AJIMEZ ARTE

Crítica

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Agustín Fernández Mallo

Museo (2)

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Publicado en El hombre que salió de la tarta y Salón Kritik


Parece que la pintura y el museo se hallan en una situación comprometida: ¿quién quiere hoy un trasto en su casa de miles de euros? ¿Quién se toma la molestia de ir físicamente a una casa de subastas? De repente, a mucha gente todo eso le parece una antigualla, un rito arcaizante, casi paralelo a la pérdida de fieles por parte de las religiones. Adam Neate, pintor que deja abandonados en las calles de Londres cientos de cuadros para que la gente los coja, sabe que la mayoría de transeúntes que encuentran sus piezas las subastan en eBay, y que los nuevos propietarios no llegan a verlas “matéricamente”, ya que, inmediatamente, vuelven a subastarlas. El acto de Neate, como símbolo, se asemeja a la liberación de miles de especies protegidas que hasta la fecha se hallaban en un zoo. Todos sabemos que los animales a los que se les otorga repentina libertad no suelen sobrevivir en la selva real.
El paralelismo más claro con la inmaterialidad del arte hoy son los flujos económicos. ¿Quién paga un coche, la luz o el gas en metálico? De la misma manera que caminar por la ciudad de Los Ángeles (en vez de ir en coche), te hace sospechoso de algo indeterminado que da mucho miedo, pagar en metálico te pone también en un extraño punto de mira (o eres ama de casa o eres yonki; y por supuesto anticuado). Como el hombre desactualizado de aquel desternillante spot publicitario que decía “chachi”, o aquella Annie Hall de Woody Allen que repetía “es la monda”. Ahora que la economía irreal ha caído, queda la real, la gravitante, la matérica, la que hace cola en las oficinas del paro, ¿supondrá eso, en justa correspondencia, un regreso al aura de las obras de arte, un re-prestigio de la pintura, la escultura, cúpula de Barceló incluida? Es dudoso. La economía cae pero la estructura persiste. Las ruinas contemporáneas poseen esa virtud, son eminentemente platónicas, se derrumban en falso, su esqueleto es como un televisor de muchos canales, sólo hay que apretar el mando cuando algo va mal: nueva programación con misma idea. Hace tiempo que la casa y el árbol pintados en un cuadro han sido sustituidos por las palabras “casa” y “árbol”, pegadas con PhotoShop en el propio cuadro. No importan ni la casa ni el árbol, sino la estructura e ideas que hay detrás de esta casa y ese árbol.

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