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Crítica

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Jaime Luis Martín

Lenguaje de papel

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Jaime Luis Martín
Publicado en La Nueva España y http://blogs.lne.es/jaimeluismartin/


Esther Cuesta
De papel y otras tintas
Del 17 de Septiembre al 17 de Octubre
Galería de Arte Gema Llamazares







Las ciudades imaginarias de Esther Cuesta (Avilés, 1964), realizadas con papel de seda encolado o teñido con tinta y pigmentos, no sólo permiten una mirada como producto artístico de excelente calidad, sino que forman parte de nuestra memoria individual y colectiva. En estas urbes habitan las ranas parlanchinas, las brujas con nariz pronunciada y las princesas llorosas. Y aunque en estos paisajes se encuentren ausentes estos deliciosos personajes, las ciudades han sido trazadas mirando a los cuentos de hadas y de ogros donde el mal lucha contra la inocencia, que sale, a diferencia de lo que ocurre en la realidad, siempre victoriosa, permitiendo a los protagonistas ser felices y «comer perdices». 

Esther ya había apostado con anterioridad por estos mundos con énfasis infantiles, mágicos y de enorme atractivo. En el año 2008 presentó en la galería Amaga los primeros balbuceos de esta nueva serie, tras culminar su inmersión en las aguas pictóricas de las muestras «Mil peces», en el centro cultural Antiguo Instituto de Gijón (2005), y «Como pez en el agua», en la galería Octógono (2006). 

Si aquellas exposiciones destacaban por la sutileza de las atmósferas, en estos trabajos se constata una madurez tanto formal como conceptual. Porque indudablemente estas obras, aunque de apariencia tierna, no fueron concebidas para ilustrar un cuento, sino, más bien, para representar, en clave visual, los mundos imaginados por la artista. Estas edificaciones trascienden lo espacial y se relacionan con los relatos que quedan escondidos en los pliegues de la memoria. 

Formalmente, Esther sigue fiel a la técnica del «collage», un procedimiento que ha venido empleando desde el año 2000 y que le ha permitido jugar con el papel consiguiendo «adiciones de color -como señala Ramón Rodríguez en el catálogo- por superposiciones que, posteriormente, serán tratadas con toques de color que generan lavados, flujos o corrimientos dependiendo del estado de humedad de cada capa». La artista parece cómoda en esta zambullida en lo fragmentario y contemporáneo, en los pedazos de papeles rotos y superpuestos con los que consigue esa piel pictórica arrugada y extraordinariamente sugerente. La serie combina las tintas con veladuras y transparencias de las que emerge un paisaje geométrico, trazado bajo el signo de la armonía. 

En estas composiciones hay un equilibrado lirismo que apuesta por un lenguaje figurativo entrecomillado por la abstracción. Las grandes manchas de color se extienden por el cuadro dominando, en algunas ocasiones, el espacio y dejando las ciudades diluidas ante esta demostración de expresividad. Pero son precisamente estos revulsivos cromáticos, que pueden interpretarse como testimonios anímicos, quienes evitan cualquier corrimiento hacia lo decorativo, consiguiendo una gran potencia expresiva. 

Aunque estos trabajos evitan la grandilocuencia temática y optan por poéticas humildes, no están exentos de complejidades técnicas que la artista resuelve con sabiduría. En este sentido, Esther Cuesta ha logrado que convivan la inocencia con las turbulencias cromáticas, la esencialidad con los gestos barrocos, en un interesante acoplamiento de lenguajes y emociones. Y estas articulaciones han alumbrado una obra madura, de gran elocuencia e intensidad.


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