AJIMEZ ARTE

Crítica

Imagen

Ángel Antonio Rodríguez

La escultura que viene

0 comentarios


Publicado en El Comercio

Hace tiempo que la escultura reclama cierta autonomía para crear nuevas sintaxis que nos inviten a tomar distancia respecto a temáticas y referentes externos, diseñando otros 'cuerpos' con cualidades propias y buscando espacios más metafóricos que físicos. Tras el minimalismo y, muy especialmente, a partir de las famosas tesis kraussianas, la escultura no se encuentra en la escultura. Se ha expandido en las ruinas de su propio estatus, el ruido que suele provocar la institución Arte y la esperanza de revitalizar la inagotable creatividad humana. Hace nueve años, cuando se inauguró en Gijón la galería Espacio Líquido, su planta baja incorporó en su zona central una escultura del asturiano Fernando Alba. Obra muy contundente, inscrita en un gran cubo de vidrio visible desde todos los ángulos del nivel inferior de la galería y también desde el patio superior que, pese a su belleza y su indudable calidad estética, desprende una energía voraz y con frecuencia negativa para otros artistas que se presentan en la misma sala.
Pero en su nueva propuesta expositiva ('La vida en este lado') Espacio Líquido ha hecho una inteligente relectura de esa problemática aprovechando la pieza como referente para plantear una singular exposición de once jóvenes creadores de distintas generaciones. Sus trabajos, en torno a la obra de Alba, plantean las nuevas posibilidades estéticas del lenguaje escultórico bajo el hilo conductor de Javier Hontoria, comisario de la exposición, que subraya el desplazamiento ocurrido en el ámbito de la escultura en las últimas décadas, un deslizamiento hacia «formas más cercanas a la experiencia cotidiana, apegadas un tipo de objetualidad que poco tiene que ver con abstractas soluciones anteriores aunque no siempre se encuentren en el ámbito de la representación, de lo reconocible».
Los participantes son Marlon de Azambuja (Santo Antonio da Patrulha, Brasil, 1978), Maite Camacho (Madrid, 1978), Bárbara Fluxá (Madrid, 1974), Nuria Fuster (Alcoi, 1978), Hisae Ikenaga (México D. F., 1977), Carlos Irijalba (Pamplona, 1979), Paco Nadie (Thionville, Francia, 1972), Jaime Pitarch (Barcelona, 1963), Ignacio Uriarte (Krefeld, Alemania, 1972) y Belén Uriel (Madrid, 1974), que recorren cuestiones diversas, debatiendo la precariedad de los materiales, la influencia del diseño, la ecología, las estrategias del 'Do it yourself' ('hazlo tú mismo'), las cadenas de producción, el consumismo y otras ambiciones. En algunos casos, las obras logran poner en entredicho el rendimiento semántico del objeto escultórico, clausurando su ejercicio narcisista para aunar un conjunto de efectos (espaciales, perceptuales, conceptuales) que merece la pena analizar. Esos efectos se intensifican especialmente en las arquitecturas efímeras de Marlon de Azambuja, las 'arqueologías de desechos' que defienden Bárbara Fluxá y Nuria Fuster, las interacciones de la acción humana de Belén Uriel, el arte casi callejero y los lugares de tránsito generados por Maite Camacho y Hisae Ikenaga o los intrigantes procesos de Paco Nadie acerca de la existencia y la reinterpretación de lenguajes, que nos animan a leer la obra entre líneas y sentir leve el tacto de lo intangible.

Volver

Comentarios

No hay comentarios a esta critica

Si lo deseas, puedes enviar un comentario a critica:

Envía esta referencia