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Crítica

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Jaime Luis Martín

Cuestionar el árbol

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Publicado en La Nueva España


Sobre cómo plantar un árbol del revés y preguntarse si sigue siendo un árbol
Iraida Lombardía
Fotografía y video
Del 5 al 28 de Junio
Casa Municipal de Cultura de Avilés


El enunciado “Sobre cómo plantar un árbol del revés y preguntarse  si sigue siendo un árbol”, título de esta muestra, puede parecer una soberana tontería, y, sin embargo, plantea, como un ejercicio de reflexión y metáfora visual, algunos temas relacionados con la lingüística, la ciencia, la sociología, la filosofía y el arte que han estado presentes en los debates de los últimos años. En este sentido, el emblemática texto “Rizoma” de Gilles Deleuze y Félix Guattari, que inspira esta exposición, sentó las bases de un pensamiento que cuestionaba el modelo de conocimiento arborescente, proponiendo su sustitución por un sistema rizómatico, sin jerarquías ni centros y fácilmente modificable. La organización de los elementos ya no sigue la subordinación jerárquica tradicional, con un tronco del que parten múltiples ramas sino que cualquier elemento se puede conectar e interrelacionar con otro. Pensemos como rizomas en los bulbos y los tubérculos. Estos rizomas establecen principios de conexión, heterogeneidad, ruptura y multiplicidad, frente a la imagen arbórea más estática y enraizada, rígida y única, más controlable. Muy, al contrario, cualquier sistema rizomático se traduce en una mayor resistencia y roce con la estructuras de poder. Pero, el rizoma es, también, deseo, línea, mapa, la posibilidad de expandirse, de conectarse y por eso resulta tan importante relacionar las raíces o los árboles con un rizoma.

Y esto, precisamente, lo ha hecho Iraida Lombardía (Pola de Laviana, 1977) con la acción que ahora expone en la Casa Municipal de Cultura de Avilés. La artista interviene sobre un árbol condenado a desaparecer como consecuencia de los desmontes que, en el año 2007, se realizaron, en las proximidades de Somao, para la construcción de la autopista del Cantábrico. Una secuencia fotográfica y un vídeo muestran los trabajos de trasplante, en una operación realizada con diferente maquinaria, y que, finalmente, sitúa el árbol en posición invertida, acomodando las ramas en la tierra y dejando que las raíces alcancen una posición aérea. El árbol así dispuesto deja de ser un árbol y genera una dimensión escultórica, una huella rizomática, mostrando lo oculto y ocultando lo visible. Pero este garabateo disonante en medio del paisaje deviene, también, enigma, misterio, un absurdo que cuestiona la lógica y activa otros modos de componer y comprender la realidad.
Esta artista que ha realizado diversos masters sobre imagen y tecnología digital tiene las ideas claras y sabe muy bien cómo mantener la tensión visual sin descuidar el concepto. Y, si en su anterior trabajo, presentado en el Centro de Arte Joven de la Comunidad de Madrid (2009), exploró las trampas de la imagen con un conjunto de fotografías de paisajes idílicos expuestas con un molesto ruido, grabado en el lugar donde se tomaron y sólo perceptible al acercase, evidenciando el engaño, en esta ocasión ha conseguido elaborar un discurso visual en torno a la necesidad de establecer conexiones y desbloquear deseos, consciente de que el árbol, como imagen del mundo, resulta insostenible cuando ya no hay principio ni fin, sólo un punto intermedio, donde habitamos, dominado por la velocidad y el caos.

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