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Crítica

Pilar Rubiera

Más mantequilla, por favor

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Publicado en La Nueva España

Hace unas semanas viajé a Cork, principal ciudad del sur de Irlanda, de gran tradición universitaria y cultural. Hay una visita que recomiendan todos sus vecinos, el Museo de la Mantequilla. En los doce minutos que dura el vídeo de presentación y en el recorrido por el pequeño y moderno edificio, la información que recibe el visitante es suficiente para apreciar el papel de la mantequilla en la historia y la cultura irlandesas. Había un grupo de ingleses, otro bastante numeroso de italianos, una pareja francesa y tres españolas. Los alemanes lideran el ranking de visitantes si exceptuamos el Reino Unido y la propia Irlanda; también Hungría, República Checa y Polonia son países cuyos ciudadanos se acercan a conocerlo. La visita está estrechamente ligada al turismo cultural que recibe la ciudad. 

Un museo de estas características no tendría nada que hacer en Asturias. El Libro Blanco de las Industrias Culturales del Principado de Asturias, presentado hace unas semanas con gran pomposidad por el presidente Álvarez Areces, ni siquiera cita al Museo del Pueblo de Asturias, en Gijón, cabecera de todos los etnográficos de la región. Y eso que el museo gijonés reúne una colección en la que el Museo de la Mantequilla de Cork sería una de sus secciones. 

El Libro Blanco se define a sí mismo como «una radiografía precisa de las distintas actividades que conforman la cultura como sector económico». Y analiza el valor de la cultura utilizando un instrumento metodológico denominado Pirámide de Valor Añadido Cultural (PVAC), en cuya base se sitúan las producciones semiprofesionales de carácter sociocultural y, en el vértice, aquellas de referencia en entornos internacionales. En el medio, las locales, supralocales y las que tienen capacidad para desenvolverse en el mercado global. 

La primera conclusión que se obtiene tras su lectura detenida es que ninguna de las singularidades culturales asturianas tiene valor añadido. La segunda, que sólo los proyectos culturales impulsados y avalados por los gobiernos de Álvarez Areces pueden llegar a darnos la tan buscada proyección internacional. El asturiano, por ejemplo, no existe en el Libro Blanco, y ello pese a que están demostradas las posibilidades económicas de la lengua propia. No hace mucho que Galicia y Cataluña llegaron a hablar de la posibilidad de pedir dinero al Estado en la negociación de la nueva financiación autonómica por tener lenguas autóctonas. Ni una mención. 

El Museo de Bellas Artes de Asturias, que tiene una de las mejores colecciones de arte de España y acaba de inaugurar una pequeña pero simbólica exposición en torno a Goya, fruto del préstamo de un cuadro por parte de la National Gallery of Art de Washington, se cita de pasada en el sector «Artes Visuales». Le acompañan otros museos, los de Jovellanos, Evaristo Valle, Juan Barjola, Nicanor Piñole y Centro de Escultura de Candás, merecedores todos de algo más de atención explicativa. Si embargo, en ese mismo apartado, Laboral Centro de Arte y Creación Industrial -un proyecto arriesgado al que todavía hay que darle tiempo- merece una amplia presentación. La Escuela de Arte de Oviedo, de gran tradición en la historia del arte regional y hoy germen del mejor diseño gráfico español, se despacha enumerando los estudios que imparte. Mayor protagonismo recibe la Escuela Superior del Arte del Principado de Asturias de Avilés, creada en 2002. 

En la música clásica, el Libro Blanco pasa de puntillas por la realidad ovetense. «Podemos hablar de una dinámica actividad musical en Asturias, promovida y apoyada por la Administración Autonómica de la que depende en muchos casos», se dice. La pregunta podría ser: ¿Cuánto dinero aporta el Principado a la programación musical en general y a la de Oviedo en particular si exceptuamos el presupuesto de la OSPA? El informe cita dos escenarios de exhibición de clásica reconocidos a nivel nacional: el Auditorio Príncipe Felipe y el Teatro Jovellanos, que, según afirma, ocupan «la vigésima y vigésima tercera posición, respectivamente, en el ranking de auditorios españoles más importantes en cuanto a recaudación». ¿A qué año se refiere? Los últimos datos de la Sociedad General de Autores decían que los cuatro conciertos de mayor recaudación en 2008 en música clásica habían sido en el Auditorio de Oviedo. ¿No existe el Campoamor en la lírica? ¿Y el Festival de Zarzuela y el de Ópera? ¿No son ambos de proyección nacional e internacional? ¿Y la gala de los Premios Líricos, que pronto celebrará su cuarta edición? ¿Y las Jornadas de Piano y los Conciertos del Auditorio? ¿El hecho de que El Corte Inglés haya vendido 300 entradas para el concierto de Lorin Maazel del próximo día 16 de mayo indica que hay valor añadido? 

Por el informe también hemos conocido que Asturias tiene 10 orquestas «repartidas por todo el territorio», pero sólo la Sinfónica del Principado de Asturias se cita. ¿Y Oviedo Filarmonía? 

En las artes escénicas, «la plataforma de mayor repercusión en la actualidad» es Laboral Escena o teatro de La laboral. Se citan, por este orden, los teatros Jovellanos, Campoamor, Palacio Valdés y Filarmónica como escenarios en los que se representa teatro y danza. ¿Danza en el Filarmónica? Una vez más, se echa de menos una referencia explicativa a la programación de cada uno de ellos. Avilés tiene escaso protagonismo en el Libro Blanco pese a tener una interesante, atractiva y muy trabajada programación cultural. 

El sector audiovisual renació, siempre según el Libro Blanco, cuando Álvarez Areces puso en marcha el Ente Público de Comunicación del Principado de Asturias, que incluye la TPA (su audiencia oscila entre el 6 y el 8 por ciento) y la Radio del Principado de Asturias; las empresas del sector recibirán el impulso definitivo con la Film Commision, recientemente creada. 

En definitiva, un Libro Blanco elaborado por las empresas Bissap e Instituto CIES que, bien por ignorancia de lo que analizan o por el deseo de agradar a quienes les hicieron el encargo, quita importancia a lo más notorio, lo que realmente nos hace universales por únicos, para enaltecer algunas de las cosas menos significativas, todo para mayor gloria de una política cada día más megalómana. En castellano, la satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de las de los demás tiene un nombre. Como escribió Shakespeare: «¡Para terminar la comedia, saludadnos con benevolencia!»

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