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Crítica

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Ángel Antonio Rodríguez

Doce metros de energía

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Publicado en El Comercio


'El Cabañu' de Pablo Armesto ya está 'plantado' en Candás. La próxima semana se presenta en el parque del Centro de Escultura-Museo Antón, donde el artista asturiano muestra una exposición individual que se nutre de instalaciones, esculturas, pinturas y xilografías. Armesto lo da por concluido después de dos años de trabajo tras conseguir la beca que le concedió en 2007 el museo de la villa marinera. La pieza, de madera de pino finlandés, mide 12 metros de altura, de los cuales 10,5 están en superficie y 1,5 bajo tierra, en zapata de hormigón y tratamiento bituminoso. Se completa exteriormente con una iluminación autónoma mediante placas solares y 'leeds', que en las horas nocturnas intensifican notablemente su energía y su carácter habitable, como recreación de una cabaña oculta e inaccesible, hermoso refugio para el sentimiento. Un buen trabajo, que responde nuevamente al interés de Armesto por indagar los diversos horizontes que le fascinan, entre otros, el análisis de la arquitectura como eje de comportamiento humano.
Ya en su primera exposición individual en Gijón, que tituló 'Los umbrales del tiempo' y presentó en la sala 1 del Centro de Cultura Antiguo Instituto en 2001, este inquieto creador multidisciplinar hacía una declaración de intenciones generando una obra 'site-specific' que emulaba puertas, estancias y sonidos, planteando esos juegos que años después se hicieron habituales en su trabajo.
Desde su etapa formativa en la Escuela de Arte de Oviedo, Pablo Armesto mantiene esas constantes bajo un espíritu que no renuncia a cualquier disciplina capaz de integrar calidad y diálogos. Sus proyectos de arte público son un buen ejemplo, provocando reflexiones en los ciudadanos y descontextualizando el espacio urbano con propuestas abiertas y alejadas de populismos. En 2002, su intervención 'La Calzada Descalza' diseñaba un itinerario que atravesaba el montículo de la Rotonda de Jove con los viejos zapatos aportados por los ciudadanos del barrio, simbólica y críticamente. Ahora en Candás anima a mirar el entorno de otra manera, reclamando soluciones a la arquitectura del paisaje, con referencias al nomadismo primitivo y el 'land-art'.
También en su 'Punto de encuentro', que ganó el Premio Astragal (2004), Armesto partía de de direcciones alternativas que equilibraban el riesgo discursivo y la poética. Esa armonía se implementó con la fibra óptica tras recibir en 2005 la beca AlNorte de EL COMERCIO, que expuso en la galería Espacio Líquido. La luz alimentaba sutilmente el espacio para hablarnos de los ciclos del tiempo y trasladarnos a nuevas dimensiones, en los límites del arte óptico y el posminimalismo. Se dibujaba el aire y se ponían los cimientos conceptuales de futuras intervenciones, como 'One way' (Palacio Revillagigedo, 2008) o la titulada 'Secuencias 24' que formó parte hace cuatro meses de la colectiva 'Banquete_nodos y redes' que Laboral Centro de Arte presentó en Gijón y en el ZKM de Karlsruhe (Alemania). Con todo, el artista ha dado pasos firmes en su interés por las convergencias entre biología, historia y tecnología, tradición y contemporaneidad, memoria y lugar. El itinerario, el camino como metáfora de vida, es la idea central de otras experimentaciones donde subyacen argumentos filosóficos y simbólicos.
La exposición del Museo Antón exhibe piezas sobrias que patentan formal y conceptualmente la evocación, la energía o los ritmos procesuales, bajo una inteligente fusión de oficio tradicional y pasión por la tecnología.
Sabido es que las tendencias sociales, comerciales y políticas de muchas formas expresivas se incentivaron en el arte postconceptual, tras los años sesenta, y que de alguna manera continúan en auge. Hoy, los espacios del arte se relacionan con la globalización, con ese nuevo lugar de encuentro (o quizás, 'no-lugar') donde la ciudad es parte activa del arte, como elementos de una inmensa retícula que rebosa experiencias. En esa situación, las nuevas tecnologías son también elementos constructivistas, articulando y sumando esfuerzos.
Por eso, la identidad cultural es la búsqueda que mejor reivindica Armesto en 'El Cabañu' del parque y también en el 'Cebatu' de menores dimensiones, que ocupa una de las salas del museo. Dos metáforas del lugar realizadas con materiales cercanos. Hogares y homenajes que se enriquecen con juegos cromáticos generados, una vez más, mediante luces controladas digitalmente. Además, tres esculturas de hierro que intensifican esas relaciones y dos pares de pinturas y xilografías, en blanco y negro. Pablo Armesto ha aprovechado muy bien el silencio del lugar, para ofrecer nuevos retos, penetrar los rincones del subconsciente y hacernos pensar, sin aspavientos.

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