegoría, un espacio de ensoñación y rebeldía, de «miradas perdidas, posiciones y gestos que pueden resultar extraños -sugiere Marta Rebollo en los «Papeles Plástica»- descontextualizados y extrapolados de su hábitat natural, el mundo de la fantasía».
Sara García, con enorme lucidez, mezcla lo pop, lo kitsch, el humor y el gamberrismo estético, en un juego que hurga en la construcción de la identidad femenina, sabiendo que en estos tiempos carentes de política, líquidos y desencantados, cualquier imagen de la felicidad resulta engañosa y sólo queda el infantilismo, con las pesadillas de príncipes valientes y Blancanieves virginales asaltando la noche.
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