AJIMEZ ARTE

Crítica

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Jaime Luis Martín

Geometría y naturaleza

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Publicado en La Nueva España



Diego Canogar
Esculturas
Del 21 de Mayo al 15 de Junio
Galería Amaga

Un punto culminante para la escultura, según señala Martha Buskirk, tuvo lugar en 1961 cuando Piero Manzoni «creó un cubo de hierro y bronce de 82x100x100 con la inscripción invertida Socle Du Monde (Pedestal del mundo) y, por medio de este sencillo acto, declaró a todo el Planeta tierra su obra». Estas revueltas trajeron como consecuencia que, hoy en día, resulte prácticamente imposible definir la escultura. La visión clásica -un objeto tridimensional elevado sobre un pedestal- ha sido abatida desde mediados del siglo XX, para dejar paso a un concepto ambiguo que abarca la instalación, la acumulación, el empleo casi ilimitado de materiales y técnicas, que favorecen la adopción de gestos conceptuales, enfoques pop y poéticas personales. Un pluralismo que cuestiona el significado de lo escultórico y tiene en cuenta, sobre cualquier otro aspecto, la experiencia del espacio. 

Por estos derroteros espaciales se encamina el trabajo de Diego Canogar (Madrid, 1966), licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, que obtuvo, en 1990, una Beca Erasmus para trasladarse al Leeds Polytechnic, Inglaterra y recibió, en el año 2000, el Premio Leonardo Martínez Bueno para jóvenes escultores y el Premio-Adquisición en Generación 2000 de Caja Madrid. En el año 2009 su obra «Gran tetramorfo» resultó ganadora de la I Bienal de Obra Pública, siendo instalada en el Parque del Sotillo de Nueva Cerrada. Ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas destacando, últimamente, las llevadas a cabo en la galería Rayuela en Madrid (2007) y en el Centro Cultural Tomás y Valiente en Fuenlabrada (2008). 

En sus trabajos, sirviéndose de materiales tradicionales vinculados a la industria consigue desplegar una narrativa del vacío como un elemento esencial, pero, también, con lo orgánico y lo geométrico como susurro temático y sustento teórico de toda su obra. En este sentido sus series de «enroscadas», «aros», «curvas», «tetramorfos», «olas», «losas» y «ensamblados», profundizan en los tres aspectos apuntados y le permiten trazar un relato personal, una apuesta por la investigación. Estas estructuras pueden recordar, en algunos casos, caparazones o esqueletos pero tienden, la mayoría de las veces, a una abstracción con anotaciones geométricas y apuntes de movimiento, ritmos logrados mediante el corte y la torsión de la materia. Sin olvidar los paisajes metálicos con la línea de hierro dibujando en el aire. Por otra parte los grabados que presenta continúan en paralelo su obra escultórica, estableciendo un diálogo entre ambos lenguajes, pero conservando una identidad propia, con plena autonomía, caracterizada por la sencillez de las líneas que se interrumpen y quiebran, estableciendo juegos geométricos con vocación figurativa, de gran sensibilidad. 

Sus piezas recogen la tradición de las vanguardias pero con una orientación que asume todos los desplazamientos y las diversas voces que poblaron la historia en el siglo XX. Resueltas con sencillez y elegancia, relacionando geometría y naturaleza, mantienen una preocupación por la forma que se traduce en la pureza de las líneas. Todo un trabajo de investigación en torno al acto escultórico. 


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