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Juan Carlos Gea

Esculpir (para) este tiempo

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«La vida en este lado» reúne en Espacio Líquido la obra de diez nuevos escultores, en conversación con una pieza de Fernando Alba




Publicado en La Nueva España

Cuando abrió sus puertas en 2000, la galería gijonesa Espacio Líquido convirtió en el eje de su diáfano interior una escultura de Fernando Alba encerrada en una gran vitrina de cristal a cielo abierto: uno de sus enigmáticos y hermosos «contenedores de tiempo», piezas cuyo acero cortén registra el paso de los días, pero al mismo tiempo los resiste sin sufrir apenas cambios en su depurada estructura geométrica. Todos esos conceptos encapsulados al otro lado del cristal -el transcurso de un tiempo que no es el de la vida cotidiana, la idealidad de las formas, la solidez monumental de lo que permanece- han sido tomados ahora como eje de una interesante experiencia concebida por el comisario Javier Hontoria para mostrar el «tránsito sin retorno» que, en sus palabras, ha sufrido la escultura de las últimas décadas. Su idea ha sido invitar a diez representantes de las nuevas tendencias escultóricas a entablar diálogo con la pieza de Alba. El resultado es «La vida en este lado», que muestra justamente eso: el modo en que, a este lado del cristal ya intransitable de la escultura del pasado -incluida la escultura moderna-, la vida en su sentido más urgente, cotidiano, inmediato y precario ha revivificado, a su vez, un lenguaje que parecía agotado. 

La muestra, que ocupa todo el sótano de la galería organizándose en torno al «Contenedor de tiempo», reúne obras de Marlon de Azambuja, Maite Camacho, Bárbara Fluxá, Nuria Fuster, Hisae Ikenaga, Carlos Irijalba, Paco Nadie, Jaime Pitarch, Ignacio Uriarte y Belén Uriel, que dejan clara la ruptura, no sólo con la antigua estatuaria y su ideal de permanencia -el «aere perennis» horaciano-, sino también con las aspiraciones de pureza formal y abstracción que renovó la escultura a partir de las vanguardias. Lindando a menudo, o integrándose con la instalación, la pintura o la intervención, las obras de «La vida en este lado» presentan una escultura que bebe de su tiempo y a él refluye; que, según Javier Hontoria, establece una relación de «tú a tú» con su entorno y que «forma parte del imaginario cotidiano en términos de material, proporción, contenido», trabajando con materiales vulgares, industriales y perecederos y atendiendo, con ironía y mordiente, a asuntos como la ecología, el colapso del capitalismo, los hallazgos y angustias de la vida cotidiana en el medio urbano o la revisión crítica de la herencia moderna. La vida, en resumen, en este lado. 

El gijonés Paco Nadie sitúa su aportación justo en el límite. Una frase inscrita en el cristal que encierra la obra de Alba declara que «El tiempo está fuera, nosotros estamos dentro». Y de ese tiempo exterior y de su precariedad enloquecida y sus residuos queda constancia en el resto de la sala. Carlos Irijalba (Pamplona, 1979) incide, por ejemplo, en las confusiones y las sugestiones que sufre nuestra percepción de la realidad, en particular la urbana, jugando en una fusión de foto y escultura («Outside comes first») con el modo en que un cristal -como el de la vitrina del «Contenedor de tiempo»- la distorsiona. 

Con menos ironía que sentido de la realidad, Bárbara Fluxá (Madrid, 1974) presenta los hallazgos de su particular arqueología de nuestra propia cultura contemporánea. A partir de una nevera hallada en una playa asturiana («Nevera») y de dos vitrinas con «Reconstrucciones arqueológicas» de envases y desechos encontrados en el Nalón y restaurados con escayola, la artista transmite la fragilidad de la cultura material en una sociedad de consumo y el modo en que la sobreproducción puede convertirnos aceleradamente en historia. La hipertrofia de los procesos de producción también interesa a Hisae Ikenaga (México, DF, 1977), que en «Mesa de molde» y «Libro siamés» sabotea conceptualmente las cadenas de producción, haciéndolas producir supuestas «malformaciones», como una mesa tallada a mano, pero con aspecto de haber salido defectuosamente de una factoría. 

Belén Uriel (Madrid, 1974) «I, M. S. Multi-purpose bags» también acude a la ironía y a los objetos cotidianos para considerar en qué dieron los sueños utópicos de la vanguardia: unos cuadros de bolsa de la compra y su similitud con las propuestas del constructivismo están en la base de su juego conceptual en «I, M, S Multi-purpose bags». El horizonte de la vanguardia, en particular de poéticas como la dadaísta, encuadra también los trabajos de Nuria Fuster (Alicante, 1978), que en «Transmutador de luz», «To the lighthouse» o «Roca» crea ensamblajes inestables, pero dotados de una extraña poesía, con fragmentos de objetos de desecho. 

Las sillas vulgares son la base de las piezas de Maite Camacho (Madrid, 1978) y Jaime Pitarch (Barcelona, 1963). La primera une en «Confundido» escultura y pintura para convertir cuatro sillas en auténticos emblemas de la disfuncionalidad y la frustración, tanto del uso como del sentido. En «Close encounter», Pitarch proyecta una larga serie de diapositivas en las que agota todas las combinaciones de posición posibles entre dos sillas, que quedan reducidas a sus puras cualidades formales y al tiempo, de algún modo, se humanizan y adquieren un halo poético no exento de humor. 

Finalmente, como recluido en un contenedor paralelo y en la oposición máxima a la pieza de Alba, Ignacio Uriarte (Krefeld, Alemania) ha instalado en una sala vacía sus «60 segundos»: un gran círculo de sesenta relojes digitales de pulsera que cada hora hacen sonar sus alarmas con un segundo de diferencia, midiendo el tiempo mundano con objetos efímeros, en su disposición y en su materia misma: un tiempo y unos objetos fatalmente «de este lado». 

El brasileño Marlon de Azambuja prefiere intervenir con cinta adhesiva elementos de uso corriente -un foco, un carrito de la compra- y el propio entorno de la galería, quebrando su función habitual.



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