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Crítica

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Jaime Luis Martín

Festín pictórico

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Publicado en La Nueva España y  http://blogs.lne.es/jaimeluismartin/


Silvia Lerín
PielPintura
Del 6 al 28 de Noviembre
CMAE


Llega a las paredes del CMAE un festín de pintura servido, con innegable lujo y calidad, por Silvia Lerín (Valencia, 1975), que siempre ha mostrado una preocupación por alejarse de la ortodoxia pictórica sin que esa distancia suponga renunciar a su fascinación por el color, las formas y las texturas. La muestra reúne piezas desde el año 2007 hasta el presente que revuelven en la pureza, sin excluir aventuras más dinámicas y arriesgadas. 


Formada en la Facultad de Bellas Artes de San Carlos, en la Universidad Politécnica de Valencia, su trayectoria, con exposiciones en la galería Sophies-Edition (Berlín, 2008), en el Colegio Oficial de Arquitectos (Murcia, 2007) y en el Centro Cultural de Mislata (Valencia, 2002), se encuentra muy ligada a Asturias al haber obtenido la beca «Al Norte» (2007), y ese mismo año, el Premio Nacional de Artes Plásticas «Art Nalón». Ha realizado el mural sito en el jardín de la Pinacoteca Municipal de Langreo Eduardo Úrculo, además de exposiciones en la galería Dasto (Oviedo, 2007) y en la Casa de Cultura Escuelas Dorado (Langreo, 2008). 

Su pintura, caracterizada «por la investigación racionalista y constructiva -como señala Gabino Busto en el catálogo- basada en la pura morfosintaxis geométrica», tiene la rigurosidad propia del geometrismo, pero combinada con el dinamismo de las formas y la solidez de una expresión entregada al placer de pintar. En sus composiciones se produce un juego entre diversos planos y líneas, con yuxtaposiciones y quebraduras, pero sin renunciar a las calidades táctiles ni a los campos cromáticos vibrantes que introducen notas de emoción en la abstracción pictórica. Lo anecdótico se halla ausente de esta obra compleja, resuelta, sin embargo, con sencillez y sabiduría. 


En sus construcciones tensadas entre diferentes planos se sedimentan las masas cromáticas y se recupera el temblor de las líneas que cruzan la superficie como caminos que delimitan diversos territorios diferenciados por el tono. En este sentido, se puede hablar de una predisposición de la artista hacia un paisaje estructurado con apuntes de infinitud. Pero también resulta indudable al contemplar estos campos de color la sensación musical que producen, con los diferentes ritmos, que sutilmente se inclinan al silencio y al vacío. Hay una lúcida reflexión en la epidermis de estos cuadros, con la piel de la pintura destilando sensibilidad, recubierta por los azules, verdes, negros y rojos, que se encuentran en los límites, en las intersecciones. En estos equilibrios, consciente de que acontecerá el accidente, consigue momentos de plenitud. 


Los «murales removibles» se han convertido en una constante de sus trabajos, y no podían faltar en esta exposición. Se trata de pinturas acrílicas sobre la pared a las que incorpora trozos de loneta que encolados al muro expanden lo pictórico, invaden el espacio y envuelven al espectador. Estos elementos desmontables y portátiles afianzan el concepto de instalación. Lo efímero pasa a formar parte de la obra y la pintura se aventura por la teatralización y el mestizaje, con momentos de gran intensidad e indudable atractivo.





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