AJIMEZ ARTE

Crítica

Ángel Antonio Rodríguez

Un nómada en la oficina


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En el barrio de El Llano, entre obras repartidas por encima y debajo de mesas, estanterías y hasta de la cama, está el cuartel general del hombre que coronó el escudo fascista de La Laboral con tubos de neón; un lugar en el que más que crear, organiza, po




Publicado en El Comercio

Más que un taller de artista el estudio de Avelino Sala (Gijón, 1972) parece una oficina. 
En el fondo, este pequeño espacio sólo es un punto de encuentro para la gestión y organización de proyectos. Su creatividad nómada le mantiene viajando de Asturias a Madrid, de Granada a Nueva York, de Valencia a Estocolmo, de Barcelona a Hong Kong, presentando exposiciones individuales o colaborando en colectivas. El retorno a la ciudad natal es el descanso, el reencuentro con la familia, las salidas nocturnas a Cimadevilla y la puesta a punto. 
Las ideas no fluyen aquí, sino en los asientos del Alsa («porque ya tiene wifi, ¿sabes?»), o en la puerta de embarque de los aeropuertos y los pasillos de las ferias internacionales donde presenta los avances de ‘Sublime’, la revista que fundó hace ocho años y ha servido de catapulta a su carrera. Los bocetos nacen en el ordenador; las fotografías, vídeos e instalaciones, en otros emplazamientos dispares. Pero aquí, en El Llano, aún reposan ejemplos de otras piezas, en los armarios, debajo de la cama o sobre la encimera. 
Las conexiones virtuales son el alma máter de este piso, que también atesora acuarelas y esculturas más o menos recientes. 
En octubre viajará a la Academia de España en Roma, donde residirá hasta junio. 
Cerca de los clásicos, seguramente recordará su vaciado de celo ‘Hombre del siglo XXI’, que hace nueve años fue su tarjeta de presentación, probando suerte en las galerías asturianas tras debutar en la sala Borrón. 
Recién llegado de Brighton, diplomado en Arte Contemporáneo y Práctica Visual, Avelino traía su entusiasmo desbordante. Nos citamos en una cervecería del Paseo de Begoña y le vi dialogante, sonriente, repleto de capacidad y ganas de brillar pronto. Y lo hizo. Conoció a Nuria Fernández, directora de Espacio Líquido, y meses después expuso allí y en las salas de Cajastur su ‘Void proyect series 1998-2000’, con un excelente conjunto de trabajos hechos en Gran Bretaña. 
Aquellas muestras demostraron sus principios, partiendo de recursos conceptuales y aliñados con una férrea autodisciplina. 
No es habitual, en estos tiempos de tramas aceleradas y modas pasajeras, que los jóvenes investiguen ámbitos tan dispares y los aprovechen, manteniendo un saludable equilibrio entre ética y estética. Por eso, y porque le precede una amplia formación (conservación y restauración de arte antiguo y contemporáneo, talleres de grabado, dibujo, pintura, escultura, nuevas tecnologías...), Avelino fue un soplo de aire fresco que se abrió camino con garantías. 
Vivir del arte es otra cosa, y requiere más tiempo. Pero él está contento y lleno de energía. No se detiene en ninguna estación, buscándose la vida con ideas, luchas y contactos. «Creo que aún hay esperanzas de encontrar, entre la naturaleza y la cultura, una subsistencia espiritual – dice– Escenarios con caracteres románticos donde podamos plantear nuevas formas de resistencia». 
Esa vinculación con el concepto de ‘resistencia’ se ha traducido a proyectos interdisciplinares como ‘La espera’ (Espacio Astragal, Gijón, 2004, y sala Carlos III, Universidad de Navarra, 2005) o videocreaciones como ‘Arde lo que será’ y ‘Fuego camina conmigo’, que expuso en varios foros colectivos y en las galerías MCO (Oporto, 2006) y Espacio Líquido (Gijón, 2007). Ahí planteaba esas ‘estéticas de lo inquietante’ centradas en la recreación de espacios degradados, alienaciones e incertidumbres. 
Su último proyecto, titulado ‘Hostile’, se expuso hace un mes en Nueva York, en la galería Virgil de Voldere. Era un ‘site specific’ que profundizaba en la dicotomía entre hospitalidad y hostilidad para reflejar nuestros miedos e inquietudes. Así nacía también su última experiencia asturiana (‘El enemigo está dentro. Disparad sobre nosotros’, Teatro de la Laboral, Gijón, 2008), que acompañó un curso dirigido por Fernando Castro Flórez. «Con una enorme lucidez y una gran potencia poética, Avelino Sala intensifica la reflexión sobre nuestra incapacidad para ‘habitar el mundo’», escribió este importante profesor y crítico de arte, amigo de las investigaciones de Avelino sobre las servidumbres del arte respecto al poder, la naturaleza y la cultura como cunas de la subsistencia espiritual. 
«Avelino Sala en su ‘work in progress’ vincula dos espacios de la multiplicidad, tanto por su labor como productor, como por el planteamiento de una reflexión acerca del vacío encontrado en el seno de nuestra sociedad». Son palabras de José Luis Corazón, otro importante adalid nacional del artista. De hecho, los doctrinarios de la sociedad de masas y el lamentable estado del lugar que habitamos le obsesionan especialmente. 
Viajando, aprendiendo, dudando y contemplando, trata de experimentar en su propia carne las sinrazones del aislamiento humano y la globalización. 
Su joven carrera parte de alegorías e ironías, con soluciones que tratan de ennoblecer los objetos e insisten en subrayar la simulación y la imagen como algo cotidiano. Las obras, ya sean vaciados, dibujos, vídeos o impresiones digitales, denuncian ese banal culto a la imagen y registran la trama acelerada de la sociedad moderna, cuyos efectos ya vibraban en sus primeras tesis estudiantiles. «Vamos perdiendo el contacto directo a costa de innecesarios intermediarios. 
Tendemos a la lejanía como medio de unión». Su intención última es, quizás, comunicar la incomunicación. Por eso entre sus experiencias destacan aquellas que juegan con el propio cuerpo como soporte, con la acción efímera y el afán por resolver enigmas. 
«Como artista joven, y como individuo social, me estoy moviendo en ámbitos de indeterminación. 
Mi interés se centra hoy en el propio individuo, más que en argumentos generalistas. Pero me influye mucho la situación social, las crisis políticas... creo sinceramente que la sociedad se está desmoronando y que el artista no puede dar la espalda a esa triste realidad». 
Su fuerza podrá arribar (o no) a un mañana protagonizado por creatividades sin límites, lejos de modas o tendencias. En cualquier caso, el camino habrá merecido la pena como aprendizaje vital. «Trato de reflejar esa pérdida de valores en mis obras, aunque sea metafóricamente, con imágenes que son escenografías preparadas, espacios que me permiten plantear una mirada variable, entre la dureza y la belleza». En la aparente utopía de sus empeños, sin duda, hoy Avelino Sala es una realidad sincera y contrastada. 
Con taller en El Llano y en el mundo.

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