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Javier F. Granda

Dormino-Benagli, scultura a quattro mani

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Javier F. Granda. Desde el pasado 3 de octubre hasta el 17, Salas ha tenido en sus calles a dos artistas muy especiales: Davide Orlandi Dormino y Marco Benagli. El primero nacido en Udine y residente en Roma y el segundo de origen romano pero nómada incorregible, aunque nos ha confesado que quiere, poco a poco, aminorar el impulso que le hace embarcarse en su casa flotante, de un lado a otro del océano, con el propósito de echar raíces en la Toscana. Junto a ellos han trabajado en Salas artistas de otras nacionalidades como Kristaps Gulbis (Letonia), Maxim Dumitras (Rumania) y Tiiu Kirsipuu (Estonia) en el marco de la quinta edición de La Escultura en Norte. La experiencia en esta ocasión ha sido entrañable y, con seguridad permanecerá en la memoria de aquellos que han tenido la fortuna de entrar en contacto con los artistas.
El motivo por el cuál destaco a Dormino y Benagli se debe en buena medida a que he visto una energía vital y artística extraordinaria que me lleva a pensar que el flujo de su arte camina con ellos sin que el mismo quede reducido a la materialidad de la obra. Hoy nos queda en Salas el trabajo conjunto, a cuatro manos, de Dormino-Benagli en una obra que éste último ha denominado “Barca de la Memoria” y que quizás sea documentada como “Arca de la Cultura”. No obstante apuntar que esa embarcación artesanal de reminiscencias fenicias con su proa orientada a poniente y con la carga evocadora de una memoria/herencia cultural del pasado, se puede considerar un paradigma de intercambio de ideas tan vivo como necesario. El ejemplo lo han puesto de relevancia los propios artistas con su presencia a nivel de calle y con su desbordante empatía y derroche de altruismo. Ese flujo es lo que verdaderamente ha llenado las calles de Salas por espacio de dos semanas, de lo que podemos decir que hoy, sin su presencia, el vacío trasciende adquiriendo proporciones desconocidas.
Evitando expresarnos en términos de la “literatura especializada que pretende la interpretación de las artes plásticas” que citaba el poeta Antonio Gamoneda en sus comentarios sobre la obra de otro escultor, Amancio González, diremos que los elementos en los que se apoya la obra Dormino-Benagli nos refieren la presencia de profundas raíces que parten de los confines de un Mediterráneo antiguo para destacar, con fuerza renovada, la identidad e inmensidad de un legado cultural, así como los cauces por los que éste discurre. Pero a la vez que ese artesano de ribera de insospechados horizontes, tan libre como noble, que es Marco Benagli daba forma a su embarcación al lado de Davide Orlandi Dormino, moldeando la superficie cristalina del mármol blanco de Carrara, el aura de los artistas se propagaba en nuestras latitudes con poderoso magnetismo. Su presencia dotaba a la obra de una autenticidad sin fisuras y es por ello que no podremos ya hacer una lectura de la misma idéntica a cuando los artífices multiplicadores del mensaje contenido en esa barca, de nítidas referencias a la expansión e interacción de culturas, estaban entre nosotros.
Se puede afirmar que las vidas de estos dos artistas son puro y autentico Arte.

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