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Juan Carlos Gea

Altamira reorienta sus naves

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La cincuentenaria galería gijonesa, renovada como ATM Contemporary, pone en marcha un «laboratorio de ideas artísticas» en una antigua fábrica de Deva


Juan Carlos Gea
Publicado en La Nueva España
 Cuando, hace medio siglo, la galería Altamira abrió sus puertas en un exiguo local de la gijonesa calle de la Merced, su propietario, Eduardo Suárez, emprendía una aventura en la que consideraba como prioritaria la atención el arte contemporáneo. Literalmente, siempre que se recuerde que su contemporaneidad -la de una galería que echaba a andar en las postrimerías de la década de los años cincuenta en una ciudad como Gijón-, implicaba la atención a un arte en el que convivían grandes maestros del siglo XX asturiano aún en activo junto a los de nombres de la vanguardia histórica española y los jóvenes artistas regionales que entonces empezaban a revivificar las artes plásticas después del parón de la guerra. Cincuenta años después, sus herederos -sus hijos Adriana, Lucas y Diego Suárez- tienen claro que quieren apostar por la continuidad de ese espíritu. Lo cual, en contra de lo que pudiera parecer, implica asumir importantes cambios. Por definición: el contenido de la contemporaneidad es cambiante, y lo es cada vez más. De manera que, bajo el reformado (y muy significativo) nombre de ATM Contemporary, profundiza y amplía un proyecto que lentamente ha llevado a Altamira a implicarse a conciencia con el arte que se hace en el siglo XXI.


La apertura, el pasado fin de semana, de un proyecto con escasos, por no decir ningún parangón en España es la materialización más visible de un replanteamiento de ruta que se inició hace ahora cinco años. El pasado domingo, Jannis Kounellis, uno de los grandes del arte internacional del último medio siglo, concluía la segunda parte de un productivo encuentro con jóvenes artistas en un entorno insólito, que no podía menos que fascinar uno de los padres del «povera»: el corpachón de una bellísima e imponente fábrica incrustada en uno de los parajes más idílicos de la parroquia gijonesa de Deva.
En sus dos naves -en conjunto, más de 550 metros cuadrados anteriormente dedicados a la fabricación de jabón y champú-, bajo el costillar de las viejas vigas y con los rastros de la intemperie bien visibles en los ladrillos y el enlucido, acaba de echar a andar el proyecto ATM Naves, que ha dejado en el lugar los primeros productos de su nueva vida: el fruto de las reflexiones y el trabajo compartido durante casi una semana por el maestro y los artistas seleccionados por el propio Kounellis, que ya habían mantenido un fructífero encuentro en la Fundación Botín de Santander el pasado verano. 

El proyecto es tan ambicioso como abierto. No se trata simplemente de habilitar un taller, un centro expositivo, una residencia de artistas o un punto de encuentro y debate: puede ser todo eso, pero sus autores, que se han pasado años buscando en las afueras de Gijón el lugar idóneo, piensan más bien en ATM Naves como «un espacio de trabajo en el que las ideas son aún más importantes que el espacio; un centro de I + D + I en torno a la creatividad emergente y multidisciplinar»: «Sabemos que es una noción que a priori puede sonar extraña, pero la intención es exactamente esa: poner en marcha un espacio de trabajo que funcione como un laboratorio de nuevas ideas en las que se desarrolle y se concrete de muchas maneras un concepto de la creatividad que no tiene por qué limitarse a lo que se entiende convencionalmente como creatividad artística, sino que implique a otros profesionales y disciplinas», precisa Diego Suárez. 

Del mismo modo que se habla hoy de «artes expandidas», el proyecto ATM Naves parece materializar un concepto de «galería expandida». La labor de mediación del galerista entre el artista, el público y el coleccionista se amplía: ATM Contemporary aspira a funcionar, en torno a su «espacio expandido» en Deva, como nexo de contacto entre todo tipo de profesionales de la creación, entendida en el sentido más amplio -artistas, desde luego, pero también ingenieros, creativos, diseñadores de producto-, y también entre posibles promotores, colaboradores o destinatarios de sus desarrollos, de manera que se active, según Diego Suárez, «un lugar de innovación que además suministre de contenidos tanto a Altamira como a otros centros». Algunas de las piezas desarrolladas durante el encuentro con Kounellis han sido ya, por ejemplo, matriz de exposiciones previstas en centros de arte. A su vez, las propias naves de ATM pueden servir como un centro de arte donde se puedan contemplar los trabajos y también el proceso de su producción, o en el que se materialicen proyectos supervisados por un curador que luego den lugar a muestras específicas. El abanico es tan amplio como las ideas que vayan generándose en el propio espacio. 

La apertura de ATM Naves llega en un momento de vértigo para la veterana galería. Su apuesta por los jóvenes artistas, la relación con las instituciones y la atención a las ferias internacionales y a viveros del arte emergente, en especial el ámbito caribeño, tendrá un espaldarazo añadido con la primera participación de la antigua Altamira en ARCO 2010. Y por partida doble: de una parte, tres de sus artistas expondrán sus proyectos en el apartado ARCO 40, y de otra, uno de los artistas representados por ATM Contemporary, Michael Linares, participará individualmente en una de las «Project-Rooms» que se exhibirán en el marco de la Feria. 

Por otra parte, se han establecido lazos con una de las principales galerías internacionales, la parisino-neoyorquina Yvon Lambert, uno de cuyos artistas jóvenes de mayor proyección, el portorriqueño Melvin Martínez, expondrá próximamente en ATM Contemporary como fruto de la representación que comparte con Yvon Lambert. 

Martínez se implicará, además, en un proyecto de investigación en ATM Naves. 







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