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Ángel Antonio Rodríguez

Energía y vitalidad de Fega

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El artista presenta en la galería Cornión la exposición 'Grafías del olvido', que incorpora nuevas experiencias


Publicado en El Comercio

Ayer volvió Luis Fega a la galería gijonesa Cornión, con 17 cuadros en medio y gran formato que llamarán la atención de propios y extraños. Son sus 'Grafías del olvido', reciente ejemplo de este febril artista asturiano residente en Madrid que cada día está más convencido de que la pintura existirá mientras sigamos existiendo los seres humanos.
La exposición sorprende no tanto por sus huellas habituales, que se mantienen intactas en todas y cada una de sus enérgicas manifestaciones plásticas, con dinámicas antinomias entre línea y color y permanentes diálogos entre geometría y gesto, contención y desbordamiento, curvas y rectas. La exposición sorprende, sobre todo, por la abundancia de planos y gamas cromáticas que, lejos de la sobriedad habitual, apuestan aquí por la generación de nuevas perspectivas ilusorias y de intensas hibridaciones formales. Pero, a pesar de ese aparente abigarramiento, Fega logra mantener ese mano a mano entre la intuición y la razón que caracteriza su trabajo desde hace tres décadas.
Vitalidad
También permanece intacta la vitalidad feroz del pintor de Vegadeo, expresionista puro y duro en forma y fondo. Creador inquieto e inconformista, y reflexivo, que analiza obsesivamente cada uno de sus movimientos de apariencia gestual, al tiempo que fija en la memoria sus orígenes, con el río Eo en la retina y la esencia del paisaje, que subyace pero no se representa en evidencias realistas.
El dibujo gana enteros en esta exposición, desvelándose en formas orgánicas y recursos que, tras la estética del 'collage', anuncian un Fega todavía desconocido en Asturias. El mismo que, tras su anterior exposición gijonesa, presentó en Madrid (Círculo de Bellas Artes, 2007) una excelente muestra de composiciones tridimensionales, objetos que fundían lo pictórico y lo escultórico, en un terreno fronterizo.
No ha traído aquí esos objetos, pero sí aporta un acercamiento doblemente emotivo, con juegos entre el azar y el análisis que pueblan cada cuadro coordinando esas prácticas anárquicas y buscan mayor profundidad. Con todo, Fega desestructura y recompone las piezas mediante códigos de apariencia propios que alteran cualquier orden preestablecido y se replantean, una y otra vez, la emoción como meta.

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