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Luis Feás Costilla

Prendes busca silencio

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Publicado en La Voz de Asturias

Ramón Prendes. Silencio. Galería Cornión, calle La Merced, 45 (Gijón). Lunes a viernes, de 10 a 13.30 y de 16 a 20 horas. Sábados, de 10 a 13.30 horas.
Hasta el  5 de diciembre.
La pintura de Ramón Prendes siempre ha contado cosas, aunque muy a su manera. De la locuacidad inicial, correspondiente al entusiasmo de los años ochenta, ha ido sin embargo desprendiéndose poco a poco, pues para estar bien con uno mismo es necesario no hablar mucho ni decir palabras vanas, como bien sabían San Benito y su contrapunto egipcio, el itifálico Min, cuyo perfil lo cuenta todo. Esta regla de tres incluso llevó a Prendes a un ejercicio de pura abstracción, expuesto en 2003 en su galería habitual, Cornión, y del que salió más limpio, más depurado y menos literario en su regreso a la figuración. Ganaron terreno los elementos más plásticos, como el color o la textura, exquisitamente tratados, y se impusieron los temas más universalizados, paradójicamente extraídos de su repertorio más subjetivo. Se materializaron así los sueños del náufrago, la posibilidad de una isla, la utopía paradisíaca bien anclada en el imaginario colectivo, en la que el silencio sería roto únicamente por el inaudible soliloquio del farero, cuyo eco distante también llega a su nueva exposición en la galería gijonesa. En ella, Ramón Prendes profundiza en sus breves haikus visuales, compuestos por unos pocos elementos como la nube solitaria, el mar en lontananza, la casa aislada, el palo hincado en la playa, el monolito enhiesto como el ciprés de Silos, alguna figura humana rescatada de etapas anteriores, la cueva o la gruta que nos hablan del mundo como fantasmagoría y ensoñación, como misterio insondable en el que sólo puede penetrar el artista de vida retirada, que goza del bien que debe al cielo a solas, sin testigo. Es como si el genio que duerme dentro de Prendes hubiera oído nuevamente su " Levántate y pinta!" y en su despertar , hubiera sacado notas inauditas de su pájaro indolente, al que cada vez le cuesta más arrancar, como si fuera un arpa silenciosa y cubierta de polvo de su dueño tal vez olvidada, en el ángulo oscuro de un salón ya sin música.
Mística aplicada


Ramón Prendes participa del ya crónico retraimiento de los pintores gijoneses, que no les impide desarrollar un arte de expansivos vuelos. El agorafóbico Evaristo Valle, el tímido y enmadrado Nicanor Piñole, el rabioso Luis Pardo, el autogestionario Aurelio Suárez, el esquizofrénico y dual Armando Suárez, los privativos Reyes Díaz y Melquíades Alvarez, el descorazonado Javier del Río o el adoptivo Pelayo Ortega forman, junto con él, una auténtica escuela de soledad y aislamiento, que casi no se nota en su trato con ellos, tal es su afabilidad y cortesía, y entre ellos, pues han hecho gala de un acendrado compañerismo, se aprecia muy bien en su pintura a todas luces introvertida, encerrada en su propio mundo, hecha con intransferible impronta individualizada, tan solo una común fidelidad a los modos, dimes y diretes de lo figurativo. Cada uno de ellos realiza en cada cuadro un cántico a la eterna soledad que pertenece un poco a todos, pues quien más o quien menos ha querido en algún momento huir del mundanal ruido y seguir la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido, según los famosos versos de Fray Luis de León. Y confecciona una hermosa loa al silencio que pertenece muy concretamente al terreno de las artes, pues, en el fondo, qué pintura no es silenciosa, por mucho que haga gestos y aspavientos? Por eso se la intenta hacer callar estrepitosamente. La pintura es mística aplicada y Ramón Prendes obtiene sus fuentes no del ascetismo cristiano sino del misticismo oriental y la mitología hindú, egipcia o africana, de donde sale por ejemplo Unkulunkulu, divinidad suprema de los zulúes, que, aparte de tener un nombre que suena mejor y es más exótico, nació de un palo de cañavera como los que el pintor gijonés inserta en la arena de las playas.




       

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