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Ángel Antonio Rodríguez

La épica marina de Luis Vigil

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Ángel Antonio Rodríguez
Publicado en El Comercio

El artista asturiano presenta el próximo viernes en Oviedolos primeros murales de su serie 'Mare Crudele' y los seguirá pintando 'in situ', hasta que finalice la exposición. En la memoria de estas pinturas perviven las romerías de una aldea pesquera, las portadas estrafalarias de la revista italiana 'La Domenica del Corriere' y, quizás, el eco de otra vida anterior, más intensa o amarga, en la Italia de hace medio siglo. Son algunas tesis de partida para la la fantástica creación 'Mare Crudele', que el próximo viernes presenta el ovetense Luis Vigil en la galería Guillermina Caicoya de su ciudad natal. Con la admiración puesta en la herencia de Vázquez Díaz, Sironi o Fausto Pirandello, el artista regresa al circuito de su región y a la pintura con más fuerza que nunca, abrumando a propios y extraños a través de las luces, sombras y sueños de un mural políptico que ya ocupa varios metros.
Las piezas, realizadas 'in situ', han costado varias semanas de trabajos, que el artista pretende continuar hasta el fn de la exposición. Un proyecto 'work in progress' como mandan los tiempos pero nada canónico, envuelto en la febril actividad de un creador siempre renovador.
Elegíaco
Un abigarramiento sobrecogedor, denso y audaz, de tono elegíaco, donde habitan los guiños clásicos, la imaginería de época, el paso del tiempo y el sentido carnal como contenedores de este espectacular reto. Como contenido, la tragedia; la triste historia de una viuda que pierde en el mar a sus tres hijos («tre quore ancora de creature») y lo cuenta, rodeada de un coro que subraya la tragedia. Los valientes murieron por salvar a una rubia extranjera, sirena fatal, mientras tritones y pescados habitan un pequeño infierno cuyo énfasis estético recuerda los reservados de las casas de citas italianas de mediados del siglo XX.
Vigil, una vez más, se compromete 'épicamente' con su proyecto. «El título de la exposición me lo inspiró un canción del cantante Renato Carosone ('La barca torna sola'), muy distinta y genuinamente napolitana», dice. Son composiciones de ritmos post-goyescos, cercanas también a las épocas finales del cubismo y los cabarets tardíos, como un complejo canto al virtuosismo y la singularidad expresiva. «Al pintar pensaba en un pintor ingenuo, de intención sicalíptica. Un pintor que trabajase a finales de los años cuarenta con el corazón puesto en las sirenas de tiempos anteriores».
Las escenas están repletas de guiños sexuales, farsas carnavalescas y mundos perversos cuyas claves, tan íntimas como inescrutables, permanecen en la retina del autor. Son mezclas de fantasía y realidad. «De algún chigre de mi primerísima infancia», subraya Vigil, «me llega también el recuerdo de unos formidables centollos bailarines, románticos, a través de la pátina de mugre». Como un Solana atormentado y posmoderno, el artista proyecta su abundancia de recursos a múltiples miradas, provocando al público con su lenguaje transgresor, siempre alejado de los efectismos facilones. «Los besugos parecen querer contarnos no se qué especie de derrumbamiento interior, no sé qué carrerón en las medias del alma». Su mano recorre los rincones del soporte en un obsesivo montaje, que no cesa, como un ejercicio liberador para sí mismo.
Artista precoz
La impresionante precocidad de Luis Vigil le puso muy pronto en la esfera nacional, a mediados de los años ochenta. Genuina e intransferible, su obra ha sido destacada desde entonces por la crítica en todas las exposiciones realizadas. Gran dibujante y experto en el tratamiento del color, suele dotar a los trabajos de fuertes contenidos oníricos y literarios, recordando algunas lecturas de Kokoschka y la vanguardia rusa de principios de siglo.
Uno de los aspectos más llamativos de su obra es el tratamiento de las pespectivas y la ruptura de toda lógica, que obliga al espectador a esforzarse para penetrar en sus extraños universos. Domina perfectamente los recursos, la línea y la iconografía, y sus originales enfoques sitúan al espectador en una difícil posición frente al caracter nostálgico y la fuerza de su ángulo de visión.
Así, se define como un pintor que huye, ante todo, de mimetismos estilísticos, buscando el dramatismo en las miradas, el lujoso expresionismo de las figuras y sus extraños enredos narrativos. La nueva apuesta de este artista comprometido y comprometedor, que ha sabido nutrirse de sus propias vivencias, investigando y experimentando, dudando y avanzando siempre, sin desdeñar la capacidad evocadora y delirante de la pintura con mayúsculas.

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