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Jaime Luis Martín

Volver visible lo invisible

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Jaime Luis Martín
Publicado en La Nueva España y http://blogs.lne.es/jaimeluismartin/Elías García Benavides
Pintura
Del 29 de Octubre al 24 de Noviembre
Galería Amaga

De manera inexplicable  Elías García Benavides (León, 1937) se encontraba ausente, desde hace más de una década,  del circuito avilesino y, sin embargo, a su pintura, varada en una abstracción expresionista teñida de lirismo, se le reconoce como una singular aventura plástica, con momentos intensos en los años ochenta y noventa, algunos tan significativos como el homenaje que se le rindió en el XXVII Certamen Nacional de Pintura de Luarca. Desde su primera exposición individual en la Galería Tassili (Oviedo, 1972) hasta la más reciente en Gema Llamazares (Gijón,2008), sin olvidar las muestras en la galería Biosca (Madrid,1986), galería Venezia Viva (Venecia,1992) y en la galería Lina Davidov (París, 2007), o la más significativa en el Palacio de Revillagigedo (Gijón,2005), la pintura de Elías “está caracterizada -como ha señalado Fernando Castro Flórez-  por una singular mezcla de fragilidad o ligereza unida a una gravedad dramática”. Conviene recordar en este sentido que, según manifestó el artista, su necesidad de pintar proviene de un conflicto “entre el “yo” y el contorno”, dramatizando un trabajo que tiene en el gesto y la mancha los pronunciamientos más externos de tan turbulenta relación.
Aunque en algunos de los trabajos de Benavides aparecen veladas referencias figurativas nunca intentó copiar la realidad sino aprehender las fuerzas invisibles que la definen que, tras pasar por sus manos, quedaban contagiadas de emotividad, produciendo un entorno gestual salpicado de intensidades lumínicas que caracterizan muchas de sus obras. En sus últimas composiciones  la materia pictórica –una constante en su quehacer- ha perdido presencia, y la superficie se ha convertido en lo que Javier Hernando denominó “un campo de color tan intenso como ligero”, si bien siguen estando presentes las distintas capas de pintura, que refuerzan esas densidades y veladuras, esas atmósferas líricas que definen sus trabajos.
En la muestra se encuentran representadas tanto las obras de fuerte masa cromática, caracterizadas por su exuberancia y su potencia, como aquellas aligeradas mediante franjas de color. Las primeras pertenecen a lo sólido y a lo estático, a lo intenso y corporal, mientras que los ambientes pictóricos más livianos se relacionan con el dinamismo y la fluidez, con la nostalgia de esos mundos idealizados que afloran entre las diferentes tonalidades. En estos trabajos se encuentra, todavía, la belleza, aunque convulsionada por los accidentes y los desbordamientos pictóricos. Y aparecen los rojos intensos, los azules, los ocres,  como sugestivas notas que se extienden, de manera uniforme o exhibiendo, de repente, una tonalidad intensa, siguiendo los rítmos de un compás poético. En estas atmósferas vibrantes, en esos infinitos cromáticos hallamos momentos gozosos e inexpresables y en “estos sucesos  existencias sin nombre –como sugería Antonio Gamoneda- en espacios amenazados por la desaparición”.
Hay en estas pinturas un poso de autenticidad, de afirmación de la pintura, pintar contra todo, “contra el hecho-como afirma Olivier Mosset- de no poder pintar”, contra un mundo que ha igualado todas las imágenes y ya no se reconoce en ninguna. Pero hay, también, una declaración a favor de la abstracción que vuelve visible lo invisible, y modula, emocionadamente,  el color y desborda, conscientemente, los tonos y posee la suficiente sensibilidad para entender la fragilidad pictórica. Una melanclía impregnada de cromatismo que Elías ha sabido transformar en arte.


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