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Jaime Luis Martín

Romper las pantallas

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Jaime Luis Martín
Texto extraído el catálogo que se publica con motivo de la celebración de la exposición "en_medio" de Nacho Quesada, IX Premio Astragal

Vivimos rodeados de pantallas, pantallas de televisión, de teléfonos móviles, pantallas interactivas. Bajo este dominio, que se ha venido acelerando en los últimos años, vemos el mundo, nos relacionamos haciendo amigos o volcando nuestra intimidad, explicamos la realidad que nos rodea convirtiéndonos en productores de noticias o reelaborándolas a nuestro antojo, compramos y vendemos, y, en algún caso, nos amamos. Todo es posible en la pantalla porque, en su interior, se multiplican las metáforas, aunque la vida -inmersos en este espacio intersensorial, en este “éxtasis de la comunicación”[1]- como anunciaban los más apocalípticos de los relatos de ciencia ficción, va entrando en una fase de cristalización, en un “núcleo extremadamente denso y frío”[2].

En este universo evasivo, en esta disolución de la historia, en esta promiscuidad de imágenes, se inscribe la propuesta en_medio, que revuelve en los medios de comunicación, el consumo y las redes sociales. La visión del artista sitúa, en primer término, el colapso al que estamos abocados, trazando una irónica, en ocasiones mordaz y paródica visión de los media y reconociendo que “no se le da impunemente la palabra a las paredes, a las pantallas”[3] sin caer en el riesgo de precipitarnos hacia una aniquilación de cualquier alternativa, al silencio de los corderos.

En este sentido, Nacho Quesada nos instala en cinco escenarios donde se producen estos procesos de domesticación, de demolición de una identidad crítica, pero visualizando, al tiempo, las voces de resistencia. La obra please, watch me consiste en un mural de doce pantallas que emiten, en un bucle circular, diferentes programas de televisión: deportivos, reality shows, anuncios, dibujos animados, informativos. En el centro de esta órbita televisiva se sitúa un vídeo, sincronizado con los distintos canales, protagonizado por la actriz y performer Paula Calvo Suárez que, víctima de este bombardeo de imágenes, sin posibilidad de evadirse, sufre un ataque ansioso-depresivo, que se materializa en un desasosiego corporal y gestual, escenificando y acentuando la estupefacción visual. Nadie pone en duda el papel que juega la televisión, desde su nacimiento como “maquinaria dominante”[4], generadora de imaginarios que mantienen a raya cualquier conato de disidencia, asumiendo e incorporando visualmente la diferencia o eclipsando cualquier oposición que se salga de las reglas establecidas. Y, sin duda, ha contribuido más que cualquier otro medio a fomentar una ansiedad consumista.

En estos diferentes escenarios planteados por el artista, la obra read me & write me propone al espectador elaborar su propia noticia, animando al público a jugar con los periódicos de papel, cortando y pegando titulares e imágenes hasta componer un collage con sus deseos más irreales o sus posiciones más radicales, obteniendo, como resultado, aquellas imposibles crónicas que nunca aparecerán en los medios de comunicación. Esta interactividad se prolonga en la obra please, call me, una invitación a llamar a determinados números de teléfonos móviles que forman parte de la instalación. La respuesta que obtenemos, bien sea de servicios de atención al cliente o relacionados con el sexo, la genera una máquina. Ya estamos acostumbrados a este diálogo asimétrico, que el maquinismo domina, convirtiéndonos en meras comparsas de sus pretensiones,  reduciendo la conversación a monosílabos o a una simplicidad de lenguaje que ha abolido cualquier resto emocional. La presencia de la pantalla, la evidencia de la tecnología, reduce, progresivamente, el espacio de lo humano.

Pero ahora los ordenadores, Internet, han tomado el relevo de la televisión y condicionado a todos los demás medios, que han tenido que reubicarse si quieren mantenerse en el mercado. En tanto millones de personas atraídas por este nuevo espacio, en busca de conocimientos y relaciones, también de “la posibilidad de disolverse en una operabilidad fantasmal”[5], se acercaban a las nuevas redes sociales, surgidas en los últimos años, del tipo Tuenti, Facebook, Myspace, Flickr, “redes blandas, la mayoría de las veces destinadas a recoger registros, archivos accesibles de experiencias, actitudes y referencias(palabras e imágenes)”[6], donde la conectividad es muy alta pero se resiente el grado de comunidad, y cuyos miembros carecen de cualquier responsabilidad u obligación y más bien exhiben cierta morbosidad al mostrar públicamente aspectos de su ámbito privado.

A este nuevo fenómeno responde tuentibook, una red social accesible en la dirección http://www.enmedio.org, creada por Nacho Quesada, diferente a todas las demás, con falsos amigos para que nadie perciba nuestra soledad, dobles perfiles y la posibilidad de añadir enemigos que, siempre, resultan más excitantes que las amistades. Esta parodia, enmarcada en el proyecto join me now!, ridiculiza las comunidades virtuales, ironizando sobre el consumo de afectos y visualizando las múltiples carencias de la red para conectarnos y su capacidad, sin embargo, para desactivarnos políticamente[7], de acuerdo con el control activo de la ideología capitalista que la sustenta. La inmersión en los medios nos desconecta de la realidad, como le ocurrió a Paula Calvo, la performer que durante la inauguración de la exposición, permaneció ausente, indiferente a todo cuanto sucedía a su alrededor, escuchando música, pendiente del teléfono móvil y consultando Internet.

Acompañando todas estas prácticas visuales y performativas se diseñó una línea de merchandising, de acuerdo con los objetivos de la campaña de comunicación, denominada fastfood art, compuesta por referencias a la propia exposición, con la mayoría de los objetos, como las chapas publicitarias, elaborados con restos de envases de productos. Pero estos reclamos promocionales apenas tiene un papel anecdótico y, resueltos como souvenirs, se disuelven en el consumismo proteico que han impuesto los medios de comunicación. 

Estos cinco escenarios – please, watch me; read me & write me please, call me; join me now! y fastfood art- representan resistencias frente a la obscenidad de la comunicación, “con todos los secretos, espacios y escenas abolidos en una sola dimensión de información”[8]. En este estado de fascinación y vértigo, Nacho Quesada ha logrado introducir, conociendo la interrelación entre los medios, formas de guerrilla cultural, ironías y escaramuzas visuales que nos protegen de la sobreexposición y nos ayudan a resguardar la intimidad. Y mientras, sólo cabe esperar y alentar la única revuelta posible, aquella que, en un gesto desesperado, rompa todas las pantallas permitiéndonos salir, por fin, a la realidad.



[1] “Eso es el éxtasis de la comunicación. Ya no hay otro en frente, ni tampoco destino final.  El sistema gira así  sin fin y sin finalidad. (…) De ahí el confortable vértigo de esa interacción electrónica e informática, similar al de una droga”.  Jean Baudrillard, Pantalla total en Pantalla total, Editorial Anagrama, Barcelona, 2000, p.206

[2] “Pero en el núcleo extremadamente denso y frío de este anti-final no se encuentra el saber absoluto,  sino sólo el absoluto dominio de los bancos donde se almacena memoria digitalizada que ni siquiera es discernible a través de las acuosas pantallas de los terminales de vídeo”. Jonathan Crary, El eclipse del espectáculo, en  Arte después de la modernidad,  Brian Wallis (ed.), Ediciones Akal, Madrid, 2001, p.286

[3] Paul Virilio  considera que “No se da impunemente la palabra a las paredes, a las pantallas, sin atentar contra el fresco, contra el arte mural y , para concluir contra el conjunto de la estética parietal de la arquitectura y pintura” ,  para añadir más adelante que “Darles así la palabra a las imágenes, a la precipitación fílmica, era arrastrar, sin saberlo, un fenómeno PÁNICO, en el que el audiovisual iba a conducir progresivamente a ese silencio de los corderos”. Paul Virilio, El procedimiento del silencio, Paidós, Buenos Aires, 2001,p. 101s

[4] “A lo largo de los años sesenta la televisión colaboró con el automóvil en el mantenimiento de la maquinaria dominante de la representación capitalista; en la representación virtual de todos los espacios y en la liquidación de cualquier signo unificado que los hubiera ocupado” Jonathan Crary, op. cit., p.289

[5] Jean Baudrillard, op cit., p.207

[6] Jorge Luis Marzo, “Pueden parecer dos obviedades…”, 2008, http://www.banquete.org/banquete08/-blog- (Consulta: 21 de mayo de 2009)

[7] Paul Virilio señala que Internet supone “La desintegración de la comunidad de los presentes en beneficio de los ausentes: ausentes abonados a Internet o  a la multimedia. (…) El hecho de estar más cerca del que está lejos que del que se encuentra a lado es un fenómeno de disolución política de la especie humana”. Paul Virilio, El Cibermundo, la política de lo peor, Cátedra, Madrid, 1997,p. 48

 

[8] Jean Baudrillard, El éxtasis de la comunicación, en La posmodernidad, Hal Foster (ed.), Editorial Kairós, Barcelona, 2006, p.194

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